En el nombre de Harris, de Eddie y el Espíritu Insano. Amén.
El chavo lloraba. Se aferraba a una baqueta con todas sus fuerzas, la apretaba entre sus dedos con el orgullo de quien obtuvo un trofeo de caza. Las lágrimas corrían por su mejilla y antes de desaparecer de la pantalla lo vimos persignarse y agradecer al cielo.
Para la mayoría de los presentes resultó conmovedor y por eso, en la oscuridad del cine, hubo a quien se le escapó un suspiro.
No era para menos. Minutos antes fuimos testigos, gracias a la lente del camarógrafo, de la brutalidad y prepotencia con que el ejército colombiano trató a los asistentes a un concierto de Iron Maiden. Los golpearon, los amontonaron como reses, los manosearon en busca de armas que los militares no encontrarían. Los trataron como escoria aunque se trataba únicamente de jóvenes que habían pagado por ver a una banda de rock.
En pleno siglo XXI.
La imagen del chavo lo dijo todo. Había dormido afuera del parque donde tuvo lugar el concierto. Resistió las humillaciones de la armada y el hambre, porque tampoco a los fanáticos de la banda británica les permitieron ingresar con alimentos, y estuvo ahí, en un concierto de Iron Maiden como quizá nunca suceda otra vez. Además, se llevó una de las baquetas de Nicko McBrian.
Sólo un metalero puede entender lo que significaba esa imagen.
Iron Maiden: Flight 666 es el documental realizado por Scot McFayden y Sam Dunn que registra lo acontecido durante la primera etapa de la gira Somewhere back In Time, que trajo a
La película, además de ser lanzada en DVD en el mes de mayo, será proyectada en Cinépolis hoy, mañana y pasado. Pero antes, el lunes, tuvo lugar la premier especial para prensa y club oficial de fans.
Si la frase Iron Maiden is my religion le parece exagerada a quienes no profesan su adoración al grupo, basta echar un ojo a cualquiera de las fiestas que en su honor se celebran para comprender las dimensiones del culto.
Desde cerca de las siete, el Cinépolis de Perisur se fue llenando de personajes que, sin conocernos, nos resultábamos tan familiares. Si los cristianos utilizan la cruz para identificarse, el rostro de Eddie impresa en camisetas representa la señal divina de que vas en el camino correcto. No hizo falta que Jane Bass!!!, de Mystica Girls, quien gustosa accedió a acompañarme y yo, preguntáramos en qué sala tendría lugar la proyección. Tan adorada es la cara del monstruo dibujado por Derek Riggs que incluso el boleto para la premier se volvió objeto de culto.
-¡Nooo! ¿Pues qué pasó? –protestó el primero de la fila, cuando a empleada del cine le pidió que le entregara su localidad, para permitirle el acceso.
Los que estaban formados detrás de él abrazaron sus propios boletos, angustiados con la sola idea de tener que desprenderse de ellos. Y es que el fan de Maiden es un coleccionista confeso.
Fue necesario que el gerente del cine saliera a explicarles que les devolverían sus boletos al final de la proyección.
Algo que el documental de los canadienses deja muy en claro es que la pasión que los auténticos seguidores de Maiden experimentan por la banda con casi 40 años de edad es ilimitada, incondicional y al parecer, inmortal.
Lo es porque en Costa Rica, por ejemplo, a un concierto al que la banda pensó que ofrecería para 7 mil personas, finalmente llegaron casi 27 mil. En la fila para ingresar a su concierto, un chavo se puso a cantar a todo pulmón la letra de Children Of The Damned, en español. Quien se enferma de Maiden no tiene esperanza. Su música es una infección incurable, degenerativa y te acompañara hasta la muerte.
“Me sorprende que nuestra audiencia no envejece. Los mismos chicos que venían a vernos hace 40 años, son los que tenemos enfrente ahora”, menciona en una parte de las entrevistas Nicko McBrian.
Lo cierto es que audiencia no sólo se renueva, sino que el legado del grupo se expande con el mismo poderío que una religión. Prueba de ello son las imágenes de músicos consumados como Lars Ulrich, de Metallica, y Tom Morello, de Rage Against The Machine, que aparecen llegando al concierto en Los Angeles.
La película se desarrolla, a manera de roadmovie, contando día a día lo sucedido en la gira, desde el momento en que se anunció que Iron Maiden viajaría en el Boeing 727 Ed Force One tripulado por el cantante Bruce Dickinson, hasta el momento en que, después de haber tocado en más de 23 ciudades (lo mismo Tokio que Melbourne, Santiago que New Jersey) de 13 países en los cinco continentes, la gira concluye en Canadá en marzo del año pasado.
Es increíble cómo uno percibe la emoción de los músicos, sus corajes, sus tristezas y su cansancio. Steve Harris es un entregado 100 por ciento a la música, Nicko es un bromista de lo peor y un excepcional jugador de golf, Jannick Gers nunca deja de practicar en su guitarra y Adrian Smith es fanático del tenis. Dave Murray es un tipo callado, pero muy sabio. Ron Smallwood, un manager excepcional. Quiero ser como él cuando Mystica sea una banda de primer mundo.
Uno de los momentos que hizo festejar a la sala entera fue cuando se describe el periplo maidenezco en nuestro país. En Guadalajara apenas si se detiene la filmación; en
Eso, en resumidas cuentas es lo que ha hecho Iron Maiden a través de sus discos y conciertos.
Casi dos horas después de que las luces se apagaron, después de echar un vistazo a la intimidad de la doncella y la auténtica hazaña que representó su gira, por sus distancias y dimensiones Jane, auténtica fan de la banda, dijo:
-¡Qué desmadre!
Y sí, qué desmadre.
Pero estoy seguro que Steve Harris sabe que vale la pena si son capaces de hacer llorar a un muchacho al otro lado del mundo.
NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE
1 demonios han vertido su furia:
Demonios, qué envidia te tengo.
Yo fui a Cinépolis Aragón según a verla hoy.... y por quién sabe qué problemas técnicos nos la pasaron para mañana. ¿Puedes creerlo?
Estoy muy enojada.
Yo también soy Iron Maiden Fan From Hell :(
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