lunes, diciembre 20, 2010

Entrevista con Alan Parsons

Hoy cumple 62 años y consideré pertinente compartir la entrevista que le realicé en agosto pasado...

El último hombre que vio a The Beatles

El 30 de enero de 1969, Alan Parsons tenía 21 años y trabajaba como ingeniero de sonido en los estudios Abbey Road. Aquella tarde, a la hora de la comida, realizaría la asistencia técnica en un concierto de rock organizado casi al vapor.
La situación le resultaba emocionante por tres razones: la actuación de la banda se realizaría en la azotea de los estudios Apple Corps., ubicados en el número 3 de Savile Row, Londres. En segundo lugar, se trataba de la despedida oficial de un cuarteto y, lo más importante, aquella agrupación para la cual Alan trabajaría era The Beatles.
Anteriormente, Parsons había servido al grupo como ingeniero de sonido durante la creación de dos de sus álbumes más representativos: Abbey Road, de 1969, y Let it be, que pese a haberse grabado antes que Abbey Road, se lanzó a la venta hasta el 8 de mayo de 1970.
En los tiros de cámara del video que dejó célebre concierto –que la policía interrumpió a consecuencia de las quejas de los vecinos por el ruido ocasionado– puede verse a Parsons, bastante joven, encargándose de las consolas mientras The Beatles interpreta Get back.
“Lo recuerdo como en un sueño”, manifiesta Alan Parsons en conversación telefónica desde su residencia en California. “Soy una de las pocas personas vivas que vieron a los cuatro Beatles cuando todavía eran una banda”.
Eso, dentro del rock and roll, equivale a haber atestiguado el Origen del Universo.
Pero el concierto en la azotea de Apple Corps. no es la única postal de la cual puede presumir. Parsons fue también Jefe Técnico cuando Pink Floyd grabó The dark side of the moon en Abbey Road, el disco que fue poderosamente influido por el deterioro mental de Syd Barret después de que abandonó a la banda. Muchas leyendas rodean la grabación del álbum, como el hecho de que Roger Watters interrumpía continuamente las sesiones de trabajo para asistir a los partidos del Arsenal F.C., y sintonizar las transmisiones de Monty Python's Flying Circus, su programa favorito de televisión.
Si bien con The Beatles Parsons comenzó a experimentar con las posibilidades que brindaba la tecnología aplicada a la producción musical, su trabajo con Pink Floyd lo obligó a echar mano de toda creatividad e ir más allá de sus propios límites.
Un ejemplo de ello fue el sonido cuadrafónico –aquel que posee cuatro canales discretos de audio– con el que se produjo The dark side of the moon. Apoyado en este sistema, el británico se metió a una antigua tienda de relojes para registrar los sonidos de varios de ellos. El resultado, toda una innovación para los años 70, son los ruidos que se escuchan al principio del tema Time. Efectos, sintetizadores y loops creados de manera similar se aprecian en canciones como Money, Brain damage y On the run. La introducción de Breath se logró después de grabar al revés un acorde de piano y un bombo alterado que simulaba el ritmo cardiaco humano se utilizó en Eclipse.
“La tecnología ha cambiado muchísimo la forma en que podemos grabar música. Las computadoras nos han puesto las cosas más fáciles y optimizan los tiempos, pero en el fondo sigue tratándose de sensibilidad, porque básicamente seguimos trabajando con consolas y micrófonos”, sostiene el experimentado ingeniero.

Adiós a los discos conceptuales
Alan Parsons se toma un respiro antes de responder a la siguiente pregunta. Sabe que aunque el pretexto para entrevistarlo es la salida al mercado de Eye 2 Eye - Live In Madrid, el disco y DVD que registra su presentación acontecida el 14 de mayo de 2004 en una plaza española rodeada de históricos edificios.
The Alan Parsons Project, la sociedad artística que el músico formó junto a su ex compañero de trabajo en Abey Road, Eric Woolfson, en la que daban la oportunidad a que distintos vocalistas de interpretar la música que ellos creaban, existió entre 1975 y 1987 y editó once exitosos álbumes conceptuales hasta su disolución.
Posteriormente, Parsons se presentó en vivo como The Alan Parsons Live Project, ya sin Woolfson, que trabajó por su cuenta hasta que falleció el 2 de diciembre de 2009.
“No me molesta responder a preguntas sobre The Beatles, pero a veces resulta un poco frustrante porque parece a que a la gente no le interesa lo que hice a lo largo de 30 años”, expresa.
Su vasta obra comprende principalmente la grabación de discos conceptuales, majestuosos universos concebidos a partir de un hilo conductor temático parecidos una película o un musical de Broadway. Tal fue el caso de Tales of mystery and imagination, inspirado en la obra de Edgar Allan Poe, Gaudi, que cuenta la historia del célebre arquitecto español, y I Robot, que se basa en el libro del mismo nombre autoría de Isaac Asimov, uno de los genios de la ciencia ficción. El álbum, como el libro, explora la relación entre las máquinas y los seres humanos.
Al respecto, Parsons  asevera, categórico, llegó el fin de los discos conceptuales: “Hace tiempo que murieron, ya nadie los hace”, indica.
Paradójicamente, así como la tecnología ha servido para facilitar la grabación de música, al mismo tiempo la ha convertido en un producto que se desecha con mayor rapidez.
“Esto se debe principalmente al desarrollo de los archivos digitales de intercambio musical, los MP3. Si bien facilitan la promoción de la música, porque la gente puede acceder a ella con más facilidad, también vino a darle al traste a algunos elementos artísticos. Los álbumes conceptuales no existen más porque la gente ya no se interesa en escuchar discos, sólo quiere bajar canciones aisladas y en consecuencia, los músicos están creando canciones y no discos”.
En ese sentido, está de acuerdo con que la desaparición de los discos, esos objetos de culto a los cuales debe su fama, tarde o temprano llegará.
“Esta sucediendo, sin duda. Los MP3, que tiene una calidad de audio deficiente pero a los que se puede acceder fácilmente, son el futuro. Los discos se quedarán como un objeto de coleccionistas, para quienes aman la música más allá del escucha común. Los artistas tenemos que estar atentos a ello, porque Internet va mucho más veloz de lo que pensamos. Nadie puede detener las descargas, tanto legales como ilegales. Muchos discos son colados a la red y la gente los tiene en su iPod antes de que lleguen a las tiendas”, afirma.
Parsons tampoco se quiere rezagar al respecto, por eso en su sitio de Internet se pueda descargar –pagados– sus álbumes On air y The time machine. ¿Existe la posibilidad de que lo mismo suceda con The sicilian defense, el disco instrumental que por desacuerdos con su discográfica, Parsons y Woolfson nunca pudieron lanzar al mercado y se quedo enlatado? La interrogante viaja kilómetros por segundo a través del auricular y nos devuelve la siguiente respuesta: “No lo creo, aunque tal vez haya por ahí alguien que ya lo tenga”.

Las chicas quieren algo más que divertirse
En la actualidad, Parsons radica en California junto a su esposa Lisa, sus dos hijas, Tabitha y Brittni (a quienes pudimos escuchar hablar detrás de él, durante la charla), y toda una comitiva de animales entre los que destacan tres gatos, cuatro cobayas, un conejo, un labrador y un caballo.
Durante la entrevista nos cuenta que ha visitado muchas veces México, sobre todo sus playas. Independientemente de haber invitado al Colectivo Nortec a colaborar en su álbum A valid path, el británico confiesa ser un fanático del chile y el tequila.
“Nortec son personas muy amigables y en México, en general, son gente muy hospitalaria”, dice. “A valid path (donde también participó Crystal Method) fue el disco donde más acerqué a la música electrónica y no sé si lo haría de nuevo. Es un tipo de música interesante, porque te permite mezclar muchos elementos, pero por lo mismo es compleja”.
A sus 62 años, parece tener una vida bastante apacible, diametralmente a lo que fueron las de algunos de los músicos que produjo, como Pink Floyd y The Beatles, que es bien conocido vivieron a tope el sexo, drogas y rock and roll.
“Todo aquello de los excesos se quedó en un mero eslogan, el rock ya no es tan salvaje como antes. No utilizo drogas, pero conocí gente que sí las probó. Creo que yo preferí concentrarme en hacer música”, sostiene.
Ahora mismo se encuentra promoviendo un disco en vivo, Eye 2 Eye - Live In Madrid porque, está convencido, el concierto es el último acto genuino de rock.
“El concierto es una experiencia que no se puede clonar, copiar o bajar de Internet”, asegura.
Respecto a esa transformación que ha sufrido la música, prosigue, es imposible no hablar del reconocimiento que las chicas han tenido en ese terreno. Al principio, se les veía como groupies, pero con el paso del tiempo se han ganado su lugar como creadoras.
Parsons grabó, en 1979, un disco llamado Eve, en el que exploraba el efecto de las mujeres en los hombres.
“Las respeto muchísimo, las mujeres son parte primordial del rock and roll”, expresa quien trabajara con los grandes monstruos musicales masculinos, “poseen una sensibilidad especial que los hombres no”.
Y sí, después tuvimos que colgar porque su mujer lo llamó a cenar. 

Revista Deep Agosto 2010 



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