jueves, octubre 29, 2009

Medio boleto al paraíso


C'mmon feel the noize

La primera y única vez en mi vida que vi a Quiet Riot en vivo fue en 2004, durante el primer Monterrey Metal Fest, que se celebró en el Parque Fundidora. Iván, un compañero fotógrafo de la revista donde trabajaba, y yo nos lanzamos, no a cubrir la nota, sino por placer. Hacía un frío de los mil diablos, según recuerdo estábamos como a 4 grados centígrados por lo que en vez de cerveza, buscábamos como desesperados un café, un té o algo que nos hiciera entrar en calor. El festival comenzó cerca de las dos de la tarde y a las cinco aquello ya era insufrible. Además, no paraba de llover. Al final, como buenos guerreros, resistimos de pie y admiramos las actuaciones de Shaaman, Hatebreed, Dio, Quiet Riot y Twisted Sister, entre otras bandas.

Al día siguiente, cuando regresábamos al DF, no me acuerdo exactamente porqué pero llegamos tarde al Aeropuerto, apenas con el tiempo medido para alcanzar a subirnos al avión.

Casi estábamos a punto de hacerlo cuando volteé hacia mi derecha y alcancé a ver a la distancia, como a 50 metros, a un tipo altísimo, casi de dos metros, que se estaba tomando fotografías con otros sujetos mucho más bajos, que lo abrazaban efusivamente.

Se trataba, en efecto, de Kevin DuBrow, a quien Iván y yo (y otros cientos de colegas) ayudamos a entonar la letra de Cum On Feel The Noize una noche antes, casi a punto de sufrir una hipotermia.

No necesitamos decir más. Iván y yo no lo pensamos dos veces. Sin decirnos una palabra, olvidamos el vuelo y nos lanzamos a correr. En segundos estábamos junto al vocalista de Quiet Riot, a quien le pedimos tomarnos una fotografía a su lado. Recuerdo que yo, que mido más o menos un metro con 63 centímetros, apenas le llegaba a arriba de la cintura. Tenía unas manos enormes. En la fotografía se aprecia que con una sola de ellas sostenía un frasco de nueces de la india que había comprado en el Aeropuerto, como si se tratara de una pequeña lata de refresco. Era un tipo muy amable y con una personalidad desbordante.

Iván y yo corrimos de nueva cuenta al avión, con al lengua de fuera pero encendidos por la excitación. Ya nos habían voceado: “última llamada a los pasajeros…”.

Lo malo fue cuando la sobrecargo quiso quedarse con la mitad del boleto de mi amigo, como mandan las reglas. En la mitad que debía entregar a la aerolínea, Kevin había puesto su autógrafo. Iván se quería morir y estaba dispuesto a no abordar la aeronave y regresarse en camión, con tal de conservar su firma. Por fortuna, la sobrecargo pareció comprender la situación y lo dejó pasar.

Tres años después, el 25 de noviembre de 2007, DuBrow fue hallado muerto en su residencia de Las Vegas. Fue una sobredosis de coca, dijo la policía.


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lunes, octubre 26, 2009

Brujo, mi marchante


Otra Rockola Surrealista de Nocturna


El Tianguis Cultural del Chopo continúa siendo, para quienes religiosamente acudimos cada semana (“No creo en Dios, pero creo en Elvis”, les digo siempre a quienes me preguntan porqué soy ateo), una caja de sorpresas: nunca sabes qué rayos te vas a encontrar.

En una década que llevo visitando el santuario de Sol y Luna, en la Guerrero, lo mismo han desfilado por mis manos discos compactos, parches para chamarra, libros, películas y botas que difícilmente pudiera haber encontrado en otro lugar. Los asistentes decanos –así como los propietarios de puestos– han contemplado el apogeo y el declive de varios imperios urbanos: los darquis, los metaleros, los skatos y los rastafaris se han puesto de moda y, después, han pasado a formar parte del paisaje, sin destacar. Hoy vivimos la moda del emo, mañana quién sabe.

Hace un par de semanas estaba por ahí, caminando con la vista clavada en el piso cuando me detuve en un puesto a preguntar por el nuevo disco de Moonspell.

Una chava se colocó a mi lado y le preguntó al que atendía:

-¿Tienes algo de Cradle of Filth?

Alcé la vista por puro reflejo y contemplé al que parecía ser el dueño del puesto: era alto, bastante gordo y tenía el rostro cubierto por una bandera mexicana.

Sí, era Juan Brujo, el líder de una banda metalera mexico-estadounidense, Brujería, supuestamente narcosatánica, que cuando estaba yo en la prepa era la sensación por el misterio que rodeaba a sus integrantes encapuchados, porque no concedían entrevistas, porque se decía que realmente eran capaz de asesinar personas y pactar con el demonio… porque corría la leyenda que eran integrantes de grupos como Carcass y Faith No More, pero encubiertos.

Ya como reportero, en dos ocasiones tuve la oportunidad de charlar con Brujo y descubrir que es un tipazo, incapaz de matar a una mosca. También fue cierto lo de os músicos famosos enmascarados. Son tipos normales.

Incluso, una amiga mía fue novia de Brujo.

Y Brujo estaba ahí, invitado por el dueño del puesto a pasar un sábado por la mañana en el Chopo.

La chica que preguntó por el disco de Cradle of Filth nunca se enteró quién era el sujeto que le extendió el material, le cobró y le dio su cambio. Ella solamente le dio las gracias y se fue.

Muchos otros sí, que se alborotaron y empezaron a hacer fila, celular en mano, para tomarse fotos con Juan Brujo.

Por eso conviene visitar de vez en cuando el Chopo, ¡tiene tantas historias que contar!


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viernes, octubre 23, 2009

Rockola Surrealista - Lacrimosa


Otra columna de Nocturna...

Bronceado darqui

Hacía un calor de los mil diablos. Según recuerdo, estábamos a mediados de primavera y Lacrimosa había venido a México a presentar Elodia. Al final de la conferencia de prensa, Jorge Agonizante –cuyo apellido siempre me ha despertado una genuina envidia, por lo original–, el promotor, me propuso hacer una entrevista con Tilo Wolff y Anne Nurmi.
Ésta tendría lugar en la terraza del hotel donde se hospedaban, el Sevilla, que se ubica sobre Paseo de la Reforma. Aunque de inmediato dije que sí, a mi mente vino el inconveniente principal: por las prisas, había salido de la redacción del periódico sin mi grabadora. No suelo utilizarla en entrevistas en español, porque prefiero tomar notas; sin embargo, cuando se trata de una charla en inglés el maldito aparatito resulta una herramienta imprescindible. Sin embargo, me aventé a improvisar, porque no suelo desperdiciar cualquier oportunidad de incluir contenidos metaleros en los medios en los que he trabajado. Cuando subimos, no pude dar crédito a lo que vi. Los integrantes de la banda, todos excepto Wolff y su mujer, estaban tumbados en los camastros de la alberca. Aunque uno de ellos –honestamente no recuerdo quién conformaban el grupo de acompañamiento en esa época– se había quitado la camisa, presumiendo un pálido color europeo digno de una morgue, el resto descansaba envuelto en playeras negras, camisas de terciopelo y pantalones de cuero.
“Estos vampiros no pierden el estilo”, pensé, divertido, imaginando lo bonito que se estarían achicharrando bajo un sol de casi 30 grados. Ya después me enteraría que aquel numerito se debía a que los músicos no traían entre su equipaje ropa de otro color. Luego de platicar con Tilo y Anne por espacio de 20 minutos, el encuentro culminó con un comentario de parte del cantante que nunca podré olvidar: “odio a los que creen que para ser gótico hay que estar deprimido todo el tiempo... yo sólo lo estoy a veces”.
Y porqué no, ser darqui no quita que uno disfrute de una buena asoleada de vez en cuando.



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martes, octubre 20, 2009

La Rockola Surrealista




Por obvias razones, desde que me incorporé a Mystica en calidad de manager y a El Clan como responsable de Relaciones Públicas, he explorado un rostro de los rockstars -me gusta llamarlos así de cariño, jamás de manera burlona- que como reportero de música, oficio que desempeño hace ya once años -comencé a conocer. De todas aquellas experiencias tras bambalinas, tras entrepiernas, backstage, entre amigos, es que creé una columna para la revista Nocturna a la cual bauticé como La Rockola Surrealista.

Estoy convencido que eso es el mundo de la música: una rockola surrealista, en la que giran toda clase de discos y situaciones absurdas, jocosas y extrañas.

Ahora me he dado a la tarea de reunirlas en la Tormenta, para quien guste disfrutarlas. Cuando era un imberbe estudiante de periodismo y un comprador compulsivo de La Mosca en la Pared, me fascinaba leer las columnas de Pepe Návar, Jairo Calixto Albarrán y Eusebio Ruvalcaba, con la infinita esperanza dealgún día hacer algo similar. Hoy es mi cumpleaños número 31 y siento que ya tengo muchas cosas que contar. Fan y periodista, hay quienes dicen que ambos conceptos no pueden convivir en la misma persona. Yo creo que se puede ejercer el periodismo musical, aun a costa de ser fan, siempre y cuando no se mezcle el agua y el aceite.

Dejo aquí una de las columnas que ya han aparecido en Nocturna.


Con la bendición de Johnny

En estos momentos atravieso una de las peores crisis emocionales que había experimentado en tres décadas de vida pues rompí con una relación de tres años.
En consecuencia, he filosofado bastante respecto al amor, la muerte y las moscas, como dijera Tito Monterroso. ¿Cuánto dura el amor y cuánto el dolor? Lo mismo que una canción: algunos minutos, aunque puedes tocarla las veces que quieras y entonces puede durar lo que tú decidas. Hace bastantes años tuve otra novia con la que compartí una fascinación por la música de Human Drama. De hecho, casi empezamos a andar el día que Johnny Indovina ofreció el primero de sus dos conciertos de despedida en México. Aquél fue en el bar Cascabel, de Coyoacán, que ya no existe. Recuerdo que mi novia (que entonces era mi amiga, pero a dos de convertirse en mi pareja) y yo estábamos formados en la calle y vimos a Johnny entrar y salir del bar, fuera de sí, enfadado y fumando sin parar. Tenoch, el dueño del Cascabel, me contó que en el aeropuerto se habían perdido las partituras del grupo y que Indovina pensaba cancelar el show. Mi compañera y yo palidecimos: con Human Drama nos conocimos, nos enamoramos y nos peleamos. Teníamos que verlo en vivo. Por fortuna las partituras aparecieron y el concierto se llevó a cabo. Una semana después de que HD volvió a Los Ángeles, le envié un correo a Johnny diciéndole que el “amor de mi vida” (porque eso representó aquella chica) y yo estuvimos en sus conciertos, que con su música nos habíamos unido y que lamentábamos el fin del grupo. Él respondió: “qué bueno que ayudé, ojalá estén juntos mucho tiempo”. Ni con la bendición de Indovina pudimos superar los diez meses de noviazgo y aunque hoy esa mujer y yo nos saludamos con afecto, la realidad es que el amor no es eterno. Ni HD fue eterno, ni mucho menos el Cascabel. Lo cierto es que hoy puedo escuchar a HD con una sonrisa. Así que ¿cuánto durará esta nueva decepción? Lo mismo que una canción. Cada quien lo decide.
Febrero 2009



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jueves, octubre 08, 2009

Zócalo Viernes. Mystic Power


Allá nos vemos. Gracias.



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