jueves, junio 28, 2007

La Condena



Los dedos de aquel hombre a quien llamaban el Nazareno, quemaban.
Sus yemas se sentían suaves, como las de alguien que hace tiempo no trabaja con las manos, pero ardían. No irradiaban el calor del desierto, seco igual que los resoplidos de un toro, sino el de una fricción vigorosa realizada sobre un músculo lastimado.
Jeremías permanecía inmóvil, con la gelatina de sus ojos siendo masajeada por el hombre aquel. Hacía diez años que dos caracoles sin concha habitaban en su rostro, desde que se quedó dormido de cara al sol y las dagas de luz perforaron sus retinas.
El Nazareno musitaba una oracion mientras sobaba los ojos de Jeremías. Su voz no se parecía a ninguna que el ciego hubiera escuchado con anterioridad, con todo y que Jeremías era un coleccionista de voces.
Cuando deambulaba por el mercado, actuaba igual que un cirujano del aire. Del amasijo informe de sonidos que flotaba en el ambiente, Jeremías era capaz de identificar cada uno, como si tuviera un escalpelo para cortar el ruido. Sabía por dónde iban caminando las muchachas que llevaban vasijas de agua en la cabeza, sólo por el chapoteo que hacía el líquido mecido por el vaivén de sus caderas; lo mismo reconocía los ronquidos de un marrano desnutrido que yacía en su jaula agobiado por la sed.
Los rezos del Nazareno lo inundaban de somnolencia. Casi lo hipnotizaban.
Se dejó llevar hasta ahí, sólo porque los rumores acerca de las capacidades curativas del hombre se esparcieron con rapidez. Jeremías había dejado su esperanza de volver a ver en las recetas de decenas de magos y hechiceros, sin que nadie pudiera hacer nada por sus ojos muertos.
—Había olvidado cuántos colores tiene el mundo—le dijo uno de los invidentes a quien el Nazareno le devolvió la vista.
Vino entonces la ráfaga. Jeremías sintió que una energía incontrolable lo lanzó de nalgas contra la arena.
Parpadeó repetidamente y poco a poco, una imagen se formó delante de él. Era el Nazareno, con sus ojos tristes y pequeños, igual que los de un camello. Dos fuentes de cabello largo lacio y grasoso brotaban de su cabeza y le colgaban hasta los hombros.
Ya no rezaba: sólo una sonrisa había en su cara.
Le extendió una mano y Jeremías, aturdido, se puso de pie.
—¡Lo ha curado! ¡Lo ha curado!
Algunas ancianas se arrodillaron y alzaron sus brazos huesudos al cielo.

Rumbo a su casa, no sólo le resultaba extraño el hecho de caminar sin bastón, sino que además Marina, su esposa, continuaba sujetándolo del brazo igual que cuando estaba ciego.
Aunque le placía ver de nuevo, percibir con toda su hermosura las formas del mundo, era incapaz de mirar al sol. Ya fuera por el rencor que le guardaba al astro después de haberlo condenado a una década de tinieblas o simplemente porque no se adaptaba a su luminosidad, Jeremías avanzaba con la mirada clavada en el suelo.
Cenó muy despacio. Se dio tiempo para examinar detenidamente el pan, igual que un niño que explora el mundo por primera vez. El sabor no era el mismo. De hecho, casi le resultó desagradable, igual que el vino con que se remojó los labios.
Marina lo llevó a dormir, le aconsejó descansar por las emociones que había vivido durante el día. La noche le devolvió al hombre algo de tranquilidad; se sentía mucho más seguro cobijado por la penumbra, percibiendo únicamente sombras de su casa.
La voz del Nazareno no lo había abandonado durante la tarde entera.
Cerca de la medianoche, se despertó y comenzó a besar frenéticamente a su esposa. Marina se despertó, extrañada, pero le correspondió. Ninguno de los dos dijo palabra alguna. Habían pasado muchos años sin que hicieran el amor ayudados por algo más que el tacto y el sonido. Para Jeremías, fue la oportunidad de recorrer desesperadamente el cuerpo de su mujer, diez años más vieja de cómo la recordaba. Con los ojos del hombre, se fueron muchas imágenes que se resistían a volver.
Se llenó los pulmones del sudor de Marina y los labios de su saliva. Ella se dejó penetrar. Acarició la espalda de Jeremías, abandonada al placer. Terminaron una hora después y ella se quedó profundamente dormida.
Él, en cambio, no se sentía cansado. La noche le trajo nuevos bríos. Se puso y de pie y buscó su pipa. La encendió, pero no pudo fumar. La primera calada le dio tanto asco que tuvo que arrojar la pipa al suelo mientras tosía. Entonces vomitó el pan y el vino. El ansia lo atacó con más fuerza. De todos lados volvieron a brotar los rezos ininteligibles del Nazareno, igual que el siseo de una serpiente.
Jeremías caminó por la casa igual que una fiera acorralada. Sus miembros tenías mucha fuerza y con ellos arañaba el piso.
Miró a Mariana, que continuaba desnuda en el suelo, cubierta parcialmente por una manta. El cuerpo que brillaba de tanto sudar, los pechos inertes encima de su corazón, el cabello como una araña muerta encima de su rostro y en el cuello, la yugular que palpitaba escandalosamente.
Jeremías se le fue encima, enloquecido. Los clavó los dientes en el cuelloe igual que un tigre, le arrancó un buen pedazo de carne. Siguió mordiendo hasta que pudo desprender la cabeza y un chorro de sangre le escurrió por la barbilla. Marina ni siquiera fue capaz de gritar por útima vez antes de morir. Su sangre negra se confundió con la noche.
El cuerpo degollado se convulsionaba y Jeremías le destrozó el vientre hasta que tuvo expuestas las tripas. Desesperado, se las llevó a la boca.
Entre gruñidos animales, el hombre desgarró también el pecho. Primero la golpeó con una piedra para ablandar la carne y romperle las costillas. En sus manos, la piel se rompía como si fuera de tela. Los órganos le supieron exquisitos pues algunos aún estaban calientes.
Con la llegada del alba, un fuerte olor a podrido invadió la casa de Jeremías y Marina.
Él no estaba ahí. Dentro de una cueva dormiría hasta que de nuevo se hiciera de noche.
En su cabeza continuaban resonando los rezos del Nazareno.





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miércoles, junio 27, 2007

Duendes en tus sueños



A MAYA


No sé si tendrás duendes
en tus sueños
o si un vampiro te corta
la respiración

Ignoro si las pesadillas
enfrían tus sábanas
o si esta mañana una mariposa
te arrancó una lágrima
y la secó otra vez con su batir

Mis ojos se vuelven ciegos
por culpa de la geografía
Mis oídos son sordos a tu risa
pero mi corazón tiene memoria
y me administra
píldoras de tu recuerdo
para no enloquecer de tristeza

Quizá yo no esté el día
en que tus planos vestiditos
se conviertan en escotes juveniles
cuando cambies tus muñecas rotas
,de tan jugadas,
por la mano temerosa de un muchacho

Sólo espero que hasta ese rincón de tu vida
cuando mis cabellos se abalancen hacia abajo
sigas creyendo en mis cuentos
y mirando mis ojos
en la pared interior de los tuyos




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viernes, junio 22, 2007

Crónicas tapatías: Hasta el tequila tiene grupis


Él es el jimador en cuestión...

Yo quiero que me entierren
en la tierra del tequila
entre puros magueyes
que me rieguen con cerveza, la bebida
bebida de reyes


Cuca. Alcohol y rocanrol.


Por azares del destino y esas cosas raras del trabajo, me encuentro en Guadalajara cubriendo la presentación del nuevo disco de una conocida estrella del pop y el ranchero, cuyo nombre es el mismo de un conquistador que casi logró someter a Europa, Asia y Africa casi enteras y su apellido coincide con el de un legendario periodista autor de "El periquillo sarniento".
Llegamos a Guadalajara ayer y de inmediato nos desplazamos a Tequila, el pueblito donde habría de tener lugar la entrevista con la aludida estrella del pop a quien por cierto le gusta cantar que perdió a una mujer tanto como si hubiera perdido a un astro luminoso.
El primer obstáculo que los periodistas tuvimos que sortear fue la desventura de que el chofer de la camioneta desconocía el lugar exacto donde se ubicaba la Hacienda Cuervo, donde habría de realizarse el encuentro. Así que después de atravesar en su totalidad la avenida (es un decir) de Tequila, ya nos enfilábamos por la carretera sumbo a Colima cuando la jefa de prensa de Sony le preguntó al chofer, un tipo sombrerudo, bajito y medio babas:
-Oiga, ¿sabe a dónde vamos?
Es imposible reproducir la ira de la mencionada gerente de relaciones públicas de la empresa que alguna vez fue de Tommy Mottola cuando el señorcillo respondió, con un iconfundible acento de provincia:
-Es que no la hallo, señorita...
Lo peor vino después. Tuvimos que dar vuelta en "u" en plena carretera y el hombrecillo lo hizo de una manera tan lenta, que un tráiler estuvo a punto de arrollarnos...
Total, llegamos a Mundo Cuervo (así se llama la Hacienda) y nos entrevistamos con AF (youknowwhatImean)en la cava familiar del lugar, un caverna ubicada a 5 metros de profundidad, donde la temperatura oscila entre los 15 y 18 grados centígrados para no alterar la calidad del tequila que se guarda en unos recipientes de vidrio soplado llamados duermejuanas. Alcancé a ver que algunos de los tequilas databan incluso de 1890.
Total que salimos y después de enviar, nuestras notas caminamos por los alrededores.
Hoy regresamos a Tequila (el pueblo) para cubrir la conferencia de prensa con el ya varias veces sugerido artista.
Pero antes, los organizadores de todo el borlote nos llevaron a conocer los plantíos de agave de donde se extraen los miles y miles de litros que semana a semana nos bebemos en la capital y que nos hacen ir a parar a las mazmorras del alcoholímetro.
Ahí, dos jimadores nos mostraron cómo se realiza la "jima", es decir, la cosecha del agave del cual se destilará ese líquido que nos gusta mezclar con jugo de naranja, cocacola o solito.
Me pareció muy simpático que las enviadas de países como Colombia, Argentina o Estados Unidos no paraban de tomarse fotos con los jimadores, en una actitud de completas grupis.
Incluso una, despampanante morena venida me parece de Costa Rica, le ordenó a uno de los campesinos (que remataba su traje de manta con unos flamantes tennis Nike blancos y originales) que la abrazara por la cintura en vez de sostener su machete:
-¡Abrázame!- le ordenaba, urgida, como si se trata de Jim Morrison y no de un campesino que seguramente nunca se había visto tan asediado por las féminas.
Cuando el tipo en cuestión, que se puso de todos los colores, le colocó la mano en la cintura con timidez, ella reviró:
-¡Fuerte, Ismael! (así se llamaba el sujeto) ¡Al fin no te va a ver tu esposa!
Digo, si así controlaran a los de Atenco cuando sacan los machetes en Paseo de la Reforma, si en vez de mandarle granaderos les mandaran centroamericanas calientes y si en lugar de encuerarse los campesinos frente a la Secretaría de Gobernación, lo hicieran reporteras con suculentas anatomías, seguro viviríamos en una ciudad más feliz...
Total, cubrimos la conferencia de prensa con el cantante y después del trabajo, los reporteros nos lanzamos a peinar la zona. Yo me introduje en la Catedral porque si bien soy ateo y hasta sarcastánico (o sea satánico por sarcástico), la mejor manera de enfrentar al enemigo es conocerlo.
Tomé la siguiente imagen:



Todavía sigo intentado averiguar si se trata de una manifestación de fe casi nirvánica o de un viejito dormido...
Bueno también tengo inclinación por las imágenes "gore" y qué mejor que la más clásica de todas, la Santa Madriza, aquella muestra de barbarie y crueldad a la que el mundo entero le rinde culto:



Creo que por comentarios como estos me castiga la Entidad Divina.
Y mi pena es que hasta los jimadores del agave tengan grupis buenísimas... y los periodistas no.
Salud.

Tequila, Jalisco

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martes, junio 19, 2007

Fray Tomás de las Hienas



Fray Tomás de las Hienas

A segundos de ser llevado a la horca, el Fraile aún decía con los ojos bañados en llanto:
—¡Esto que vais a cometer es una completa injusticia, una barbaridad!— repetía mientras sus pies arrastraban largas cadenas— ¡Ustedes van a matarme en nombre de quien debería ser asesinado por la humanidad entera!
El guardia le propinó un buen golpe con el mazo de su lanza y lo obligo a callar:
—¡Deja de blasfemar, hereje!
Fray Tomás de las Hienas, un clérigo a quien desde su pubertad se le había enclaustrado en un monasterio italiano y que debido a su fascinación por las Sagradas Escrituras no le importó sacrificar su vida entera al estudio de la palabra de Dios, fue llevado hasta el patíbulo y asesinado en medio de la sociedad entera, como sucedió en los tiempos de la Inquisición, para que el resto escarmentara.
Todavía con lágrimas en los ojos y la cuerda envuelta en su cuello, Fray Tomás alcanzó a gritar a la multitud:
—¡Idiotas! ¡Por lo menos yo podré mirar a los ojos a quien durante tanto tiempo nos ha visto la cara!
A punto de expeler el último aliento, gritó a todo pulmón:
-¡Arriba Dios Nuestro Señor! ¡Muerte al traidor Jesucristo!
la multitud reunida en la Plaza de San Pedro suspiró aliviada cuando el cuerpo como botija del clérigo se balanceaba como un péndulo. Incluso el Papa sonrió discretamente, imaginando que los ángeles habrían de perpetuar el castigo que los hombres iniciaron.

Llegué al Vaticano como cualquier turista, aunque en mi corazón nunca dejé de ser reportero.
Una noche antes de su ejecución, pude entrevistar en su celda a Fray Tomás de las Hienas -nombrado así por descender de una antigua orden de eruditos religiosos cuya risa se asemejaba mucho a la de los famosos caninos— y me contó, de viva voz, las conclusiones a las que había llegado luego de entregar 50 años de los 65 que tenía, a quemarse las pestañas con cuanto pergamino, tratado o estudio existiera acerca de las Sagradas Escrituras.
El Vaticano se limitó a comentar que Fray Tomás de las Hienas había traicionado su fe y que por eso debía ser ejecutado, nunca ofreció detalles acerca de sus culpas.
Yo me hice pasar por corresponsal de un periódico extranjero, uno de extrema derecha, que habría de presentar la última entrevista con el controvertido personaje como el testimonio de su locura, de su herejía y como el documento histórico que avalaría su ejecución.
En realidad, yo sólo tenía curiosidad.
Platiqué media hora con Il Mostro (así denominó el Papa a Fray Tomás de las Hienas y así me ordenaron que debía llamarlo), un tipo bajito y botijón que para entonces lucía sucio y maloliente, por el tiempo que lo mantuvieron preso e incomunicado en un calabozo en los sótanos de la Plaza de San Pedro. Hablaba muy poco, sus respuestas eran más crípticas que claras, pero en el fondo se moría de ganas por contarme su verdad... aunque no ignoraba que quizá nunca la haría pública.
He aquí las notas que tomé de esa conversación:

¿Por qué lo han condenado a muerte?

¡Por que el Vaticano nos ha ocultado una gran verdad a lo largo de dos milenios!

¿A qué se refiere?
Verá, después de varias investigaciones, de comparar las versiones de cada uno de los Evangelistas, San Mateo, San Juan, San... ¡todo son absolutamente irrealidades! cada uno de ellos fue comprado o amenazado de muerto por Cristo para que escribieran lo que escribieron...

¿Podría ser más específico?
Está bien: Cristo no es el señor de los cielos, sino un impostor. Ese hippie de cabello largo, que multiplicó los panes y convirtió el agua en vino, no es más que un traidor... un asesino a sangre fría, un dictador aún más enfermo que Pinochet, Franco o Díaz...

¿Cómo ha llegado a esa conclusión?
No ha sido sencillo. Sería muy complicado y consumiríamos el total de nuestra entrevista. Pero puedo decirle que Cristo, el hijo de Dios, le dio un golpe de estado a su padre.

Debo hacer un paréntesis para indicar que este punto estuve a casi nadie de desternillarme de risa, pero la profesionalidad del periodista me animó a seguir adelante.

¿Con qué pruebas cuenta para sustentar esa versión?
Mire, le voy a contar lo que de verdad sucedió. Cristo ansiaba el trono de su padre, es decir, de Dios Padre, y lo convenció de que lo enviara a la Tierra hecho hombre para sacrificarse y borrar los pecados de la humanidad entera.

¿Y porqué habría de hacerlo?
Simple política, si hasta Maquiavelo lo hubiera adivinado: Cristo deseaba ganarse la simpatía de los humanos, ver su rostro impreso en carteles, en figuras de tamaño real, en estampas, etc... sólo deseaba dejar su imagen y carisma bien grabadas en quien iba a gobernar.

¿Y luego? ¡Nosotros lo matamos! ¿Por qué lo permitió?
Porque así se convertía en mártir y generaba más empatía con la gente. Hoy en día nos seguimos sintiendo en deuda porque Él se sacrificó por los pecados del mundo. En realidad sólo nos utilizó para salirnos con la suya.

¿Entonces, todo fue un montaje?
De ninguna manera. Él necesitaba regresar al Cielo y asesinar a Dios Padre. Entonces instauró su reino en vez del de su padre.

¿Y la resurrección y la ascensión?
Su resurrección fue la prueba fehaciente de la traición. Es decir, una vez muerto Dios Padre, Cristo se convirtió en el nuevo dios.

¿Y porqué no renegó del régimen anterior, como Pinochet?
Porque entonces se habría convertido en un dictador odiado y Dios Padre en un héroe. Pero por el contrario, al decir "Padre nuestro que estás en el cielo..." hizo pensar que Él, Cristo, era el heredero del viejo régimen y que Él, Dios Padre, le había dado el poder.

Una última pregunta (así dije pues un elemento de la la Guardia de Suiza venía a buscarme) ¿Cómo es que se ha enterado de todo esto?

Fray Tomás de las Hienas ya no alcanzó a responderme.
Y hoy por la mañana fue sacrificado.
En lo personal creí que todo era una locura pero mientras me ausenté unas horas de mi cuarto de hotel con el objetivo de bajar a cenar, alguien entró en mi cuarto.
En los pasillos me topé con un hombre muy alto, que ocultaba algo bajo una gabardina, en forma de una joroba gigantesca. Al chocar conmigo, algo luminoso cayó de su espalda.
Se trataba de una pluma de ave.
Luego, al revisar mi laptop, encontré que alguien había hurtado de mi grabadora el cassette con la entrevista.
Sólo quedaban mis notas, encima de las cuales colocaron ua Biblia y un letrero a manuscrita que decía:
ESTA ES PALABRA DE DIOS


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viernes, junio 15, 2007

OKULT



Como algunos lo saben y otros sólo lo han oído, en mis tiempos libres le doy al metal en una banda:
Nos llamamos Okult y la integran Kikillo en la lira, Charlie en el bajo, Perro en la batería y Gore en las voces...
Este sábado se llevará cabo el toquín de despedida, ya que el Charles se nos va a radicar a las Europas, pero ni modo, así esto de la música.
Si les laten los covers de metal tocados a mil por hora caíganle a casa del primo de Charlie, y más si el estómago les da como para ir hasta Aragón

Sábado 16 de junio
Avenida 519 Número 78
Unidad San Juan de Aragón
Primera Sección
21 PM
Lleven sus chelas





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jueves, junio 07, 2007

GNR: Apetito por la nostalgia




Al Perro, mi primo, quien me presentó a...

¡¡¡Guns-and-Roses-Guns-and-Roses-Guns-and-Roses...!!!
El martes en la noche fui al concierto de Guns and Roses. Bueno, de Axl y sus nuevos músicos que tocan canciones de Guns.
Si quieren leer una escelente crítica-crónica de lo que ahí sucedió, que se inscriba en los límites de lo músical, les recomiendo echarle un ojo al blog del Chico Migraña.
Yo pienso hablar de otra cosa que igualmente tiene que ver con Axl, Duff, Slash, Matt y Dizzy.
No lo puedo negar, el toquín me trajo muy buenos recuerdos aunque sin pretender hacerme el azotado, le neta siempre me toca ver los retazos de tiempos mejores.
La cosa es que con Guns tengo buenos recuerdos, aquí comparto algunos:

Llorando bajo la lluvia
Fiel a mi inclinación fantástica, sucede que cuando tenía 13 años viví en una colonia que se llamaba Valle de los Ensueños, a la orilla de un lago, en el corazón de Cuautitlán Izacalli. La calle se llamaba Gnomos y si no lo he olvidado, yo habitaba la casona negra del número 112.
Ahí conocí a Ivette, una linda vecina rubia, de ojos verdes y muuuy bonita.
A la postre, fue mi novia y nos dimos dos o tres besitos de pollito.
Después nos volvimos los mejores amigos y hasta inventamos el choro de que éramos medios hermanos. Le enjeraté a una imaginaria "canita al aire" a mi padre y sin deberla ni termerla, de la noche a la mañana mi progenitor se convirtió en el padre de Ivette. Como sus propios padres estaban divorciados, a los cuates de la cuadra no les costó trabajo creer el cuento.
Un día Ivette y yo nos quedamos solos en su casa. Su mamá había salido y no regresaría hasta el otro día.
En mitad de la noche nos salimos a mojarnos con la lluvia mientras ella sintonizaba Don`t Cry (¡todavía en cassette!) a todo volumen.
Fue la primera vez que escuché Guns, aunque lo confieso, pensé que era una banda similar a Poison, algo así como una efectiva fábrica de power ballads.

Mi primera grupi
La vida me llevó a las playas de Acapulco. Le ofrecieron trabajo a mi papá en el puerto y hasta allá fuimos a dar todos.
En una visita que hizo mi tía Guadalupe con mi primo Jorge, El Perro para los cuates, desde el DF, él me contó que fue al concierto de Guns and Roses en el Palacio de los Deportes. Me hizo una reseña tan pormenorizada de la experiencia que fue admirar en vivo a la que por mucho es una de las agrupaciones más peligrosas del mundo y al final (y hasta la fecha) lo envidio con todas mis fuerzas.
Me prestó sus cassettes: Apetite for Destruction, Lies, Use your Illusion... ¡me voló la cabeza!
Fue El Perro quien me presentó también a Metallica, Iron Maiden, Cathedral, Sepultura, Helloween, Megadeth y tantas y tantas bandas que hoy forman parte de mi cultura musical.
Cuando hube regresado al DF a vivir, fue el Perro quien formó la primera banda en la que él tocaba la guitarra y yo cantaba (Migraña, por cierto, se llamaba). Él me animó a echarme un palomazo en mi secundaria, con una banda sin vocalista. La canción que canté fue precisamente Sweeth Child o' Mine y, vaya, cuando me bajé del escenario todo apenado la vida me premió con mi primera (y no porque haya tenido muchas) grupi, una compañera de la secu que me llevó a un rincón oscurito para que nos echáramos un faje, calentada ella, dijo, por mi actuación sobre el escenario (¡Ja!).
Por aquel entonces yo usaba un chaleco de mezclilla todo madreado, con un parche con la cruz de Apetite for destruction en la espalda.
Casi quince años después de que el Perro me presentara a Guns, un dia estábamos ensayando en casa de Kike, el guitarrista de Okult (la banda con la que actualmente tocamos, sólo que ahora con mi primo en la batería), de repente a alguien se le ocurrió que palomeáramos Sweet child.
No sé si salió o no chida, pero al final El Perro y yo nos sonreímos.
No fue necesario decir más.

Goya, Goya...
Hace mucho tiempo, no recuerdo cuánto, vino Steven Adler a México (al Bulldog) con su banda Adler's Apetite, con la que el baterista interpreta todo el único disco en el que tocó con la banda de Axl.
Una semana antes fui a ver a Helloween al Circo Volador y conocí a una metalera.
Nos hicimos la plática y luego de ir a cenar, la invité al concierto de Steven Adler.
Una semana después, las chelas corrieron y corrieron y cuando me di cuenta, ambos estábamos bastante borrachos.
Total, que la calentura nos rebasó y mientras Steven Adler aporreaba su batería en el escenario, nosotros nos dimos a la tarea de llevar a cabo una parodia a la mexican de la letra de It's so easy. (So come with me, don't ask where 'cause I don`t konw)
Al salir, cada uno teniamos nuestr auto en el valet parking, pero mi compañera se sentía demasiado ebria para conducir, así que le ofrecí que nos fuéramos en el mío hasta su casa, dejara el suyo en la calle y al otro día (aunque eran casi las 5 de la mañana) iba a traerla para buscarlo.
Ella dijo no.
Le propuse entonces que yo dejara el mío, pero también se opuso y la neta no me convencía la idea de abandonar mi auto a su suerte.
Esta bien, concluí un poco enfadado, vete en tu auto, muy despacio y yo te voy a escoltar, despacito, atrás y ojalá nunca nos agarre la patrulla.
Ella se rehusó.
Ya un poco molesto le propuse que nos quedáramos a dormir en un hotel cercano ( esta misma anécdota revela el nombre), prometiéndole que no intentaría pasarme de lanza con ella. Sé que nadie lo cree, pero juro y perjuro que era neta.
También se negó.
En ese momento llegaron los empleados del valet con nuestros autos y mi compañera, muy tomada, se subió al suyo.
-¡Conduce muy despacio! -le dije- Voy a seguirte de cerca para que no te pase nada, ¿dónde vives?
Ella asomó la cabeza por la ventanilla y me respondió:
-¿Para qué? Si el hotel está a la vuelta de la calle...
El resto es historia.
Guns lo puede decir mejor en Rocket Queen, una de mis favoritas del Apetite:

I've got a tongue like a razor
A sweet switchblade knife
And I can do you favors
But then you'll do whatever I like




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lunes, junio 04, 2007

"Mi papá es dark"



De entrada no me gusta la palabra dark, pero "gótico" era muy complicado para que mi hija se lo aprendiera.
Sucede que hace como un año, cuando ella tenía 7, veníamos caminando por los andenes del metro Tasqueña y una pareja de góticos lo hacía en sentido contrario a nosotros.
Cuando se acercaron lo suficiente, la muchacha me ofreció una de las rosas negras que ambos vendían. Se la compré porque me gusta mucho adornar mi casa con esas flores, y mientras buscaba monedas en mi mochila, noté que Maya miraba muy extrañada la pinta de los dos sujetos. Un largo rato se clavó mi pequeña en el vestido de terciopelo de la mujer, los anillos ostentosos del chavo y el delineador negro debajo de los ojos de cada uno. Su inquietud era infantil, inocente y bastante lógica pues lo mismo le pasó la primera vez que vio a una persona afroamericana: siempre le da curiosidad todo aquello a lo que no está acostumbrada.
Pero de ninguna manera se asustó, dijo que la muchacha parecía una princesa de un cuento de terror y el chavo era un vampiro como los que veía en sus libros y en la "película de Jack" (así le dice a The nightmare before Christimas, una de sus favoritas)
Cuando pagué por las flores, (compré un par y una se la obsequié a Maya), mi hija me preguntó porqué esos chavos se vestían y maquillaban de esa forma.
"Son darks", le dije y comencé a explicarle, de la manera más sencilla que hallé, de qué va todo este rollo de la cultura oscura.
Pasada una semana, me platicaba mi hija que estaba en el recreo con sus amigas cuando comenzaron a platicar sobre las profesiones de sus padres. "Mi papá es doctor", dijo una de las niñas y explicó que su progenitor se ganaba la vida curando a los demás. "Mi papá es arquitecto", compartió otra de las compañeritas de Maya e hizo mención a lo bonitas que le quedaban las casas a su papito.
-¿Y tú les dijiste que soy reportero, mi hija, que escribo en los periódicos?- le pregunté.
-No- respondió mientras sus ojos se iluminaban de una pícara ilusión- les dije que mi papá era dark.
La anécdota no acaba ahí.
Su madre, de quien estoy separado hace algunos años pero nos une una buena amistad, me confesó hace poco que después de ese día Maya le preguntó si podía ir a su día de "Padres e hijos en la escuela", en el cual los jafes de familia asisten al salón para hablar con los niños acerca de su trabajo.
Mi ex sabe que ese tipo de encuentros me fascinan, por lo que respondió:
-Dile a tu papi, Maya, y si no puede, entonces yo voy...
Maya le explicó a su vez:
-Es que cuando le dije a la maestra que mi papá era dark, me pidió que mejor fueras tú...

Lo bueno es que vivimos en un país tolerante.
Nada más le recuerdo a esa maestra que este "Dark" es quien paga su sueldo.

Maya: nunca dejes de ser niña, aunque crezcas.




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sábado, junio 02, 2007

Las drogas instruyen



Este artículo se publicó en la Revista Gótica hace unos meses...


¿Quién es más feliz, dime? —le pregunté a Llely en alguna parte del viaje— ¿el primer hombre o el segundo?
Parecía una pregunta capciosa, porque de inmediato sus ojos se iluminaron y su boca estuvo a punto de pronunciar "el segundo" cuando se detuvo y lo pensó mejor.
Yo mismo lo he hecho, porque ignoro si la pregunta tiene una respuesta correcta, como nos enseñaron en la escuela que tiene que ser.
Más o menos se lo había planteado así a Llely: Imagina dos hombres; el primero es un tipo al que desde pequeño le inculcaron que cuidara su cuerpo y su mente. Cuando era niño hacía deportes, pero al crecer ir al gimnasio era más que un hábito, un acto irreflexivo. Siempre se preocupó por cuidar su cuerpo y no comió aquello que podía dañarlo. Además, se hizo chequeos médicos una vez al año y procuró nunca fumar, beber o consumir drogas.
Sin embargo, vivió permanente bajo el yugo de un incontrolable miedo a que le sucediera algo malo. Que si la comida, la bebida, las desveladas e incluso el constante cambio de parejas sexuales podrían atentar a su salud.
Este hombre hipotético, al cual llevé a los extremos en mi suposición, vivió hasta los 90 años. Gozó de cabal salud y de hecho, falleció de muerte natural, en paz y sin dolor.
Muy bien, ahora veamos la otra parte de la historia. El segundo sujeto imaginario vivió a tope. Experimentó con todas las drogas y los excesos, sin temer jamás a sus consecuencias. Vivió más tiempo bajo los efectos de un viaje y una borrachera que en su sano juicio. Aunque las resacas resultaban fatales, él de inmediato ingería más sustancias que lo llevaran de nuevo a su Olimpo particular.
Vivió únicamente hasta los 35 años y de hecho, el último fue en medio de una feroz agonía, factura de su libertinaje.
—Piénsalo bien—le insistí a Llely. No es tan fácil como parece.

La verdad en la mentira
Gente como Edgar Allan Poe, Louis Carroll, Bram Stoker o incluso, Jim Morrison, Kurt Cobain y ese a quien tanto admiramos, Rozz Williams de Christian Death llevaron, aunque no de una forma tan extrema como en el ejemplo, una vida similar a la del segundo hombre.
Sus abusos de drogas como la mariguana, el LSD y el alcohol mismo desembocaron en obras literarias y musicales que hoy en día continúan deslumbrando y seduciendo a generaciones. Pero más allá de los efectos que sus creaciones pueden provocar más allá de su propio tiempo y espacio, es menester considerar que lo que nos ofrecieron fue un pequeño fragmento de sus viajes.
Cuando menos al encontrarse en la cima eran felices y estuvieron más tiempo en la cima de lo que se les confirió a la cruenta realidad de sus miserias.
¿Fueron felices?
No es tan sencillo responder. Morrison, por ejemplo, murió en una tina de baño y Allan Poe dejó de existir en la total desolación ¿Vale más la pena un año de cirrosis a cambio de 40 de exquisitas borracheras?
Vale la pena pensarlo. Al fin y al cabo, el paraíso que ofrecen las drogas es una mentira. Eso, ni los que alguna vez hemos fumado, bebido y probado cualquier cosa podemos negarlo. Lo que es real es el daño que hace a nuestros cuerpos y mentes. Del mismo modo, la verdad que reditúa en el culto exgerado a la salud es mucho más insípida que las mentiras de las drogas. Es decir, aquel que vive en una borrachera irreal ni cuenta se da que es irreal, porque permanece permanentemente dentro de ella. O sea la realidad le vale madre y de todas maneras es feliz.
"El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría". Esa fue la consigna de William Blake y bien vale tomarla en cuenta, porque al fin las drogas si permiten elevarse a niveles cognocitivos que la realidad pocas veces ofrece. Quienes practican el yoga y otras variables de meditación dicen que sí, pero nadie se pone de acuerdo.
"Mente sana en cuerpo sano". Esa es la otra cara de la moneda. ¿Mejor, peor? Ambas cuentan con defensores y detractores.
El gran problema de las campañas anti drogas, siempre he sostenido, es que se nota que quienes las diseñan jamás han probado alguna. En pocas palabras, satanizan lo desconocido en la misma medida que quienes utilizan todo clase de estimulantes idealizan su uso y minimizan sus daños.
Desde mi punto de vista ambos hombres son felices e infelices en la misma medida. El primero vivió con miedos, pero sin dolor. El segundo experimentó horribles dolores, pero nunca temió. Ambos vivieron su vida como quisieron y eso los hizo triunfadores. El mundo no necesita más Jim Morrisons ni tampoco más Madres Teresas. Es más, sí los necesitan, porque lo que el mundo requiere son hombres libres, que vivan su vida de acuerdo con sus convicciones e ideosincracia; es decir, personas libres. Cuando menos, Llely se quedó pensando.



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

viernes, junio 01, 2007

¡¡¡Aviso de último momento: Conferencia Goliárdica!!!



Mis amigos H. Pascal y Manuel Sauceverde, sensai y segundo al mando de Goliardos, ofrecerán una conferencia sobre Ciencia Ficción, Fantasía y Terror en México.
Esto tendrá lugar este sábado 2 de junio a las 19 hrs. en el jardín Hidalgo de Coyoacán a propósito del Festival Para leer en libertad, ciudadanos en rebeldía.

¡Allá nos vemos!



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Los escritores y sus musas




A la mía, en zapoteco y en Transilvania

Las musas son criaturas fantásticas que se masturban en un tintero. Sus jugos lascivos se fusionan con la tinta que, diestramente manipulada por las manos de un creador, se traducirá en una obra de arte. Las musas son esas benditas y lúdicas putas que se acuestan con los creadores en los momentos más inesperados y que los dejan preñados de inspiración.
Edgar Allan Poe lo sabía bien. A los 18 años, en 1832, conoció a su enfermiza prima Virgnia, de 13, hija de su tía Mary Clemm. Luego de contravenir la voluntad de su tía, Poe logró casarse con ella en 1836. Virginia pasó gran parte de su matrimonio postrada en una cama, hasta que en 1847 la muerte la arrancó de los brazos del escritor. Sin embargo, para entonces la musa y la constante sensación de que en cualquier momento dejaría de existir sin que él pudiera hacer nada, había derivado en relatos como Ligeia, Berenice, Morella y Eleonora. Mezclados con opio y alcohol, las caricias mentales de su musa llevaron a Poe a los más majestuosos palacios de la creación.
Las musas no son en sí aquellas mujeres, u hombres, que han arrebatado de amor a los creadores y las creadoras. No cuando menos en el sentido más literal de la palabra. La musa es aquella idea del amor (o del desamor) que inspira a mover una mano y dar forma a una obra creativa. Porque tanto de las alegrías como de las desgracias han brotado piezas artísticas de gran trascendencia.
No era pues Cristina Peri Rossi quien inspiraba propiamente a Julio Cortázar, sino la manifestación del amor por la uruguaya lo que llevó al argentino a terminar obras que, aún a la distancia, continúan emocionándonos.
La musa es esa idea que entra por nuestra ventana cuando sin éxito nos sentamos frente al papel en blanco con la vaga esperanza de llenarlo de imágenes. La musa nos sopla al oído la historia, el poema, la canción o la pintura, detalle a detalle. Todo con tal de enamorar a esa mujer de carne y hueso. En ese sentido, la musa es la cómplice. Si por el contrario, queremos destruir a alguna mujer que nunca volteó a vernos con otra cosa que indeferencia o en su caso, una fémina desea destruir con un poema de desamor a aquel hombre que la traicionó, igualmente una musa acude a susurrárselo al oído.

La musa no quiere abrir las piernas
Las musas, sin embargo, son caprichosas. A veces acude a la cabeza el principio de una idea, pero se necesita de mucha perseverancia para logra que esa musa abra las piernas y reciba el cuerpo del escritor. Así, mientras se escribe (o pinta o compone música) el creador se encuentra haciendo el amor con la musa y de su orgasmo brota la obra de arte. Eso fueron La Divina Comedia, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha e incluso El Necronomicón: éxtasis creativos, orgías depravadas entre Dante, Cervantes y Lovecraft con sus musas.
En este sentido, cuando el creador no puede escribir es porque la musa, ente femenino que por definición es juguetón y caprichoso, se resiste a entregarse al creador. Son esas las noches en que ni una palabra brota de la pluma. Lo mismo aplica del muso a la escritora.
Es por eso que en ocasiones el creador se ve obligado a cumplir los estrafalarios deseos de las musas para que ellas, piadosas, le revelen los secretos de la inspiración.
Ejemplos sobran: Ernest Hemingway, se cuenta, solía escribir de pie…completamente desnudo. Y seguramente su musa se deleitaba en contemplarlo, con los testículos al aire, mientras ella le metía en la cabeza el argumento de Por quién redoblan las campanas. Stephen King, autor de clásicos de terror como Eso o Misery, ha dicho que no es capaz de teclear una letra si no es con música de Metallica o AC/DC como fondo, mientras que Víctor Hugo Razcón Banda, dramaturgo mexicano, lo hace con tres velas aromáticas dispuestas en triángulo y un tazón de nueces de la india a la mano.
Pero las exigencias a las que las musas someten a los escritores y que a los ojos del mundo pudieran pasar por extravagancias no acaban ahí. Jorge Luis Borges, por ejemplo, se daba un baño de tina todos los días y de no ser así, las ideas no fluían por su notable cerebro. José Saramago nunca escribe más de dos cuartillas diarias, por increíble que parezca. Gabriel García Márquez necesita una flor amarilla en su escritorio para ser capaz de trabajar mientras que Mario Vargas Llosa lo hace rodeado de figuras de hipotálamos, según consta en el libro Cuando llegan las musas, de Ángel Esteban y Raúl Cremades.
Nada es suficiente para satisfacer a una musa cuando ha llegado al nido de nuestra cabeza y desea echar una idea, como si de un huevo se tratara y como ave quisiera empollarlo hasta que se transforme en una obra de arte que despliegue sus alas.
Las musas son esas criaturas fantásticas que se masturban en los tinteros y cuando dejan de hacerlo el creador prefiere quitarse la vida, aunque eso es tema de otro ensayo.



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