jueves, noviembre 27, 2008

Hamelin y periodismo

Estas sí eran cabezas y relatos... snif!



Ayer por la noche Omega me invitó al teatro. Vimos Hamelin, en el Foro Shakespeare, ya que ella había ido a entrevistar a uno de los actores.
Hamelin es una propuesta interesante de teatro experimental (entiéndase por esto que experimenta con elementos poco comunes y no que se trata de una puesta escénica poco profesional o amateur) en el que, cínicamente, desde el principio, uno de los histriones advierte: “Hamelin es una obra tan pobre que el espectador se tiene que imaginar la escenografía”.
Sí, Hamelin no tiene escenografía ni utilería (si acaso un periódico pintado de negro, una pluma, una libreta, una mesa, una silla y un cajón de madera, igual pintado de negro), además que su elenco, 9 personas en escena, visten por completo de negro, con apenas los ojos delineados como único recurso de maquillaje.
¿Aburrido? Todo lo contrario. El ritmo de la obra es vertiginoso y aunque la línea argumental no depara grandes sorpresas e incluso resulta por momentos predecible, las interpretaciones la vuelven sumamente emotiva. La historia transcurre alrededor de un Juez que investiga un caso de pederastia en el que se ve involucrado un joven adinerado y una familia muy humilde, además de un fría psicóloga desprovista de corazón y perdida en un océano de conceptos y teorías acerca de los sentimientos humanos.
El eslogan de la obra es provocador: “Los niños siempre pagan los errores de los mayores”.
Sí, igual que en el cuento El Flautista de Hamelin, continuamente evocado por el Juez, que intenta salvar a todos los infantes del mundo pero no encuentra las palabras para comunicarse con su propio hijo.
Total, que en una de las escenas el Juez se queja de los medios de comunicación, por el trato que le han dado al caso y grita: “¿Por qué los periódicos prefieren hacer literatura que presentar los hechos?”.
Nada más equivocado.
Hoy por la mañana venía en el metro y compré El Gráfico. Siempre he sentido especial debilidad por la nota roja. La portada daba cuenta de algo que parecía interesante: un joven de 15 años había logrado abrir las esposas que sus secuestradores le habían colocado desde hace dos meses y escapó mientras ellos dormían. Descalzo, caminó varias cuadras hasta dar con una patrulla. Los policías lo ayudaron y regresaron a apresar a sus captores. La cabeza de la nota decía: “Odisea”.
Adquirí el periódico, imaginando que iba a leer un interesante y extenso relato del joven, cuya historia, como reportero que soy, me parecía apasionante. Pero nada. En dos mil caracteres, el redactor resumió los hechos y nada más. ¿Qué pasó por la mente del secuestrado cuando vio que las esposas se abrían? ¿Cómo consiguió los alambritos que le dieron su libertad? ¿Cómo fue caminar descalzo en la calle después de dos meses de estar preso en quién sabe dónde? ¿Qué comía? ¿Dónde dormía? ¿Acaso no temió que los latidos de su corazón despertaran a sus captores mientras huía y que ellos, enfadados, le dieran un castigo ejemplar o acaso lo mataran? ¿Cómo eran sus noches?
¿Tenía perro?
¿Lo extrañaba?
Este tipo de interrogantes son las que mis maestros de la UNAM me enseñaron que debía responder un relato, una auténtica crónica. La nota roja, por su naturaleza, es tierra fértil para el desarrollo de escritores. Así nos lo ha hecho saber A Sangre Fría, de Truman Capote, Relato de un Náufrago, de García Márquez o Señas Particulares, de Josefina Estrada.
¡Y qué decir de El Güero Téllez: ¡Reportero de Policía!, la entrevista -rica en anécdotas- que le realiza Ramón Garmabella en forma de libro a Téllez, quien por años cubrió la fuente policial!
Eso sí es literatura, periodismo convertido en literatura. Auténticos libros de texto para gente como yo.
Pero en la actualidad, lo que rifa son los textos cortos, porque la gente no lee. Los detalles sobran, lo que cuenta son los pies de foto. Esta misma mañana noté que vendían el Excélsior a 5 pesos en los vagones del metro. La que se consideró, hace años, la catedral del periodismo en Latinoamérica, sobrevive hoy de limosnas. El Centro, un diario guasón y burlesco, sucumbió en poco más de un año de vida. El Universal ya no tiene sección de cultura. Quizá fue eso lo que mató a Paco Ignacio Taibo y no la neumonía.
Las revistas se derrumban por doquier.
La nota roja dejó de ser noticia y se ha vuelto rutina. Lunes: un ejecutado; martes: un encajuelado; miércoles: un encobijado; jueves: un ajusticiado; viernes: un levantado; sábado: una narcomanta; domingo: todos los anteriores.
Pero nadie quiere leer sus historias. La vida moderna apenas da tiempo de ver fotografías y telenovelas.
Creo que escogí bien mi vocación, pero me equivoqué de tiempo para nacer.
Por si fuera poco, se acabó mi suscripción a El país, el único periódico que sigue haciendo de escribir una de las bellas artes.
Mejor me valiera irme detrás del encanto de un flautista hasta despeñarme en un barranco.

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

Noveno Mandamiento


Esta mañana celebré una asamblea en el baño. Presentes estuvieron mi sombra, mi imagen en el espejo, mis veinte huellas digitales, el eco de mi voz cuando hablo solo y mi firma.
A viva voz, de común acuerdo y sin que me lo esperara, todos me gritaron: “¡Qué difícil es vivir contigo!”.
Duele, pero como es cierto, no encontré argumentos para defenderme.
Sí, es cierto. Soy bastante paciente, tranquilo, creativo y positivo. Me considero una persona ordenada, disciplinada y leal. Romántico, sensible y divertido.
Pero entonces, en medio de la asamblea, los participantes interrumpieron mis cavilaciones.
“Incluso tu pensamiento interior está harto de lo obligues a enumerar tus cualidades”, me espetaron.
Me sentí completamente solo.
Pobrecita Mariel, aunque esté a mi lado por convicción propia, qué complicado ha de ser lidiar con un tipo como yo. El tonto en el espejo asintió. “Su reflejo me ha dicho lo mal que ella se la pasa”, expresó.
Soy un celoso, posesivo e insoportable, chantajista, egoísta (¿Por qué los defectos son palabras tan fonéticamente agresivas y las virtudes suenan mucho más suaves, casi como poesía?), cruel, hiriente, hijo de perra y por encima de todo, mentiroso.
Sí, tengo tantas historias en la cabeza (de ahí los cuentos, aunque esas son mentiras inofensivas) y una voluntad por deformar la realidad a cómo me gustaría que hubiera sido, que no puedo dejar de mentir. Lo hago compulsivamente, diario y a todas horas. Creo que he mentido a todas las personas que he conocido a lo largo de mi vida y de todas las maneras posibles. Y los únicos que nunca se tragan mis bolos son precisamente quienes asistieron a esta asamblea.
Miento improvisadamente, sin planearlo siquiera. Es un talento nato y macabro. Puedo mentir al vuelo y si es necesario, retorcer tres o cuatro veces esa misma mentira sin que se reviente. Pocas veces ha sido necesario reconocer que miento.
Yo mismo he sido víctima de mis mentiras y ni así he dejado de inventar disparates.
He intentado escribir esta confesión sin mentir y no estoy seguro de haberlo logrado. Ser mitómano es mi destino y mi maldición, mi don y quizá sea mi perdición al final de mis días. Por suerte, soy más astuto que Pedro, el del Lobo. Mucho más cínico que Pinocho.
Una mentira nunca debe reconocerse, no importa cuánto te hayas hundido en la mierda. Lo sé porque dos veces cometí el error de aceptar que había mentido.
No. La mentira se debe defender hasta la muerte. Si fuera un superhéroe, únicamente me bastaría con un poder: que mis mentiras se convirtieran en verdades. Eso equivaldría a obligar a que la realidad mintiera a mi manera.
Para ser un buen mentiroso hay que tener imaginación, buen verbo y carecer de conciencia y remordimientos.
Dios, si querías que respetara el 9 mandamiento: ¿por qué coños me has dado todo esto?
Al final, los asistentes a la asamblea me absolvieron con un sonoro aplauso y por fin pude vestirme e irme a trabajar.
Tuve que inventar un pretexto por haber llegado tarde pero, ¿acaso alguien habría creído el auténtico motivo de mi retraso?


NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

martes, noviembre 25, 2008

Fuentes y Ska-P



En estos días he ido a varios eventos, pero casi no he tenido tiempo de reflexionar acerca de ellos… Las fotos de Fuentes son del Auditorio Nacional; las de Ska-P son de OCESA.

Fuentes
Ayer por la noche estuve en la conferencia “Cómo escribí algunos de mis libros”, que dictó Carlos Fuentes en el Auditorio Nacional, como parte del homenaje que se le rinde a sus 80 años de edad. No he leído mucho de él, pero en especial recuerdo “Las buenas conciencias”. Es un libro especial, con muy mala leche, como deben ser los buenos.
La conferencia dio inicio con el maestro Carlos Prieto ejecutando un par de piezas en el cello, para que luego Jorge Volpi y Pedro Ángel Palou dieran algunos pormenores acerca de la vida y trayectoria del protagonista de la noche.
Siempre me ha gustado conocer detalles biográficos de escritores, quizá para compararme y medirme con ellos. Para saber qué tanto he dejado de hacer y cómo he desperdiciado mi vida.
De Fuentes se dijo mucho: que vivía en el Centro y que antes de los 30 años (a esas edad escribió por cierto “La región más transparente” y yo no he podido completar una de tres novelas que tengo) andaba mucho en cabarets, centros nocturnos y puteros, retratando la realidad mexicana. Que un maestro le dijo a tiempo: “huye de esta ciudad antes de que su vida nocturna te devore” y Fuentes, obediente, se largó a Europa y Estados Unidos.
Después, en el podio, el hombre de 80 años que quizá más vitalidad derroche en el Universo se hizo presente. Comenzó a relatar anécdotas detrás de la hechura de sus libros. "Aura", por ejemplo, se lo inspiró una muchacha veinteañera a quien visitó en París. La chica se colocó debajo de un domo de cristal y la luz de la luna le dio un aspecto cadavérico. Ese instante reventó en la novela “Aura”, la misma que enfureció a la urraca con sotana de Abascal. Fuentes confesó que la escribió en 7 días en un café parisino, como poseído por una fiebre.
El autor habló de dos conceptos: la tradición y la creación. La literatura no tiene muchos temas, expuso, pero la originalidad radica en cómo son presentados esos temas a través de la imaginación del escritor. La tradición son nuestras lecturas, la creación es lo que le ponemos, como se dice, “de nuestra cosecha”.
Nos leyó fragmentos de varios libros y comprobé una vez más que las lecturas saben más ricas si las lee quien las gestó.
Al final, la gente del Auditorio, aunque no lleno, aplaudió de pie. Pero se trataba de un escritor dando una conferencia, no de una estrella de rock. Ni como pedirle otra. Pero salí como bólido a mi casa, a leer y escribir.







Ska-P


El mero día de la Revolución no podía ser más adecuado para un grupo tan grillero como Ska-P.
Los españoles tienen canciones acerca de casi todos los tópicos sociales imaginables, desde las huelgas, los derechos de las mujeres, el odio a la Iglesia Católica, el repudio a la guerra y la lucha contra el imperialismo. La banda tiene la escuela de otro gran házmela-de-jamón como es La Polla Records.
El ambiente que se vive en el Foro Sol en este concierto es muy distinto al que he experimentado en otros. Es un bailongo. Un montón de gente saltando, bailando, fumando marihuana, dándole sentido a la hilera de gerundios que habitan en esta oración.
Se levanta una polvadera debido a todos los slams que se arman y nada de eso me conmueve.
¿Habrá perdido la emoción, igual que Kurt Cobain?
No estoytan contento con todo y que el vodka que logramos meter de contrabando Aarón, David y yo, sirve bastante bien para olvidar que hace un frío del carajo. No sé. Siento que los Ska-P están desangelados. Pulpul, el cantante y guitarrista principal no hace más que insistir en que hace tres años que no tocan y que el reencuentro se dio gracias a los fans. ¿Y qué? Hay quienes dejan de tocar diez años.
Además, Pulpul está enfermo de la garganta y no puede cantar.
Yo como que no agarro ambiente y mis rolas favoritas se pasan sin que las cante con emoción: Vergüenza, El Gato López, Mestizaje, El Vals del Obrero, Simpático Holgazán, Welcome Hell
Algo faltó y no sé qué es.



Nos leemos, Satanás mediante.

viernes, noviembre 21, 2008

Antes del mediodía


El otro día, Omega y yo vimos una película, Hell Ride, no dirigida por Tarantino, pero sí producida por él, y una de las primeras escenas me inspiró este cuento.


-Cógeme.
Parecía un anhelo, pero también una orden.
Alejo se quedó en el marco de la puerta. Tiró el cigarro y lo aplastó con la bota.
Después escupió a un lado. Desde niño, detestaba que le dieran órdenes y en consecuencia había pisado varias veces la cárcel.
-Cógeme fuerte.
Frunció el seño. Ella estaba sobre la cama, boca arriba, y con las piernas estiradas, abiertas en forma de V. En medio de ellas quedaba el Cristo que María había colgado en la pared cuando llegó a casa de Alejo.
El hombre se dio la vuelta y caminó hacia la mesa.
-Otra vez tú –gruñó.
-¿Adónde vas? –replicó ella.
El hombre se quitó el sombrero y lo colocó en una de las sillas. Después se secó el sudor de la frente con el dorso de la derecha.
-Por un trago. ¿Quieres un vaso de Daniels?
La mujer bajó las piernas y se enderezó hasta quedar sentada en la orilla de la cama.
-No tengo sed, pero sí mucho calor.
Se desabrochó un dos botones de la blusa, para que él pudiera admirar mejor el nacimiento de sus senos.
Alejo se tomó el whisky de un trago.
-Entonces es hora. Te he evadido cientos de veces, pero algo me dice que hoy no te podré burlar.
La mujer tenía una boca enorme. Sonrió y dijo:
-No, pero antes de que salgas a ver a Malquiades, cógeme. Te va a doler menos.
-¿Melquíades? –preguntó él -¡mierda! Me ha encontrado muy rápido. ¿Y maría? ¿La ha visto?
Afuera soplaba el viento y el sol estaba a punto de ocultarse.
Era casi el mediodía.
-¡Vamos, hombre! ¿O acaso se te han caído los huevos? –gritó Melquiades desde la calle.
Alejo tomó su sombrero.
-Me llaman. Ahora vengo.
La mujer se puso de pie. Caminó con lentitud hasta Alejo y se quedó a unos centímetros de su rostro. El pudo sentir su aliento y admirar sus labios pintados.
-Te lo quise hacer más fácil, pero está bien. Ve y regresa pronto.
Antes de salir de la casa, se aseguró de que la pistola estuviera cargada.
La mujer se asomó a la ventana.
Ahí estaba Melquíades, con los ojos encendidos de rabia. Uno de sus amigos tenía sujeta a María por la cintura.
-¿Creíste que no te iba a encontrar? ¿Qué te podías robar a mi hermanita, Alejo?
María se retorcía pero era incapaz de liberarse. Lloraba.
-Yo no me la robé, ella vino a mí –respondió Alejo y escupió en el piso.
Melquíades se acomodó el sombrero y sacó su escopeta.
-¡En guardia, cabrón!
Alejo sacó su arma del cinturón y le dio la espalda a Melquíades, que a su vez comenzó a caminar, también de espaldas a su contrincante, hasta que entre ambos hombres hubo una distancia de 15 metros. Alejo volteó hacia su casa. La mujer con la que había estado hace unos minutos le sonreía desde la ventana. Se cruzó de brazos. Todos los que habían caído en sus brazos le habían temido bastante, pero Alejo la vio tantas veces de cerca que casi la consideraba una amiga.
Entonces, el tipo que sujetaba a María por la cintura dio la señal.
Se escuchó sólo un disparo.
La mujer que estaba en el interior de la casa sonrió, complacida.
Alejo entró por la puerta. Traía un cigarro, pero esta vez no lo tiró.
Sin mediar palabra, empujó a la mujer hasta la cama y la tumbó boca arriba. Le bajó los pantalones y la ropa interior.
-Al fin, después de haber estado tan cerca... de tus ojos azules y tu olor a whisky –decía ella, muy excitada -¡Cógeme, fuerte!
Alejo no dijo nada. Se bajó el cierre y al penetró de un golpe.
Afuera, una escopeta humeaba en el piso. Melquiades colocaba la mano sobre el hombro de María, que estaba deshecha de llanto, arrodillada. No tardarían los zopilotes en bajar por el cuerpo de su amante.


Ella es la musa que inspiró el relato.


NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

martes, noviembre 11, 2008

Nelson: los muertos van primero



Nelson Notario Castro me dio una lección a que más de una década de haberla escuchado, continúa presente en mi día a día: “los muertos van primero”.
No acudí a la primera clase de Géneros Periodísticos I en la UNAM, que era la materia que presidía aquel entrañable cubano de más de 120 kilos de peso (en la Universidad en ocasiones elegir al profesor de una materia equivalía a meter la mano a una tómbola, para ver qué te tocaba), y al inicio de la segunda me enteré que el maestro había dejado de tarea redactar una nota de prensa ficticia, de la cual había proporcionado algunos datos: se trataba de un accidente de tránsito imaginario en el que había fallecido un número determinado de personas.
Sentado en una butaca que le quedaba chica (todas resultaban insuficientes para alojar su rotunda anatomía), en medio de los cerca de 20 alumnos que conformábamos su grupo, recuerdo que vociferó a los cuatro vientos: “¿Si recuerdan que les dije: los muertos van primero?”.
Nelson era uno de aquellos periodistas de vieja escuela, originario de La Habana, me parece, a quienes la teoría les sacaba ronchas.
¿Cómo un libro le iba a enseñar a hacer su trabajo, él, que había realizado entrevistas en medio del fuego cruzado de una guerra o mientras alguna catástrofe natural cobraba las vidas de cientos de millones?
No olvido su definición de Noticia: “Si un perro muerde a un niño, no es noticia, pero si un niño muerde a un perro, ésa es la noticia”.
Algo sucedía con sus consejos para escribir una Crónica: “Un buen truco es la técnica del perro que se muerde la cola (acto seguido dibujaba en el pizarrón un monigote mucho más cercano a un alebrije mal construido que a un canino), es decir, que tu remate te remita a algo que escribiste en la entrada. Eso siempre causa un efecto especial en los lectores”.
Nelson jamás nos mintió. Nos dijo que la vida del periodista es solitaria (lo mismo hicieron Rigoberto López y Leopoldo Borrás) y que, después de una jornada de trabajo agotadora, no hay nadie que lo espere en casa que no sean sus notas.
Sus clases no escapan de mi memoria. Cuando me enfrento a un dilema profesional suelo recurrir a sus enseñazas, que se resumen en frases cortas, hilarantes pero rebosantes de sabiduría y reflexión, como aquella de “hay que escribir con el corazón caliente, pero la cabeza fría” ante los hechos indignantes o la lección del Monstruo Come-Come: “Imaginen que hay un monstruo que se llama el Come-Come y se alimenta de adjetivos. Así, denle de comer todos los adjetivos y dejen sus notas informativas limpias de ellos”.
Nelson solía corrernos del salón durante las dos horas de clase, obligarnos a buscar una noticia en la explanada del a Facultad, a entrevistar personas. Acciones como esas ayudaron a que muchos forjáramos nuestro carácter, reafirmáramos nuestra vocación y otros, al revés de mí, salieran corriendo a inscribirse en la especialidad de Comunicación Política o Publicidad.
Estaba prohibido llegar tarde o salir al baño en medio de su cátedra. “Cuando asistan a una conferencia de prensa”, nos decía con su particular acento caribeño, “no pueden salir a orinar, ¿qué tal que en ese momento se da La Nota?”.
Gracias a él entendí que no existen fórmulas para descubrir la noticia excepto el olfato, el colmillo y la intuición. Eso, los teóricos lo ignoran porque jamás han salido a la calle.
¿Dicen los tratados de biblioteca cómo arreglártelas cuando la fuente no quiere proporcionar un dato?
¿Acaso hay un manual que hable, paso a paso, sobre los disfraces que se pueden adoptar para escabullirte al interior de una oficina de gobierno? Los que yo no conozco se llaman libros de memorias, como los de Vicente Leñero o Manuel Mejido.
Nelson jamás nos dijo que leyéramos libros. Ni tampoco periódicos o revistas. Ahora sé porqué; el dio por sentado que lo hacíamos. Asignarnos como tarea una lectura equivalía a que nos encomendara respirar como encomienda.
Un periodista que no lee es inaceptable.
Recuerdo una clase en particular. Nos pidió que imagináramos que un Ovni aterrizaba en pleno Zócalo capitalino y que sus tripulantes hacían contacto con los mexicanos. Entre sus peticiones figuraban 100 mujeres para concebir la primera generación de marciano-terrestres, cinco kilos de carnitas surtidas para su manutención durante cada día que estuvieran los extraterrestres en la tierra y una audiencia con el Presidente de la República.
Después que acabamos de reírnos, él preguntó: “¿Cómo le entrarán a la nota?”.
Unos dijeron que por el aterrizaje, otros que por las carnitas, porque revelaba los hábitos de alimentación alienígenas. Él vociferó: “¿Y las mujeres? ¡Son seres humanos y los marcianos las piden como mercancía!”.
Las clases de Nelson aún reverberan cuando escribo algo.
Casi toda mi carrera se ha desarrollado en las fuentes de espectáculos y cultura, pero cuando me toca ver en televisión o leer en el periódico noticias como las del 11 de septiembre de 2001 o el Tsunami en Asia, inevitablemente me repito: los muertos van primero.

Me encontré en Internet una entrevista que le hicieron a Nelson. Aquí.


NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

lunes, noviembre 10, 2008

Egoísmo inalámbrico

El Cerro de la Silla, tomada desde el Parque Fundidora
¿Quién montará la montaña?

Decenas de veces, por razones de trabajo o de mero esparcimiento, he viajado en un avión.
A destinos como Nueva York, Las Vegas, Los Ángeles, Cancún, Los Cabos, Monterrey, Guadalajara, Chiapas, San Luis Potosí, Ciudad Juárez, Puerto Vallarta o Acapulco, en muchas ocasiones escuché la frase: "Todos los aparatos electrónicos deben estar apagados", ya sea en el despegue o en el aterrizaje.
Lo ha dicho el Capitán, el copiloto y hasta las sobrecargos.
En ese momento, todos los iPod's, teléfonos celulares, Palm's y videojuegos dejan de funcionar como válvulas de escape y los seres humanos, acostumbrados como estamos a defender como perros nuestro espacio vital, buscamos la forma de aislarnos de nuestros semejantes.
Mientras esto escribo, vuelo a Monterrey a cubrir el DesignWeek 2008 (aunque lo publico hasta una semana después) y ya me han ordenado que guarde la charola de servicio, que es donde me apoyo para redactar en un cuaderno.
Benditos los libros, que resultan excelente pretexto para ser egoístas y encontrar cobijo en una burbuja.
Además, nunca se apagan. Ni al nivel del mar ni a 20 mil pies de altura.



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

martes, noviembre 04, 2008

Mota y Política



Como varios saben, ahora mi nueva chamba es los territorios de Hugh Hefner, es decir, en la revista Playboy México. Pues bien, en el número de noviembre, que actualmente aparece en los puestos de revistas, además de un texto sobre Rock & Pop, tuve la oportunidad de entrevistar a Jorge Carlos Díaz Cuervo, presidente del Partido Socialdemócrata, uno de los principales impulsores a la legalización de la marihuana. En la página del partido se puede leer el Manifiesto por la Legalización, si a alguien le interesa e incluso, firmar en apoyo a la propuesta. Por lo pronto, aquí está la entrevista...



Él quiere que puedas drogarte en paz


20 preguntas a Jorge Carlos Díaz Cuervo






Es el Presidente del Partido Social Demócrata. Como diputado se caracterizó por impulsar reformas tan controvertidas como la despenalización del aborto, la eutanasia pasiva y, ahora, la legalización de la marihuana y la cocaína. Defiende sus motivos y cuenta que antes quería ser beisbolista. Pese al pleito que protagonizaron Patricia Mercado y él, irían a comer esa misma semana.

1. Y cuando se legalice la marihuana, ¿qué dirá el narco?
Se sentirá amenazado. Sus rendimientos disminuirán cuando se golpee el emporio que ha construido. Seguramente son los principales opositores a que se regule el mercado de la marihuana.

2. La situación ya es muy violenta como para hacerlos enojar más, ¿no le parece?
Al contrario, el primer efecto de la legalización será que la violencia disminuirá. Ya no será necesario que los empresarios de las drogas compren armamento y defiendan sus territorios a balazos. La derecha no ha solucionado nada en cuanto a las drogas, pero sí ha regado mucha sangre.

3. Usted habla de “los empresarios de las drogas”… ¿Se imagina entonces al Chapo Guzmán pagando impuestos, realizando donaciones humanitarias y apareciendo en las páginas de sociales?

Los personajes como el Chapo pasarían a la historia, porque en la producción de marihuana se verían involucrados campesinos que podrían vender su producto a distribuidores regulados. Los Chapos desaparecerían como lo hicieron los capos estadounidenses del alcohol como Al Capone.

4. La gente odia que ustedes los políticos hablen de temas que no conocen.¿Qué tan cerca ha estado de un porro de marihuana?
Consumí marihuana en la preparatoria y en los primeros años de Universidad. Creo que la planta está injustamente estigmatizada porque, comparada con las drogas legales como el tabaco y el alcohol, es mucho menos adictiva y sus efectos, en términos de salud, son mucho menos nocivos. Además, una cosa es la adicción y otra, la afición.

5. ¿Ser liberal es sinónimo de Primer Mundo?
Sí, las sociedades progresistas se distinguen por su ejercicio de las libertades. En el caso de México, aún existen cadenas que nos atan a dogmas de fe, impuestos por una religión católica despegada de la realidad. La iglesia es una sociedad de hombres machistas y misóginos que dicen saber qué es lo bueno para las mujeres y sus embarazos, por ejemplo, aun cuando las tiene excluidas de su vida.

6. ¿Es usted creyente?
Creo en Dios, pero no en la iglesia católica, porque es una institución con muchos vicios, mañas y perversidad. No creo en la infalibilidad del Papa. La iglesia ha sido una fuente de sufrimiento para muchas personas.

7. Una cosa es la Cámara y otra, el hogar. Como padre de familia, ¿cómo aborda temas como el aborto, la homosexualidad y las drogas?
En términos de absoluta tolerancia. Mis hijos, Roberta, de 11 años; Victoria, de 9 y Carlos, 5, entienden que hay personas con preferencias sexuales diferentes que no por eso son distintas. Entienden que una mujer tiene derecho a cuándo y cuántos hijos tener. Trato de construir personas libres de prejuicios.

8. Veo que utiliza alianza de matrimonio, ¿es que se casó por la iglesia?
Sí y también fui bautizado e hice mi primera comunión. Nací, como otros, en un contexto cultural donde no se les pregunta a las personas, se les impone. Hoy me siento un agnóstico.

9. ¿Supongo entonces que elegiría primero la eutanasia antes que los Santos Óleos?
Por supuesto. La decisión de qué hacer con la vida de uno es un asunto que le compete únicamente al individuo.

10. El lema del partido es “la izquierda que México necesita”, pero en nuestro país la izquierda tiene muy mala fama, ¿será complicado revirar esa imagen?
No debería serlo, los mexicanos y las mexicanas somos pacifistas por naturaleza. En un país con tanta desigualdad, nuestra izquierda no ha podido llegar al poder, porque utiliza la violencia para hacer política. Esta izquierda justifica tomar una tribuna, hacer una huelga en la Universidad o coquetear con movimientos guerrilleros. Es una izquierda gruñona, autoritaria y muy conservadora con respecto a las libertades.

11. ¿Conservadora? ¿Es una izquierda de derecha, entonces?
En sus expresiones más radicales puede ser más conservadora que el mismo Panismo. Andrés Manuel López Obrador (cuando era Jefe del gobierno del DF) bloqueó las sociedades de convivencia y la despenalización del aborto, en un acuerdo con su vecino de enfrente, (el cardenal) Norberto Rivera.

12. Usted no fuma, pero está contra la ley antitabaco. ¿Por qué?
Sí consumo tabaco, ocasionalmente me fumo un puro. Yo propuse los espacios cien por ciento libres de humo, pero en esa propuesta original no se planteó la extinción de los espacios para fumadores. Lo que planteamos fue una separación física entre un área y otra. Quien no quisiera construir área de fumar, entonces todo su local era de no fumar. Sin embargo, los restauranteros se ampararon contra una obligación inexistente y los legisladores, en una reacción más emotiva que inteligente, dictaminaron que no habría áreas de fumar. Los fumadores se sienten discriminados y yo me sumé a esa causa porque la izquierda es incluyente. Si yo ya tengo mi espacio libre de humo, ¿por qué voy a arrojar a los fumadores a la calle?

13. Un país donde no se puede fumar cigarrillos pero se podría comprar marihuana, ¿suena raro, no?
Debería haber lugares para fumar tabaco y marihuana. Si alguno de mis hijos decide consumirla, prefiero que lo haga en un lugar seguro y no en la clandestinidad, exponiéndose a comprar marihuana de dudosa calidad.

14. Hablemos del aborto, ¿cuál es la diferencia entre 12 semanas y 12 semanas y un día?
En términos estrictos, ninguno. La Organización Mundial de la Salud dictaminó que la diferencia es entre las 12 semanas y las 14, que es cuando se empieza a desarrollar tejido nervioso. Un embrión de 12 semanas, si bien tiene un corazón, no tiene tejido nervioso, que es lo que hace la diferencia entre la vida y la vida humana. Por eso la OMS recomienda las 12 semanas, ya que existe un margen de dos semanas para que empiece a generarse el tejido nervioso. Esta visión no es compartida por toda la ciencia, pero con ese criterio, 54 países han definido que en el primer trimestre de gestación el derecho de la mujer está por encima del derecho del cigoto.

15. Un lugar común: nosotros le pagamos a los políticos. ¿Cuántos, sinceramente, se ganan la quincena?
En una Asamblea Legislativa de 66, unos 15 más o menos.

16. Como diputado, ¿usted lo hizo?
Si se hace una revisión de lo que se logró legislar, fuimos una bancada de dos, el compañero Pérez Correa y yo, bastante productiva. Sacamos sociedades de convivencia, ley de derecho de género para los transexuales, el tema de la eutanasia pasiva y permisión del aborto. Le cambiamos la vida a muchas personas porque antes las mujeres muy pobres abortaban con un gancho. Ahora, que nuestras hijas ante un embarazo no deseado puedan ir a cualquier clínica sin hacerlo a escondidas, me parece que es un avance, lo mismo que el hecho de que dos personas del mismo sexo puedan brindarse protección mutua.

17. Por iniciativas como ésas hay quienes lo señalan como el diablo, ¿qué le parece?
También tengo tíos y tías que se sienten muy mal. Lo curioso es que el 84% de las 14 mil mujeres que han interrumpido embarazos este año en el DF, dicen que son católicas.

18. Qué quería ser cuando era niño?
Piloto aviador o beisbolista.

19. Y ahora, de grande, ¿quiere ser presidente?
En lo que me resta de vida, me gustaría ver el arribo de un gobernante social demócrata.

20. ¿Ha vuelto a hablar con Patricia Mercado?
Hace como tres semanas que no, pero es probable que esta misma semana nos vayamos a comer. La aprecio y la considero mi amiga, pero creo que nos equivocamos todos.




NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

lunes, noviembre 03, 2008

Alabado sea el traidor





Viernes de Halloween y aquí anduvimos el Kikillo y yo... La foto es del blog del Gallo Ibérico, apenas me manden las de Ocesa publico más, pero este mai sí que se rifa.












Pasó a la historia como un traidor, pero de la puñalada que le asestó en la espalda fue que Jesucristo obtuvo su trascendencia.
Judas Iscariote, el apóstol incómodo, el mismo que se vendió por 30 monedas y como juguete de ese Dios se suicidó una vez que cumplió con su responsabilidad histórica, sirvió de inspiración para bautizar a una de las glorias más grandes del heavy metal.
Judas Priest, el grupo integrado en la actualidad por Rob Halford, Glenn Tipton, K.K. Downing, Ian Hill y Scott Travis regresó a nuestro país para ofrecer una misa cercana a los dos horas de la cual salimos gritando a los cuatro vientos: ¡Demos gracias al Señor!
Agradezcamos que a casi cuatro décadas de su formación, la banda británica se plante en el escenario con ese mismo temple, que los miles y los miles que asistimos a su liturgia nos sentimos con ganas de arrodillarnos ante el inmaculado brillo de sus estoperoles.
Lo mismo es motivo de alegría con esa potencia y velocidad, el Palacio de los Deportes se convirtió en un templo donde podemos confesar nuestros pecados y recibir la hostia de la salvación. ¡Oh, sí, Dios del Metal, Mr. Halford! ¡Confieso que he pecado! ¡El otro día bailé con mi novia en la fiesta de su prima! Y entonces, el sacerdote, con su característica calva y su anatomía toda envuelta en cuero negro, me obligó a azotarme la espalda y rezar, hasta quedarme ronco, la letra de Metal Gods, la segunda canción de la noche.
Judas Priest vino a ofrecernos una nueva revelación divina, Nostradamus, su primer disco conceptual y de él ha elegido el sumo Pontífice sólo un fragmento de Evangelio para recetarnos a fuerza de gritos agudos que atraviesan el alma: Prophecy.
El resto de su ceremonia fue aderezada con viejos himnos que cantamos porque ya forman parte de nuestra naturaleza metalera: Eat Me Alive, Breaking The Law, Messenger Of Death y Electric Eye. En casi todas, el fondo del escenario se transformó con mantas descomunales en las que aparecieron tanto el rostro del profeta Nostradamus, como el símbolo contundente del sacerdote Judas o el ojo eléctrico que con su mirada omnisciente a todos nos vigila.
Antes de Judas, los californianos de Testament calentaron los ánimos de los presentes y a través de los estentóreos bramidos de bestia del vocalista Chuck Billy, desataron un brutal slam que semejaba un torbellino de carne en el que los cuerpos de los pecadores eran triturados en vida hasta que sus huesos se hicieran polvo. Entre las rolas que se escucharon destacaron The New Order y Meets The Eye.
¡Milagro! Alguien no paró de convertir el agua en cerveza durante la ceremonia entera y aquella proeza fue suficiente para alguien tomara la Caguama y ordenara: “tomad y bebed todos de ella”. El traidor, nos obsequió una noche apabullante, una experiencia religiosa e infernal al mismo tiempo. En mi memoria aún persiste la visión apocalíptica (tantas veces repetida pero que no aburre) de Rob Halford montado en su motocicleta y aquel caballo de hierro rugiendo a todo volumen mientras el resto de la banda comenzaba a tocar Hell Bent For Leather. Alabado seas, Judas.









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