Les comparto mi columna TOKADA Y FUGA, publicada en la revista GÓTICA 46, con Vampiros en la portada. Actualmente a la venta.
El arte de perder el tiempo
Voy llegando a México. Estuve en la playa. Por razones diversas, suelo visitar el mar varias veces al año. Siempre me pasa lo mismo. Me tumbo en la arena, me quedo quieto y me limito a hacer absolutamente nada. Mientras escucho el rumor del agua salada lamiendo la costa, me formulo la misma pregunta.
¿Cada cuándo nos damos el lujo de no hacer nada? La vida moderna no nos lo permite. Está mal visto por los demás.
Siempre estamos corriendo, inmersos en una carrera infinita, sin meta ni punto de partida. Vamos por la vida, a toda prisa igual que el conejo blanco de Alicia, sin saber adónde queremos llegar. “Tengo que estudiar”, “Tengo que ir a trabajar”, “tengo que ir a ver a mi novia” o “Tengo que ir al gimnasio”. Las tareas de la vida cotidiana son vistas como obligaciones impostergables. Pero en ningún momento nadie dice “tengo que observar el amanecer”, “se me hace tarde para contemplar cómo una gata amamanta a sus crías” o “debo apresurarme o me perderé el deshojar de los dientes de león”.
Aquel que no se encuentra ocupado está perdiendo el tiempo, eso se nos enseña desde niños. En la oficina donde trabajo, muchos optan por comer en sus lugares. Piden por teléfono una torta insípida, que mordisquean sin retirar las manos del teclado de su computadora mientras mantienen la vista en el monitor. También existe gente que desayuna a toda carrera en el metro, el microbús o mientras caminan por la calle.
La mayoría de la gente que conozco duerme muy poco y nunca tiene tiempo para hacer el amor, jugar con sus hijos o sencillamente, respirar profundamente. Comer y dormir son pérdidas de tiempo. Vivimos para trabajar en vez de trabajar para vivir. Hay quienes pierden la noción de los días, desconocen si es miércoles o jueves, si terminó septiembre o comenzó la primavera, aunque cada una de esas horas vividas no volverá jamás.
Hace tiempo, cuando murió mi mamá, decidí que no le regalaría mi tiempo a nadie. Cada vez que voy a la playa me tumbo en la arena y me dedico a escuchar los latidos de mi propio corazón. Observo a los cangrejos que, como yo, dejan pasar el tiempo agazapados dentro de sus conchas. También disfruto la sensación del aire caliente llenando mis pulmones. Y cuando doy un beso en los labios, pongo en ello todo mi empeño, como si no existiera otra cosa en el universo que la boca que tengo enfrente.
Me he vuelto un experto en el arte de perder el tiempo.
Comentarios: tokadayfuga@hotmail.com
NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

3 demonios han vertido su furia:
Hola linda te sigo :) Me gusta lo que escribiste.. amaria poder tener una playa cerca mio seria mi cumbre de descargas.
Suerte -
Muchas gracias por tu comentario, pero soy "lindo" no "linda" jejeje
;)
Mi estimado Arthur, es un verdadero gusto leerte.
No eres un maestro de perder el tiempo, eso, justamente es aprovecharlo en lo que verdad importa.
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