martes, junio 23, 2009

Dalí



Garrapateado a miles de metros de altura para Lady P.

El último de sus novios la mandó al diablo y fue así como Carolina lo conoció. Era tan bella que, de inmediato, Lucifer la invitó a salir y puso en práctica sus dotes de seductor. Sin embargo, estaba fuera de forma.

Nunca antes había tenido una novia.

Pero Satanás se esforzó bastante. Todos los días se lustraba los cuernos y cuando supo que a Carolina le gustaban los cuadros de Dalí, el diablo sacó al pintor del infierno para que le pintara uno exclusivamente a ella. Con Belcebú enamorado, hasta Dios pudo darse un respiro.

La mujer no era capaz de olvidar a su ex novio y le costaba trabajo pensar en iniciar una nueva relación. Pese ello, una noche bebió más de la cuenta y terminó por irse a la cama con el diablo. En vano buscaba ella las alas de arcángel de su ex novio entre las sábanas, pues únicamente encontró los cuernos lustrados de Satanás y una larga cola terminada en punta. Al día siguiente se sintió tan vacía que se encerró en el baño a llorar.

El maestro Dalí, mientras tanto, trabajaba a toda prisa para terminar el encargo de Belcebú. A sus pinceles poco les faltaba para salirles fuego. Satán tuvo terminado el cuadro el día en que planeaba pedir la mano de su amada. Ella no pudo rehusarse, pues sintió una infinita compasión por el diablo. De sobra ella sabía lo frustrante que resultaba que a uno lo mandaran al diablo.

Y si su prometido era el demonio en persona, ¿adónde lo enviaría?

Durante la noche de bodas, mientras el demonio le hacía el amor, Carolina no podía quitar los ojos del cuadro colgado en la pared que Dalí pintó antes de ser devuelto al infierno.

Era un hermoso arcángel con las alas desplegadas.

Londres, junio 2009




NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

viernes, junio 19, 2009

Crónicas londinenses: Donington, mamá y Mariskal

Dos horas de tren desde la célebre estación londinense de St. Pancras y llego a Derby, la parada que me ha de conducir al Donington Park, sede del Download Festival en Inglaterra.

Cuando tenía 13 años, viví en Acapulco con mis padres y mi hermana. No había mucho qué hacer en el puerto, en ese entonces, para un adolescente. Una de mis diversiones favoritas consistía en acompañar a mi madre al súper, específicamente a la Comercial Mexicana ubicada a un costado de la Glorieta de la Diana Cazadora, a la entrada a la carretera por la que se llega a Punta Diamante.

Era la única tienda en todo Acapulco donde se podían encontrar las ediciones españolas de las revistas Metal Hammer, Kerrang, RIP! y Heavy Rock, esta última dirigida por el sensacional Mariskal Romero, mi Tom Wolfe personal del periodismo rockero.

A mis 13, pasaba tardes enteras embebido en la lectura de las revistas mientras mi madre escogía papas y papayas, leía las entrevistas con los grupos que después reventaban las bocinas de mi estéreo y alucinaba con las crónicas de sus conciertos. También conocía nuevas bandas e investigaba acerca de ellas en días en lo que no existía Internet. Así estaba al tanto de las idas y venidas de Metallica, Pantera, Iron Maiden, Megadeth, Nirvana y Judas Priest, por mencionar algunas. Fue durante ese tiempo y en alguna de esas idas al súper cuando decidí lo que quería hacer con mi vida.

Mi mamá siempre me compraba una revista. Entonces al llegar a casa, dejaba que mis ojos se perdieran en las imágenes. Ocasionalmente recortaba alguna de las imágenes para decorar mis cuadernos de la secundaria. Mis pupilas seguían los contornos de la guitarra de Janick Gers o los trazos de los tatuajes de Anselmo mientras mis oídos se tragaban algún disco como Fear of the dark o Cowboys from Hell.

Mamá jamás me pidió que le bajara al volumen.

En lo particular, llamaban mi atención los reportajes del festival de Donington; la sola idea de admirar en un mismo escenario, durante tres días, a tantas bandas de metal en días en los que México apenas albergaba un concierto cada dos meses, me obligaba a echar a volar mi imaginación hasta Inglaterra. En las fotografías observaba muchachos con las caras descompuestas en gestos de furia, mohicas punketas teñidas de rosa, mujeres con los senos al aire barnizados en sudor, tipos cubiertos de lodo y tiendas de campaña con estandartes de AC/DC. Si Dios había instaurado su reino en la tierra tenía que ser en Donington.

Todavía conservo en mi habitación un poster, obsequiado en las páginas centrales de Heavy Rock, con el cartel de una edición noventera de Monsters of Rock en la que estuvieron presentes Slayer y Aerosmith.

Mi mamá ha muerto.

Yo he cumplido 30 años, los que tenía Mariskal Romero cuando me hacía alucinar con sus crónicas.

Después de dos horas de tren, se anuncia que hemos llegado a Derby. Soy enviado de una revista. La multitud de muchachos en el tren se alborota. Cogen sus maletas y tiendas de campaña y les arden los pies por salir al aire libre, por destruirse los tímpanos con ese canto de demonios angelicales que es el heavy metal. Las imágenes de aquellas revistas que se llenan de moho en mis cajones han cobrado vida.

Estoy en Donington.



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

jueves, junio 18, 2009

No Matter How Far... Iron Maiden's gonna get you

En Europa pasan cosas tan raras.



Janick Gers




Rob Smallwood (manager de Iron Maiden)




Nicko McBrian


James "Munky" Shaffer (Korn)

Jussy (The 69 Eyes)



Muy pronto la crónica: La semana que fui Rockstar, desde Donnigton, Londres y Sheffield.

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE