lunes, abril 30, 2007

Palabra de navaja




Un piquete de navaja
Es tu ombligo
Y un delicioso corte
Son las líneas negras
Que pintas en la orilla de tus ojos
El delineador como un bisturí

………..

Otro corte de navaja
Entre tus labios
Es tu boca
Herida que cauteriza
Cuando te beso
Y que me infecta a mí

………..

El filo de una navaja
Son las puntas de tus cabellos
Que como picahielos
O vivos alfileres
Se me clavan en el corazón
Si te abrazo

…………

Dentelledas de mil navajas
Son tus caderas y tu cintura
Cinceladas con maestría
Y paciencia
Por la erosión del viento
De tus 24 años

………

La puñalada certera
Palabra de navaja
La herida suprema
Es tu vagina
Que sangra humedad
Para acallar la sed de tu siervo

………..

En tu herida de mujer
Me suicido
Con su filo
Me corto las venas
Soñando que mueres
Y yo resucito

…………..

Eres tú
La exquisita navaja
Que con sus embates
Me destripa el alma
Harakiri que drena
Lamentos de luna
Y pasión

…….


¿KIerESJuGAr?

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

sábado, abril 28, 2007

La asignatura prohibida



En todos los años que tenía dando clase en esta Academia, nunca conocí a una alumna tan destacada como ella. No recuerdo su nombre completo, quizá su apellido (Sánchez, me parece), pero ella me pidió que la llamara Caperucita. El juego me divertía, porque obviamente yo era El Lobo Feroz.
Caperucita era la amante del Lobo Feroz; junto a él compartía candentes piruetas sexuales a escondidas del Leñador, quien se moría de ganas de disfrutar del cuerpo de la muchacha. Sobra decir que en la fantasía inventada por la señorita Sánchez, el bueno del cuento quería degollar al Lobo.
Ella llegó a mi casa a cenar, algo así como pasadas las ocho. Preparé algo de pollo, una guarnición de chícharos asados y bastante vino con el cual esperaba ablandar la resistencia de mi alumna a practicar todo aquello que hubiera aprendido en el curso con el resto de sus profesores.
Caperucita se puso una minifalda gris, que apenas bajaba diez centímetros arriba de sus rodillas; también una blusa negra con la que el nacimiento de sus senos semejaba un oasis en el cual un Lobo sediento bien podría abrevar.
Luego de platicar un poco sobre el curso, la invité a fumar un cigarro de mariguana. Ella aceptó y dio varias caladas con entusiasmo.
Cuando los efectos de la hierba comenzaban a obnubilarnos el pensamiento y potenciaron nuestra lascivia, le comuniqué que primero haríamos la prueba oral.
Caperucita se puso de rodillas. Antes la besé con desesperación, paseando mis manos por su entera anatomía. Ella dijo que el tacto de las garras del Lobo le iba a romper la piel y que le agradaba bastante. Le alcé un poco la falda y comprobé que sus nalgas eran una escultura del Creador, dos construcciones de carne firme en la cual un canino podría hincar los dientes y la verga en furiosos intervalos.
La muchacha me bajó el cierre y en segundos tenía su boca rodeando mi miembro. Sabía hacerlo bastante bien, producto de sus años de estudio. Me confesó que ningún otro profesor le había presentado una verga de iguales dimensiones a la mía y en respuesta, la puse de pie. Yo me senté en una de las sillas del comedor y la invité a que ella sola se clavara en mi asta, lentamente, pues había comprobado que la chica estaba bastante húmeda.
Caperucita jadeaba con soltura, de su boca eran expelidos gemidos en la octava perfecta.
Sin duda el solfeo nunca tuvo una aplicación tan erótica.
Yo había puesto a los Smashing Pumpkins en el estéreo, y le susurré al oído que cada vez que los oyera, recordaría como su profesor le había medito la verga. La manejé como una muñeca de trapo, alzándola y volviéndola a sentar con fuerza sobre mi pene, que ya brillaba lubricado por sus líquidos vaginales.
Pude reconocer tres orgasmos. Lo que convertía a Caperucita en la mejor estudiante de la Academia era precisamente no sabía fingir: disfrutaba de verdad como toda una puta.
Me puse de pie y le di un trago a la cerveza. Ella, al igual que yo, estaba empapada en sudor y como pensé que estaba algo fatigada por el esfuerzo que hacía con las piernas en esa posición, la invité a que fuéramos hasta el sillón. Ahí le abrí las piernas, le alcé la falda y apenas haciendo a un lado su tanga, volví a penetrarla mientras le hundía la lengua en la boca.
La cogí con furia durante media hora hasta que no pude contener mi orgasmo. Le vacié un chorro de semen espeso (igual que nieve sexual) sobre los senos, que ella misma se encargó de liberar de su blusa.
Al final, le dije que había pasado la prueba y que, como le había dicho cuando la invité a mi casa, no sólo la aprobaría con honores, sino que le enseñaría aquella materia prohibida de la que tanto hablaban sus alumnos pero que los maestros teníamos vedada.
“Sufrirás mucho si te la enseño, ¿estás dispuesta?”, le pregunté a Caperucita y ella asintió.
Entonces le di un beso, uno muy tierno en comparación con los que le había prodigado en aquella sesión sexual y la despaché a su casa. Era bastante tarde.
Caperucita continuó visitándome. En cada una de esas audiencias, me la cogí furiosamente y siempre terminé los encuentros besándola tiernamente incluso varias veces en las mejillas. Ella se iba cubierta de semen y en extremo confundida.
Siempre le preguntaba por el Leñador y por su Abuelita.
Ella me juraba que no podía coger con él porque le daba hueva, que prefería las caricias enfermas del Lobo. También me confiaba que ya no encontraba mentiras que contarle a su Abuelita para escapar de la cabaña, para ir en busca de su Lobo.
Al final del curso, un día le dije a la señorita Sánchez que se graduaría y nunca volvería a verla.
Ella rompió en llanto.
“¿Y la materia prohibida? ¿No ibas a enseñármela?”, me reprochó. Dijo que la había engañado, que junto a mí sólo había practicado lo mismo que con el resto de sus profesores, que si quería cogerla era suficiente con que se lo pidiera pero que no era justo haberla ilusionado con aprender la materia prohibida.
Le respondí que ya la había aprendido, pero que no se daba cuenta. Tan peligroso era que yo mismo ya sentía los efectos y que no debíamos hablar de ello con nadie, pues podía costarme el trabajo y a ella la darían de baja de la Academia, arruinando su prometedor futuro en el campo de trabajo.
Antes de irse, volví a besarla y pensé que Caperucita se moriría de tristeza.

El día de su graduación, uno por uno los maestros de la escuela nos pusimos de pie para felicitar a la señorita Sánchez.
El encargado de enseñarle sexo oral, sus maestros de doble penetración e incluso la doctora en relaciones lésbicas no tuvieron sino palabras de halago para Caperucita. El profesor de fantasías sexuales la felicitó por haber adaptado un cuento infantil para convertirlo en una excitante perversión.
Caperucita era la alumna más destacada que había tenido la Academia Superior de Actores Porno en todos sus años de funcionamiento.
Cuando la vi ahí parada, con su toga, su birrete y el diploma firmado, no pude evitar acercarme.
Ella me sonrió.
“Ahora lo entiendo, sí me enseñaste la materia prohibida, la palabra que quienes nos dedicamos a esto no debemos mencionar nunca”.
Fui yo entonces quien le asintió.
“Supongo que nunca volveré a verte”, susurró con la voz entrecortada. Ahora la señorita Sánchez fue quien se despidió de mí con un tierno beso.
Se dio la vuelta y se marchó con sus compañeros de generación; como era la cosumbre celebrarían la obtención de su título con una despatarrada orgía.
Me quedé ahí, de pie.
No tenía duda que la señorita Sánchez sería toda una estrella y Caperucita sería su nombre artístico.
“Yo también te amo”, dije mentalmente mientras me prometí nunca volver a abrir los libros prohibidos para ninguna alumna.
Muchos menos escuchar a los Smashing Pumpkins.

¡Saludos desde la Riviera Maya!


NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

sábado, abril 21, 2007

Cocaína en el traje de Dios



Las estrellas son
pequeñas motas de polvo,
restos de cocaína,
en el traje de luto de Dios,
cómplices de los suicidas
y los poetas
ahogados en desamor.

Por es soy la nube negra,
una tormenta en espera
de llover en tus desiertos,
un arquero del diablo
dispuesto a asesinar estrellas
para cabalgar cada noche
encima de tu estela.

Soy el meteorito
que se estrella
en medio de tu universo,
el minuto de silencio
que guadarán cuando mueras
la estrella
que peinará tu cabello de ángel
la tormenta negra
que lavará tu recuerdo.



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

jueves, abril 19, 2007

Tokada y Fuga 2. Porno: propuesta para un séptimo y medio arte



De nuevo aquí reviviendo la columna que tenía en la extinta revista Rock Stage


“Respetemos eternamente el vicio y no combatamos sino la virtud”
Marqués de Sade




Lo confieso y me enorgullece: me gusta el porno.
He pasado horas delante de una pantalla contemplando ese espectáculo maravilloso y animal que es la copulación con una cámara de cine como cómplice. Reconozco que he visto bastantes kilos de buen y mal porno. Tengo a mis estrellas favoritas: Katsumi, Silvia Saint, Nikki Nova, Sky López y Sandra Uve, entre muchas otras diosas del firmamento lúbrico y pecaminoso. Y porqué no, existen hombres que merecen mi completa admiración por la calidad de doncellas a las que someten bajo el yugo de sus órganos.
¿ A quién no le gustaría ser Rocco Sigfredi o Ron Jeremy?
Fascinante es el porno si tomamos en cuenta los muchos años que lleva desarrollándose y aún continúa espantando a las buenas conciencias. Más admirable resulta su capacidad para consolidarse como una de las industrias más rentables, que ha sobrevivido a cualquier crisis, movimiento de bolsa y guerra mundial.
El porno ha ido en constante crecimiento.
En la universidad, mi profesor de Geopolítica siempre sostuvo que dos factores fueron los responsables del desarrollo de la internet: el instinto bélico y la pornografía. En su creencia, la internet fue concebida como una red de intercambio de información de inigualables dimensiones que podría definir el rumbo de una guerra; sin embargo, la pornografía alimentó la curiosidad de los usuarios de “carne y hueso” y posibilitó que la red internacional de información se popularizara y comercializara.
Ya lo había dicho Freud: el sexo es quien en realidad mueve al mundo.
De acuerdo con Salman Rushdie, la madurez de un pueblo se mide de acuerdo con su opinión acerca de la pornografía. En ese sentido, México está en pañales, aunque demás de Argentina y Brasil, sea de los contados países latinoamericanos que producen películas XXX.
Pues bien, no es mi intención hacer una disertación acerca de los orígenes, alcances y consecuencias del porno en este escrito. Es más, en realidad buena parte de las ideas que como semen derramaré en este texto no son propias, sino de Pascual Mosqueda, el imaginario presidente de una compañía productora de películas XXX que forma parte de una novela en proceso de elaboración. Pero bueno, si consideramos que Mosqueda es un tipo que salió de mi cabeza, entonces sólo he puesto mis ideas en su boca.
Número uno, el porno me fascina porque después de años de observarlo he llegado a la conclusión de que tiene sus propias reglas.
Antes que nada quiero compartir mi primer acercamiento al porno. Es verdad, a mis 28 ya son kilómetros de película las que han entrado por mis ojos en todas sus variantes (tríos HMH, MHM, orgías, sexo oral, anal, swingers, amateur, etc), pero aquel “desvirgue” visual aconteció cuando apenas tenía 12 años y vivía en el puerto de Acapulco. Alejandro, un vecino, llevó ese videocassette en un ya extinto formato BETA.
La colocamos en mi videocasetera.
Un policía se comunicaba con otro a través de la radio. Su compañero le respondía desde un lugar remoto. Entonces la acción se trasladaba hasta donde estaba el segundo: él platicaba con el primero mientras le daba por el culo a una mujer, presumiblemente casada porque el policía todavía tenía el descaro de decirle a su compañero, a través de la radio: “estoy allanando una morada… por la puerta trasera”.
En la siguiente escena, ambos policías se cogían a otra mujer, a quien habían acudido a interrogar acerca de los pormenores de un crimen.
Me gustó, no puedo negarlo. A partir de ahí me convertí en un coleccionista de porno que paulatinamente fue también saliendo del closet, a medida que mis amigos y después mis novias se descubrieron cómplices de mi gusto. Ahí comprendí el alcance del porno.
He aquí algunas de las reglas intrínseco que he descubierto en las películas prono.

Orden y caos
Si el orden lo representa la relación sexual convencional entre un hombre y una mujer, cualquier otra variante vendría siendo un caos. Por lo tanto una orgía, un trío, una penetración doble e incluso, un encuentro entre dos o más lesbianas tendría que ser una manifestación caótica del sexo. Sin embargo, en las películas porno eso no sucede. Así se trate de cuatro o cinco hombres cogiéndose a una sola actriz, todos se mueven perfectamente dentro de una coreografía. Es decir, representan el orden que prevalece dentro del caos.

Universos particulares
Situaciones que el mundo real podrían parecer estrambóticas, inusuales e ilógicas, dentro de las películas porno se ajustan a los límites de la normalidad, la “normalidad” de las películas hardcore. Por ejemplo, existe una en donde un tipo sale con su novia del gimnasio y ella empieza a realizarle una felación mientras el novio se apoya en el tronco de un árbol. Repentinamente ella se pone de pie y se va. La cámara la sigue hasta un jacuzzi, donde se baña el mejor amigo del novio. Ella se desnuda y se le acerca al amigo, para terminar cogiendo brutalmente con él. Entonces el novio se les acerca y entre los dos fornican con la mujer. Al final ella se retira y el novio le dice al amigo: “una vez está bien, pero si la vuelves a tocar te mato”. Fin. Todos amigos. Todos felices. Eso, sólo en una película porno.

Estilos personales
Como en la cinematografía particular, los directores porno le ponen su propia personalidad a sus películas. No se coge a lo loco, sino con un discurso y una coherencia que pertenecen al realizador. Sandra Uve, por ejemplo, es una directora española que jamás permite que los actores se corran en el rostro de sus actrices, pues lo considera un atentado sus principios feministas. En los filmes de Mario Salgieri, por ejemplo, las felaciones no son presentadas en forma de mujeres que succionan penes. Por el contrario, en escenas de este tipo la mujer se queda quieta y es el hombre quien saca e introduce, en repetidas ocasiones, su miembro en la cavidad bucal de la compañera. Es más, a Salgieri le fascina iniciar sus escenas eróticas con masturbaciones. Así de sencillo, una mujer jugueteando con el pene de un hombre. Otros realizadores ni siquiera se toman la molestia de proponerlo. Rocco Sigfredi, el mismo que dijo que se retiraría antes de aparecer como anciano ante las cámaras, es un fanático de los anos femeninos. No existe película suya donde una mujer no vea penetrados sus intestinos. Muy su estilo.
Además de ello, las pel´culas porno por lo general siguen una lógica en su realización que pocas veces es alterada: sexo oral de ella a él—luego de él a ella—penetración vaginal—penetración anal—eyaculación por lo general en los senos, las nalgas o la boca de la mujer. Este esquema es una rutina que, quienes han visto mucho porno, se saben de memoria. De ahí que entre los más desesperados se utilice adelantarle, con el control remoto, de las felaciones a la penetración.

Aberraciones
Como todos los universos, el del porno cuenta con sus propias aberraciones, sus malnacidos. No es que me dé baños de pureza, a fin de cuentas me entusiasma todo tipo de porno (swinger, lluvia dorada, orgías) excepto aquel donde participan quienes no pueden decidir por sí mismos: En otras palabras la pornografía con niños y con animales es la peor de las aberraciones y quienes la consumen, practican, producen y difunden deberían ser castigados con todo el rigor de la ley. Que dos personas adultas, en pleno uso de sus facultades mentales, decidan disfrutar mutuamente sus cuerpos es la máxima expresión de la humanidad, pero si se trata de abusar de indefensos deriva en una manifestación vergonzosa de la estupidez.

Tomando en cuenta estos conceptos me pronuncio públicamente por la declaración del cine porno como el séptimo y medio arte. Si el cine es el séptimo, ¿porqué su hermano desnudo no habría de gozar de similar distinción? Yo, cuando menos, me muero por comprarme una cámara.


NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

miércoles, abril 18, 2007

Los dulces sueños de Janet



Janet se durmió mientras pensaba en los bigotes de un gato azul.
Y el gato azul se murió al hundir la cabeza en un tazón de leche.
Leche desayunaron los duendes que controlaban los dulces sueños de Janet.
Por eso cuando la niña despertó, tenía los cabellos revueltos y un dulce sabor a duende en la lengua.
Antes de ir a la escuela, se llevó los dedos a la cara y descubrió dos grandes bigotes debajo de su nariz.
Eran azulces.

A Maya



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

sábado, abril 14, 2007

Yo, el traductor de Rush



Aristóteles dijo: dichoso el hombre al que le gusta su trabajo, porque nunca tendrá que trabajar.
Mi trabajo me deja poco tiempo para muchas cosas, como ir al cine, rascarme el ombligo e incluso, terminar cuentos y novelas.
Mi trabajo se ha llevado al caño relaciones amorosas y amigos, quienes no logran entender el carácter impredecible de mi trabajo y su exigente y poco misericorde necesidad de tenerme ahì, a su disposición.
Sin embargo, amo mi trabajo.
Me confieso reportero.
Gracias a mi trabajo he podido viajar a lugares que de otro modo me hubiera tardado más en conocer, gracias a mi trabajo he conocido a gente a la que admiro profundamente y he podido platicar con ellos, como José Agustín, Marilyn Manson, Alejandro Jodorowsky o Johnny Indovina... bueno, cómo olvidar a Robert Smith.
He podido mirar de cerca (y hasta tomarme una foto abrazándola) a Shakira.
Y hasta entrevisté a Angelina Jolie cuando no era mundialmente famosa.
Bueno, ahora que me acuerdo también me eché unas chelas con Pancho Cachondo, tripulè una Harley Davidson, me colgué una guitarra de Àlex Lora y fumé mota con los de La Lupita.
Hasta viví tres días en la casa de Big Brother.
Todo esto viene a colación porque ayer me tocó vivir otra de esas experiencias alucinantes.
Llegó a la redacción del periódico un artículo escrito de la mano de Neil Peart, el baterista de Rush, que hizo a raíz de la salida al mercado de su nuevo disco, Snakes and Arrows. Originalmente medía como 18 mil caracteres, pero tuvimos que editarlo y dejarlo en la mitad.
A mí me tocó traducirlo y créanme, es un honor ser el primero en leer y además, ayudar a que todos los lectores que hoy compren Récord entiendan lo que Peart quiso decir.
Vaya, muchos pensaron que era una jalada mía, pero me cae que me emocionó.
Tanto como cuando mi nombre apareció en los agradecimientos de un disco (en el primero del Palomazo Informativo).
Ahora sí, sólo me falta conocer a Paris Hilton y decirle cuánto me gusta.
Ja.

Aquí el artículo por si alguien no compra el periódico pero quiere echarle un ojo.

El juego de Snakes and Arrows

Un premio cada vez


Por Neil Peart

“¡Un premio cada vez!” Solía escuchar esta frase, una y otra vez, en un lejano verano allá por el parque Lakeside en Port Dalhousie, Ontario. “Tome una burbuja, ¡todas están premiadas!”. Las ‘burbujas’ eran pelotitas de ping pong con números pintados que flotaban en el interior de un recipiente, igual que palomitas de maíz. La gente debía tomar una, con una red diminuta, y el número correspondía con uno de los premios organizados en un estante a mis espaldas. El ‘cacha burbujas’ podía llevarse un animal de peluche, un llavero o un truco de magia. Cada una tiene premio.
Ahora que soy mayor y recuerdo aquello que sucedía cuando tenía doce años, pero abocado al asunto de los premios, creo que nunca olvidaré cuando escuché las primeras canciones de este nuevo disco.
En un día lleno de nieve, en marzo de 2006, Alex y Geddy vinieron a visitarme a mi casa en Quebec, y trajeron un disco con temas que armaron en el estudio que Geddy montó en su casa de Toronto, con algunas letras que les envié desde California.
Siempre resulta emocionante escuchar mis versos cantados por vez primera, como si de estar secas, aquellas letras impresas en papel de repente se despertaran cargadas de vida. “Todas tienen premio” Además existe un sentimiento de afirmación en el sentido de que Geddy encontró la forma de cantarlas (siempre le envío muchas, pero escoge pocas).
Tres décadas de trabajar juntos nos han dado mucha experiencia, ya lo creo, pero creo que más determinantes han sido los intervalos de composición, cuando se llenan los huecos que restan.
Cuando escuché esas primeras canciones, la única palabra que vino a mi mente para describir su esencia fue “espiritual”. Otra cualidad puede ser su oxigenante sensación de “cruda sofisticación” (buen nombre para un bar donde sirvan ostiones).
En mayo de 2006, los tres nos mudamos a un acogedor estudio en Toronto, para trabajar en el disco durante un mes. Nuestro esfuerzo rendía frutos y para el mes de junio, ya teníamos ocho canciones que nos satisfacían bastante. Interrumpimos el proceso para disfrutar del verano, planeando que volveríamos al trabajo en septiembre y no pararíamos hasta que el disco estuviera terminado.
Tomamos decisiones de producción que rendirían frutos más adelante. El ingeniero Rich Chycki había trabajado con Alex en las mezclas para el Dvd, y los tres coincidíamos en que hicimos un gran trabajo, explotando al máximo nuestro potencial como banda en vivo. Lo contratamos entonces para que fuera nuestro ingeniero de cabecera.
Al principio de año, un joven productor norteamericano escuchó que Rush había vuelto a trabajar en un disco de estudio, y su manager hizo llegar a nuestra oficina un disco con algunos de los trabajos que había realizado. Siempre quisimos tener un coproductor, y durante mucho tiempo buscamos a la persona adecuada, aquel que pudiera aportar frescura y llevar nuestra música en nuevas direcciones.
Escuchamos el disco una tarde, reunidos en el cuarto de controles del estudio, mientras realizamos una selección de candidatos para coproductor. Nos sedujo el trabajo de ese joven norteamericano, Nick Raskulinecz, y cuando lo conocimos tiempo después, nos sentimos aún más enganchados.
A sus 36 años, Nick era bastante más joven que nosotros (¡su madre es más joven que nosotros!), pero tenía bastante experiencia, tanto como músico como productor, para ofrecer buenas ideas creativas y opiniones contundentes. Los tres acordamos trabajar con él, y una vez que volvimos a concentrarnos en el disco en septiembre, ya teníamos trazadas algunas canciones más.
Nick es un perfecto “músico de aire” igualmente virtuoso en muchos instrumentos (algunos en la realidad claro; empezó como baterista, luego tocó guitarra y bajo en varias bandas hasta que dio el salto definitivo a la producción). Mientras me sugería una parte de batería, Nick utilizaba una mezcla de estimulación física y oral, moviendo sus brazos y murmurando algo así como “Bloppida-bloppida-batu batuwhirrrrr-blop- booujze ”.
“Booujze” era la vocalización de Nick para un golpe de tom de piso y platillo que remataba su excelente ‘solo de batería de aire’, y en el estudio la escuchamos muy a menudo.
Un día entré en el cuarto de controles para encontrarme a Geddy detrás del monitor de la computadora, moviendo las secciones de una canción a lo largo de su registro digital. Él me miró, luego se volteó hacia Nick y exclamó: “ El Booujze (refiriéndose a Nick), aquí presente, nos sugiere que cambiemos el coro de ‘Spindrift’”. Todos reímos y a partir de ahí, Nick fue bautizado como Booujze. La manera correcta de escribir la palabra vino después de serias discusiones.
Para octubre ya teníamos once canciones terminadas en forma, y algunas líneas líricas ya eran evidentes. Pensamientos de espiritualidad y fe eran patentes en varias de las letras: “El remolino de la vida envuelto en fe y traición,” como dice en el tema Far
cry, y aún más evidente en Armor and sword, The way the wind blows y Faithless.
En November comenzamos las grabaciones finales en los estudios Allaire, una antigua casa convertida en estudio de grabación ubicado en las montañas Catskill de Nueva York. En el verano de 2005, yo filmé un Dvd académico, Anatomía de un solo de batería, en los referidos estudios, y me enamoré de las facilidades que ofrecía (un extenso cuarto de madera y roca, además de una acústica excepcional para la batería) y la amistosa, confortable
atmósfera del lugar. La vista del estudio daba un panorama de un valle boscoso ¡y la comida era excelente! Luego de treinta años de grabar juntos, sentimos que habíamos logrado sacar lo mejor de nosotros en la medida que nos concentramos en tocar una canción a la vez. Aunque cada uno tocara por separado su parte, sentimos éramos los tres colaborando juntos y así, nos aislamos en un universo aparte. Incluso, aceptamos abrirnos a nuevas formas de trabajo, en la dirección que nos marcó el ‘Booujze’.
Al llegar a los últimos días de diciembre, ese espíritu de diversión, inspiración, transpiración,
espontaneidad, eficiencia y aislamiento (poco, pero funcionó) al final hizo que la grabación fluyera de una mejor manera, y nosotros del que hasta la fecha ha sido nuestro escenario más ideal. Ahora, disfrutamos de nuestro trabajo juntos más de todo lo que lo habíamos hecho en todos estos años gracias a esas magníficas condiciones en los estudios Allaire y nuestro “equipo de ensueño”conformado por Rich y el ‘Booujze’. Como les dije aquella vez que terminamos de grabar las partes de batería, “Nunca me ha gustado mucho el proceso de grabación, y tampoco me había sentido tan satisfecho de los resultados” Eso es significativo, créanme, si tomamos en cuenta treinta y tres años de trayectoria y no sé cuántas grabaciones .
Algo que siempre hice cuando llega el momento de elegir un título es saber si no se ha utilizado. En el pasado milenio, eso significaba una visita a la tienda de discos locales y un clavado en su base de datos, El Phonolog. En la actualidad, claro está, es el trabajo ideal para un buscador de internet.
Para mi sorpresa, Snakes and arrows me llevaba a varios links de algo llamado Leela, El juego del autoconocimiento, o por increíble que parezca, El juego de serpientes y flechas. Para no hacer el cuento más largo, seguí ese sendero con entusiasmo y aprendí que Leela (Equivalente a “el juego”) tenía cuando menos 2 mil años de antigüedad, y fue creado por los monjes budistas como un juego de sabiduría y karma, como muchos otros juegos, representa una metáfora de la vida. La accidental pero profunda relación con el tarot utilizada en el disco Vapor trails, o la imagen de los cubos en Roll the Bones —ambos juegos legendarios y metáforas de la vida.
Así que, desde el primer demo hasta la portada definitiva, esta es la historia de Snakes and
Arrows, o un poco de ella, da igual. Si cada canción es una historia, entonces cada canción contiene en sí muchas historias. El elaborado tema instrumental The Main Monkey Business fue la canción más complicada de parir, desde el momento de escribirla , arreglarla y grabarla (me tomo tres días aprendérmela). El título vino de una conversación que Geddy tuvo con su madre polaca. Charlaban acerca de un primo suyo, cuando ella mencionó: “Tengo el presentimiento que se está convirtiendo en un mono de los negocios”. Geddy se rió y respondió: “¿Qué clase de mono de los negocios?”.“Tú sabes” dijo ella a su vez, con toda su sabiduría de mujer de mundo: “El mono de los negocios por excelencia”. Todo el mundo supo de lo que estaba hablando.
Así que puodemos decir que Snakes and Arrows habla un poco de monos de los negocios,
Algo de espiritualidad, algo de discusiones de amantes con el mundo, algo de cruda sofisticación, algunos sueños de disentería, algo de maligno narcisismo, el espíritu de los sesenta, y el ‘Tao’ del ‘Booujze’. El disco combina todo lo que sabemos acerca de hacer música con todo lo que amamos acerca de componer música.
Naturalmente, esperamos que el público comparta esa visión— todas estas visiones—y experimenten una enriquecedora experiencia musical, no una vez, sino una y otra.
Con un premio cada vez.




NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

jueves, abril 12, 2007

Borrador de un poema (para después de hacer el amor)



Tu cuerpo desnudo
es un acto de provocación

Eres el luto de los ángeles
que al mirarte recuerdan que fueron humanos
y lamentan estar tan cerca de Dios
y tan lejos de tu cuerpo

Eres el motivo de llanto de los fantasmas
que añoran poseer carne
respirar aire y beber sudor
para poder acariciarte

Eres una bomba de tiempo
Eres las langostas que devoran mis sembradíos
y que no dejan una espiga de trigo en pie

Eres el punto luminoso
por el que escapo de la oscuridad
de un abismo
infinito

Eres la alfombra de uvas
donde descansan mis pies

Eres todas las bellezas juntas
Eres la lujuria de mis perros
lanzados a matarse
para conservar la eterna humedad
del Santo Grial escondido entre tus piernas

Eres la paz que viene
después de la extinción
de todos los habitantes del mundo

Eres el aliento de hielo
el coletazo de la arpía
la sabiduría del reptil y
la caricia del diablo

Eres un buen pretexto
para cortarme las venas
y expulsar de mi cuerpo
los orgasmos que me queden por vivir






NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

viernes, abril 06, 2007

La cabeza en el excusado



Esa semana , nadie habló de otra cosa que no fuera aquella cabeza de hombre encontrada en el excusado de su propia casa. De acuerdo con la nota del periódico que observo en el puesto y que he leído por la mañana durante el desayuno, el asesino no sólo se había tomado la molestia de asestarle una prolongada golpiza a su víctima , sino que luego de clavarle el cuchillo varias veces (cuando menos 50) en el pecho, todavía le cortó la cabeza con mucha paciencia y la llevó hasta el baño para hundirla en el retrete.
Al parecer, el asesino se dio a la tarea de succionarle un ojo a su víctima para después escupirlo en el piso.
Me siento intranquilo. Únicamente cuento con un par de horas para finiquitar el asunto y alcanzar a Mónica en la cita.
Llego caminando hasta la casa que me indicó el hombre por teléfono. La fachada es tradicional como la mayoría de las construcciones de la colonia Roma, nada en exceso elegante pero con acabados coloniales.
Me seco el sudor de la frente y me acomodo el cabello en una cola de caballo. Después, toco el timbre y respiro profundamente.
Al colocar la mano en la reja que daba a la calle, experimento la primera descarga eléctrica de la tarde. Fue igual a las anteriores, en otros sitios: una mezcla de dolor, incomodidad y un picante placer. Viajo a un pasado que no me tocó vivir y me reconozco en los ojos de otro. Disfruto, como debió hacerlo aquel, de las pantorrillas juveniles avanzando por delante, penetrando en aquella casa que pare entonces era la boca del lobo que había de tragarse a la doncella. Saboreo como debió hacerlo el morador años atrás, la adrenalina de saber acorralar a la presa y llevarla al punto donde sólo la edad y el colmillo saben hacerlo. Mientras cierro los párpados, una incontenible rabia corre por mis venas pintando mi sangre de negro; no soporto pero al mismo tiempo quiero más de la sensación de ser él, el desconocido que habría de hundirse en los muslos adolescentes muchos años atrás.
Experimento una erección que pudo ser la de otro tipo, en esa misma casa en otro tiempo.
—¿Quién es? —dice una voz del otro lado de la reja.
Siento que el pecho se me encendía.
—El reportero.
Es demasiado tarde. No hay posibilidad de desandar los pasos que me llevaron hasta ahí.
—Ah, claro, pásale—dice la voz y la cerradura comienza a girar.

*****

Avendaño es un tío muy arrogante. Me ha hecho pasar a su estudio y me ofreció un café que apenas pruebo mientras charlamos. Él, por su lado, se ha servido un poco de vino y mientras habla le da vueltas a una pluma en su mano derecha. El sonido del botón del bolígrafo me está rompiendo la cabeza.
El escritorio atiborrado de papeles y mi grabadora encendida en medio de aquella montaña de esqueletos literarios es lo único que media entre nosotros. En la pared hay fotografías, una mujer, unos niños, unos ancianos, varios fantasmas.
Le he preguntado toda clase de pendejadas, con fingido interés, a lo largo de la última media hora, pero en m libreta sólo he completado los trazos de una figura humanoide de color azul a quien le asoman las tripas de fuera.
—… y respecto al nuevo libro que estoy preparando, te puedo contar que se trata de una serie de relatos eróticos en donde el sexo se convierte en un monstruo destructivo que se traga todo lo que se pone a su paso. Siempre he creído que la cópula tiene una fuerza destructiva y asesina.
Escuchar esas palabras provoca una segunda descarga eléctrica.
Las palabras de Avendaño, su voz, todo él es una aguja que se me clava en el cerebro. Creo que jamás me molestó tanto que existiera un ser humano antes de conocerlo cara a cara.
Entonces me pongo de pie y lo interrumpo:
—Disculpa, ¿podría entrar al sanitario antes de continuar?
Él sonríe y me indica el camino con la pluma que no ha dejado de jugar en la diestra.
Le pongo pausa a la grabadora y le doy la vuelta al escritorio para penetrar en el cuarto de baño. Una vez dentro, observo que mi erección no ha decrecido y saludo al agua de la taza como a una vieja amiga que siempre suele tragarse mis problemas.
Cuando salgo, Avendaño ha terminado la botella de vinpo y continúa jugando con su bolígrafo.
-¿Te falta mucho? Es que debo salir...
Echo un vistazo a la casa. Los libreros hasta el techo como estoicos guardianes de los recuerdos del morador de la casa. Millones de sus recuerdos me valen madre, pero uno me interesa. Puedo mirar, a través de sus ojos, la espalda de una ninfa de 20 años mirando los títulos en los anaqueles, fascinada, y él, como un lobo, salivando en espera de que la cordera se distraiga lo suficiente como para saltarle encima.
-Sólo una pregunta más...-le dijo y me adelanto hasta su escritorio para prender la grabadora.
Avendaño sigue apretando el botón de su pluma.
-¿Cuál es la mujer más joven con la que te has acostado?
El escritor me mira, sorprendido.
Instintivamente me siento delante de él. Tomo la taza de café y bebo el último sorbo, que está helado.
-Vamos, dime, quizá alguna chavita que leyó lo que escribes... quizá la trajiste a esta casa.

*****

Falta un minuto para las cuatro cuando entro por la puerta. Mónica está sentada a un costado de la ventana, sentada en el piso, apoyada la espalda en un cojín enorme.
Ni ella ni Andalucía traen zapatos.
Me quito los míos y ocupo el segundo cojín.
Andalucía nos ordena que pongamos en práctica los ejercicios de respiración que hemos venido practicando desde tres meses atrás y después nos pide que abramos los ojos.
-¿Han tenido intimidad esta semana?
Odio que se refiera al sexo de esa forma tan ceremoniosa.
Mónica se adelanta a responder:
-Lo hemos hecho tres veces y él se ha portado muy bien.
La terapeuta me mira a los ojos y los suyos parecen encenderse de alegría.
-¿De verdad? ¿Has podido aguantarte?
Ella sabe que aunque guarde silencio, mi imaginación es más poderosa.
-Mira, André, no es sano que quieras urgar de esa forma en la vida de Mónica. No me parece normal que tenga que contarte con quién y cómo se acostó para que tú puedas excitarte.
Le devuelvo una inclinación de hombros.
-Eso hace sentir incómoda a Mónica.
Volteo a mirarla. Está sonriendo.
-Es curiosa tu celopatía- interviene otra vez la terapeuta- incluso si quisieras pretender que no existen, me refiero a los tipos con que Mónica se haya acostado, en vez de escuchar las historias de cómo sucedió me parecerías un tipo más sano. El profesor que era más grande que ella, el compañero de escuela, el jinete de rodeo... De verdad, André, todo eso no te incumbe.
La terapeuta comienza a elevar el tono de su voz y yo me siento reprendido:
-¡Todo eso fue hace mucho tiempo!
Mónica sale en mi defensa. La amo. Siento una descarga eléctrica, pero distinta. Algo cercano a la ternura.
-Pero bueno... él está haciendo un esfuerzo. Hace ya tiempo que no me pregunta nada.
Sonrío como aquellos perros a quienes se les da una palmada en la cabeza después de dar la patita.
El resto de la cita lo invertimos en leer, los tres, un formulario de ejercicios eróticos "de gente sana" que, de acuerdo con la Andalucía, incrementarán la carga erótica entre Mónica y yo.
Una vez en casa, Mónica se mete a bañar y yo me quedo en la mesa, encendiendo la computadora.
-¿Vienes a acostarte, nene?- me grita cuando ha salido del baño. Sé que está desnuda y sé que quiere hacer el amor.
Yo también, hoy ha sido un buen día.
-¡Un minuto, querida!-le grito -debo terminar la entrevista que hice hoy. Tengo la impresión de que querrán publicarla lo más pronto posible.
Ella enciende la tele. Quizá den una nota del tipo ese que arroja cabezas en los excusados.
Me coloco los audífonos y enciendo la grabadora.
Es curioso el sonido de una pluma fuente penetrando en el ojo de un hombre.
Debo enviarle flores a la doctora Andalucía, creo que me habré curado muy pronto. Falta poco.

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El sabor de las rubias (Whore Wolves Cont. 2)



No es que sean mis preferidas, porque momentos igualmente exquisitos los he pasado en compañía de morenas, trigueñas, afroamericanas o caucásicas.
Es sólo que las rubias tienen un olor y un sabor especial.
Únicamente a una la he sometido con mi cuerpo, doctora, pero con esa vez bastó para descubrir que las rubias desprenden un perfume que, como una mano invisible, acaricia directamente el cerebro y lo adormece.
Entonces la carne es la que manda.
Dicen que los caballeros las preferimos rubias. Puede ser, pero no se trata de una decisión premeditada sino de una consecuencia del intoxicamiento que deviene después de besar a una rubia. Sencillamente uno no se puede detener y continúa tocando, salivando, succionando, hasta que la rubia entera ha entrado por nuestra nariz y nuestras papilas gustativas y tenemos el cuerpo entero invadido de veneno de oro.
Lo mejor es que las rubias no producen cruda.
Titta tenía 15 la primera vez que le chupé un pezón.
Fue ella quien me obsequió el primer libro de Ray Bradbury que leí.
Ahora siempre cargo uno cuando espero a mis caperucitas en el auto. Mientras ellas mienten a sus papás para poder salir conmigo o al mismo tiempo que su última clase termina y ellas recogen sus mochilas para salir corriendo de la escuela hasta donde las espero para llevarlas a un hotel a que me la chupen, siempre leo un cuento de Ray Bradbury.
Me gustaba cómo se veía Titta con su falda jipiosa y su cabello recogido en una cola de caballo. Nos conocimos en la escuela y aunque la primera vez nos caímos gordos, con el tiempo se fue desarrollando una atracción entre ambos. La invité a una de mis tocadas y aunque lo intentó, no pudo llegar porque sus papás se perdieron entre los callejones de San Pedro Mártir. Después recuerdo que le robé un beso, creo que afuera de la cafertería. Ahí descubrí que la miel que parecía teñir su cabello de amarillo se extendía hasta los labios y se propagaba por toda mi boca. Su saliva era un licor estimulante. Era saliva de rubia.
Así pasó el tiempo. Titta y yo nos dejamos de ver hasta aquel 15 de septiembre en que me invitó a su casa porque celebraría una fiesta.
Supuestamente éramos amigos y ya nada podría suceder entre nosotros. Mi esposa se había ido de vacaciones y yo estaría solo en casa, así que acepté ir a casa de Titta.
Cuando la fiesta terminó y todo el mundo se hubo marchado, Titta y yo nos desnudamos. Empezamos a tocarnos, a degustarnos y a rompernos la piel.
Recuerdo su cuerpo rosado como una fruta húmeda. Sus ojos claros, como de gata, brillando en la penumbra, pero sobre todo el sabor dulce de su saliva.
Los líquidos de su vagina me recordaron una especie de caramelo sideral, que sólo puede probarse cuando una mujer alienígena se enamora de un terrestre, igual que en el primer cuento de Las Crónicas Marcianas.
Aquella vez Titta ya contaba con 18 años, pero la primera vez que le chupé uno de sus diminutos pezones sólo era una quinceañera. Éramos novios y estábamos en mi habitación.
Por extraño que parezca Titta y yo no cogimos aquel 15 de septiembre. Por más intentos que hice, no logré traspasar su irrompible himen de niña.
Pero sí me masturbó y dejé huellas de semen en la sala de su casa.
Hasta el momento es la única rubia con la que he estado tan cerca, a excepción quizá de Shatiss que más bien era una castaña muy clara.
Doctora, nunca podré olvidar ese sabor a rubia y a menudo me sorprendo añorándolo.
Quizá así sepan las sirenas.
Ayer subí al elevador y volví a mirarla. Debe tener mi edad y eso la mantiene a salvo, porque he decidido no tocar un cuerpo femenino del cual no me separe, cuando menos, una década de antigüedad. Pero se colocó muy cerca de mí, porque había demasiada gente en el ascensor y debajo del olor del jabón, el shampoo y el Channel No. 5 pude distinguir ese exquisito olor.
El sabor de la rubia, listo para ser degustado.
Quizá haga una excepción, no lo sé.
O quizá esa desconocida tenga una hermana menor.
Un día Titta y yo fuimos a comer a una cantina del centro.
Esa vez nos prometimos que algún día nos acostaríamos.
Yo me prometo: buscaré una Whorewolve rubia.
Ya la puedo oler en esta desconocida que sube conmigo en el elevador, doctora.



Posted by el Lobo Feroz

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miércoles, abril 04, 2007

Galaxia


Galaxia

Tu espalda
la galaxia lechosa
pálida solitaria
salpicada de lunares
estrellas muertas
que al sol se secan
cuando me dan la bienvenida
me hacen soñar
convertirme en cometa
para pasarte una mano
cada 69 años
Tu espalda
cuando dormitas
la imagen más bella
de la bestia cansada
la sirena exánime
humedad seca
la pesadilla que muchos hombres
desean soñar
Entre tus piernas
más abajo de la espalda
el hoyo negro
la boca del tigre
que devora mis hijos luminosos
no puedo mirar de frente
tu espalda
o puedo quedarme ciego
Tu espalda
cartografía estelar
constelación de lunares
el tapiz del diablo
piel de vampira
Tu espalda

***********

Orgasmo
Una cascada es la eyaculación de la Naturaleza.
Como un río te penetro, tierra, y te voy rompiendo.
Te exploro, te violo, te invado, te contamino.
Y en un acantilado,
exploto,
y te mojo.
La superficie tranquila del río.
Soy yo,
durmiendo encima de tus senos
después de venirme.

***********

Invasión
Amarte es invadir tu territorio.
Desplegar mis ejércitos y colonizar tus bosques.
Permitir que tus tropas derriben mis templos.
E instalen tu culto en mi población.
Que los dominen y corra la sangre.
Amarte es cortar cabezas.
Y que no dejes uno solo de mis soldados
en pie.



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