
Aristóteles dijo: dichoso el hombre al que le gusta su trabajo, porque nunca tendrá que trabajar.
Mi trabajo me deja poco tiempo para muchas cosas, como ir al cine, rascarme el ombligo e incluso, terminar cuentos y novelas.
Mi trabajo se ha llevado al caño relaciones amorosas y amigos, quienes no logran entender el carácter impredecible de mi trabajo y su exigente y poco misericorde necesidad de tenerme ahì, a su disposición.
Sin embargo, amo mi trabajo.
Me confieso reportero.
Gracias a mi trabajo he podido viajar a lugares que de otro modo me hubiera tardado más en conocer, gracias a mi trabajo he conocido a gente a la que admiro profundamente y he podido platicar con ellos, como José Agustín, Marilyn Manson, Alejandro Jodorowsky o Johnny Indovina... bueno, cómo olvidar a Robert Smith.
He podido mirar de cerca (y hasta tomarme una foto abrazándola) a Shakira.
Y hasta entrevisté a Angelina Jolie cuando no era mundialmente famosa.
Bueno, ahora que me acuerdo también me eché unas chelas con Pancho Cachondo, tripulè una Harley Davidson, me colgué una guitarra de Àlex Lora y fumé mota con los de La Lupita.
Hasta viví tres días en la casa de Big Brother.
Todo esto viene a colación porque ayer me tocó vivir otra de esas experiencias alucinantes.
Llegó a la redacción del periódico un artículo escrito de la mano de Neil Peart, el baterista de Rush, que hizo a raíz de la salida al mercado de su nuevo disco,
Snakes and Arrows. Originalmente medía como 18 mil caracteres, pero tuvimos que editarlo y dejarlo en la mitad.
A mí me tocó traducirlo y créanme, es un honor ser el primero en leer y además, ayudar a que todos los lectores que hoy compren Récord entiendan lo que Peart quiso decir.
Vaya, muchos pensaron que era una jalada mía, pero me cae que me emocionó.
Tanto como cuando mi nombre apareció en los agradecimientos de un disco (en el primero del Palomazo Informativo).
Ahora sí, sólo me falta conocer a Paris Hilton y decirle cuánto me gusta.
Ja.
Aquí el artículo por si alguien no compra el periódico pero quiere echarle un ojo.
El juego de Snakes and Arrows
Un premio cada vez
Por Neil Peart
“¡Un premio cada vez!” Solía escuchar esta frase, una y otra vez, en un lejano verano allá por el parque Lakeside en Port Dalhousie, Ontario. “Tome una burbuja, ¡todas están premiadas!”. Las ‘burbujas’ eran pelotitas de ping pong con números pintados que flotaban en el interior de un recipiente, igual que palomitas de maíz. La gente debía tomar una, con una red diminuta, y el número correspondía con uno de los premios organizados en un estante a mis espaldas. El ‘cacha burbujas’ podía llevarse un animal de peluche, un llavero o un truco de magia. Cada una tiene premio.
Ahora que soy mayor y recuerdo aquello que sucedía cuando tenía doce años, pero abocado al asunto de los premios, creo que nunca olvidaré cuando escuché las primeras canciones de este nuevo disco.
En un día lleno de nieve, en marzo de 2006, Alex y Geddy vinieron a visitarme a mi casa en Quebec, y trajeron un disco con temas que armaron en el estudio que Geddy montó en su casa de Toronto, con algunas letras que les envié desde California.
Siempre resulta emocionante escuchar mis versos cantados por vez primera, como si de estar secas, aquellas letras impresas en papel de repente se despertaran cargadas de vida. “Todas tienen premio” Además existe un sentimiento de afirmación en el sentido de que Geddy encontró la forma de cantarlas (siempre le envío muchas, pero escoge pocas).
Tres décadas de trabajar juntos nos han dado mucha experiencia, ya lo creo, pero creo que más determinantes han sido los intervalos de composición, cuando se llenan los huecos que restan.
Cuando escuché esas primeras canciones, la única palabra que vino a mi mente para describir su esencia fue “espiritual”. Otra cualidad puede ser su oxigenante sensación de “cruda sofisticación” (buen nombre para un bar donde sirvan ostiones).
En mayo de 2006, los tres nos mudamos a un acogedor estudio en Toronto, para trabajar en el disco durante un mes. Nuestro esfuerzo rendía frutos y para el mes de junio, ya teníamos ocho canciones que nos satisfacían bastante. Interrumpimos el proceso para disfrutar del verano, planeando que volveríamos al trabajo en septiembre y no pararíamos hasta que el disco estuviera terminado.
Tomamos decisiones de producción que rendirían frutos más adelante. El ingeniero Rich Chycki había trabajado con Alex en las mezclas para el Dvd, y los tres coincidíamos en que hicimos un gran trabajo, explotando al máximo nuestro potencial como banda en vivo. Lo contratamos entonces para que fuera nuestro ingeniero de cabecera.
Al principio de año, un joven productor norteamericano escuchó que Rush había vuelto a trabajar en un disco de estudio, y su manager hizo llegar a nuestra oficina un disco con algunos de los trabajos que había realizado. Siempre quisimos tener un coproductor, y durante mucho tiempo buscamos a la persona adecuada, aquel que pudiera aportar frescura y llevar nuestra música en nuevas direcciones.
Escuchamos el disco una tarde, reunidos en el cuarto de controles del estudio, mientras realizamos una selección de candidatos para coproductor. Nos sedujo el trabajo de ese joven norteamericano, Nick Raskulinecz, y cuando lo conocimos tiempo después, nos sentimos aún más enganchados.
A sus 36 años, Nick era bastante más joven que nosotros (¡su madre es más joven que nosotros!), pero tenía bastante experiencia, tanto como músico como productor, para ofrecer buenas ideas creativas y opiniones contundentes. Los tres acordamos trabajar con él, y una vez que volvimos a concentrarnos en el disco en septiembre, ya teníamos trazadas algunas canciones más.
Nick es un perfecto “músico de aire” igualmente virtuoso en muchos instrumentos (algunos en la realidad claro; empezó como baterista, luego tocó guitarra y bajo en varias bandas hasta que dio el salto definitivo a la producción). Mientras me sugería una parte de batería, Nick utilizaba una mezcla de estimulación física y oral, moviendo sus brazos y murmurando algo así como “Bloppida-bloppida-batu batuwhirrrrr-blop- booujze ”.
“Booujze” era la vocalización de Nick para un golpe de tom de piso y platillo que remataba su excelente ‘solo de batería de aire’, y en el estudio la escuchamos muy a menudo.
Un día entré en el cuarto de controles para encontrarme a Geddy detrás del monitor de la computadora, moviendo las secciones de una canción a lo largo de su registro digital. Él me miró, luego se volteó hacia Nick y exclamó: “ El Booujze (refiriéndose a Nick), aquí presente, nos sugiere que cambiemos el coro de ‘Spindrift’”. Todos reímos y a partir de ahí, Nick fue bautizado como Booujze. La manera correcta de escribir la palabra vino después de serias discusiones.
Para octubre ya teníamos once canciones terminadas en forma, y algunas líneas líricas ya eran evidentes. Pensamientos de espiritualidad y fe eran patentes en varias de las letras: “El remolino de la vida envuelto en fe y traición,” como dice en el tema Far
cry, y aún más evidente en Armor and sword, The way the wind blows y Faithless.
En November comenzamos las grabaciones finales en los estudios Allaire, una antigua casa convertida en estudio de grabación ubicado en las montañas Catskill de Nueva York. En el verano de 2005, yo filmé un Dvd académico, Anatomía de un solo de batería, en los referidos estudios, y me enamoré de las facilidades que ofrecía (un extenso cuarto de madera y roca, además de una acústica excepcional para la batería) y la amistosa, confortable
atmósfera del lugar. La vista del estudio daba un panorama de un valle boscoso ¡y la comida era excelente! Luego de treinta años de grabar juntos, sentimos que habíamos logrado sacar lo mejor de nosotros en la medida que nos concentramos en tocar una canción a la vez. Aunque cada uno tocara por separado su parte, sentimos éramos los tres colaborando juntos y así, nos aislamos en un universo aparte. Incluso, aceptamos abrirnos a nuevas formas de trabajo, en la dirección que nos marcó el ‘Booujze’.
Al llegar a los últimos días de diciembre, ese espíritu de diversión, inspiración, transpiración,
espontaneidad, eficiencia y aislamiento (poco, pero funcionó) al final hizo que la grabación fluyera de una mejor manera, y nosotros del que hasta la fecha ha sido nuestro escenario más ideal. Ahora, disfrutamos de nuestro trabajo juntos más de todo lo que lo habíamos hecho en todos estos años gracias a esas magníficas condiciones en los estudios Allaire y nuestro “equipo de ensueño”conformado por Rich y el ‘Booujze’. Como les dije aquella vez que terminamos de grabar las partes de batería, “Nunca me ha gustado mucho el proceso de grabación, y tampoco me había sentido tan satisfecho de los resultados” Eso es significativo, créanme, si tomamos en cuenta treinta y tres años de trayectoria y no sé cuántas grabaciones .
Algo que siempre hice cuando llega el momento de elegir un título es saber si no se ha utilizado. En el pasado milenio, eso significaba una visita a la tienda de discos locales y un clavado en su base de datos, El Phonolog. En la actualidad, claro está, es el trabajo ideal para un buscador de internet.
Para mi sorpresa, Snakes and arrows me llevaba a varios links de algo llamado Leela, El juego del autoconocimiento, o por increíble que parezca, El juego de serpientes y flechas. Para no hacer el cuento más largo, seguí ese sendero con entusiasmo y aprendí que Leela (Equivalente a “el juego”) tenía cuando menos 2 mil años de antigüedad, y fue creado por los monjes budistas como un juego de sabiduría y karma, como muchos otros juegos, representa una metáfora de la vida. La accidental pero profunda relación con el tarot utilizada en el disco Vapor trails, o la imagen de los cubos en Roll the Bones —ambos juegos legendarios y metáforas de la vida.
Así que, desde el primer demo hasta la portada definitiva, esta es la historia de Snakes and
Arrows, o un poco de ella, da igual. Si cada canción es una historia, entonces cada canción contiene en sí muchas historias. El elaborado tema instrumental The Main Monkey Business fue la canción más complicada de parir, desde el momento de escribirla , arreglarla y grabarla (me tomo tres días aprendérmela). El título vino de una conversación que Geddy tuvo con su madre polaca. Charlaban acerca de un primo suyo, cuando ella mencionó: “Tengo el presentimiento que se está convirtiendo en un mono de los negocios”. Geddy se rió y respondió: “¿Qué clase de mono de los negocios?”.“Tú sabes” dijo ella a su vez, con toda su sabiduría de mujer de mundo: “El mono de los negocios por excelencia”. Todo el mundo supo de lo que estaba hablando.
Así que puodemos decir que Snakes and Arrows habla un poco de monos de los negocios,
Algo de espiritualidad, algo de discusiones de amantes con el mundo, algo de cruda sofisticación, algunos sueños de disentería, algo de maligno narcisismo, el espíritu de los sesenta, y el ‘Tao’ del ‘Booujze’. El disco combina todo lo que sabemos acerca de hacer música con todo lo que amamos acerca de componer música.
Naturalmente, esperamos que el público comparta esa visión— todas estas visiones—y experimenten una enriquecedora experiencia musical, no una vez, sino una y otra.
Con un premio cada vez.
NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE