sábado, diciembre 30, 2006

Whore Wolves (1ra parte)




He estado dando vueltas a una novelita algo sucia, violenta, sexosa, desde hace mucho tiempo, aquí unos esbozos...

Whore Wolves
Hola mi amor
yo soy el lobo
Quiero tenerte cerca para olerte mejor

Yo lo que quiero
es tu cuerpo tan brutal
y lo que adoro
es tu fuerza de animal


Caperucita feroz. La Orquesta Mondragón

Pasó a recogerla a la hora exacta. Él no se bajó a abrirle la puerta; únicamente se limitó a subir el seguro de la puerta, para que ella pudiera hacerlo por sí misma.
Es lo que se hace con las putas, pensaron ambos.
Ella se sintió más zorra y su clítoris lo celebró con una jugosa sonrisa.
-Disculpa- le dijo la muchacha a aquella sombra que la observaba con dos ojos como lunas rojas en la oscuridad del coche –es que el metro venia muy lento. Después cruzó la pierna derecha por encima de la izquierda y su minifalda roja llegó hasta límites que anunciaban peligro.
Aquella noche ya prometía ser lo bastante dañina en las vidas de ambos.
-¿Fumas?- le preguntó él, al mismo tiempo que las llantas de su BMW rechinaron lastimosamente encima del pavimento.
Quería dejar atrás cualquier testigo que hubiera presenciado el inicio de aquella transacción carnal, hasta la mínima huella que pudiera después relatar de lo que inevitablemnte habría de suceder entre ellos dos.
La muchacha se carcajeó.
-¡Eres un cliché!- dijo- muchas gracias, pero el humo me da asco.
El otro suspiró mientras pisaba el acelerador.
-Coges, pero no fumas.
-Sí.

******
El tatuaje invisible

A sus 15, Zym habia tenido ya dos trios y a menudo consumia litium. Una vez me confesó que el primer menage había sido con su novio “y una amiga”; el otro, “con un chavo de la escuela y una nena de la cual nunca supe su nombre”.
Me fascinaba masturbarme al mismo tiempo que hablaba por telefono con Zym. Tenia una voz de nina que contrastaba con la avalancha de experiencias que habian caido encima de ella en sólo tres lustros de edad. Adoraba que me platicara esas cosas, aunque nunca supe si eran mentiras.
Ella decia que su primer novio formal tenía 27 años cuando Zym apenas rebasó los 14. Era un policía.
“A mi papá le caía muy bien”, recordaba ella.
Cuando mi amiguita iba a cumplir los 15, su papá ya tenía aquella fijación casi enfermiza por casarla, “para dejarme en buenas manos cuando el ya no esté”, me contaba Zym.
Con el policía, ella aprendió sus primeras piruetas sexuales, incluso dentro de la patrulla, las mismas que desgraciadamente nunca tuve el placer de saborear en vivo, pero que me hacían disfrutar divertidas veladas en el chat. También me contó que aun siendo menor de edad, se había hecho un tatuaje en toda la espalda, algo así como una daga medieval. Le dije que me encantaría rectocarle los contornos con la lengua y a ella no le pareció mal.
Hoy Zym vive en los Estados Unidos, en la Isla del Padre para ser exactos. Se casó con un tal Fenod, que le lleva, para variar, 14 años. Si lo pensamos fríamente, soy el hombre más joven en su vida. Su padre pasa de los 60 y si ella y yo nos hubiéramos acostado, como lo teníamos planeado, yo apenas le hubiera sacado una década.
El verano pasado Fenod y Zym tuvieron una hija.
A él lo conoció a través de su madre, que trabajaba en un laboratorio muy prestigiado. Como Fenod era agente viajero, los tres coincidieron en un congreso en Cancún al que la señora tuvo a bien llevar a Zym. La llevó para que no llevara hombres a la casa, en su ausencia, y se los cogiera.
En vez de eso, Fenod se la tiró decenas de veces en su habiación, mientras la madre ofrecía magistrales conferencias a sus colegas laboratoristas a la orilla del mar.
Luego de unos meses de novios, los papas firmaron gustosos un permiso especial para que su hija pudiera casarse a los 17.
Zym tuvo un embarazo de alto riesgo, porque su matriz era muy estrecha y debido todo el diazepam que se metió en su pubertad. Eso me contaba las pocas veces que charlé con ella por teléfono desde su boda.
Una vez, ya casada y antes de marcharse del otro lado del Bravo, ella y yo acordamos una cita. La definitiva.
Anteriormente nos habiamos plantado cada uno una docena de veces, pero en ese encuentro, acordamos, nos hariamos realidad todas las cosas sucias que nos prometiamos por teléfono y con la computadora como mediador de nuestra lujuria.
Pero ella nunca llegó a ese centro comercial de Santa Fe.
Un mes después de que, por enesima ocasión, me plantara, Zym me platicó por telefono que sí había acudido a nuestra cita, pero que se desmayó en el estacionamiento del Centro Comercial, apenas bajó de su auto. Por eso no con respondía su teléfono celular cuando quise averiguar el motivo de su tardanza.
Estuvo a punto de perder a su bebé, del cual ya sumaba dos meses de gestacion.
Fenod se la llevó a Estados Unidos, para que los mejores medicos la vigilaran de cerca, y hasta el dia de hoy ella no ha regresado.
Zym me prometió que cuando su hija tuviera uno o dos años, regresaría para acostarse conmigo.
De hecho, una vez me mandó un mensaje de texto al celular donde me pedía que la dejara lamerme el pene. Yo le respondí que me encantaría separarle los labios vaginales con la lengua.
Hasta donde sé, por ella, Fenod leyó los mensajes y se molestó, porque le llegaron poco después de haberle hecho el amor a su joven esposa.
No he vuelto a saber nada de Zym. Lo que más detesto es no haber visto su tatuaje y el hecho de que permanecerá invisible por el resto de mi vida. Todo lo que pude hacer por Zym fue convertirla en una semidiosa dentro de mi cabeza.
Y creo que fue ella, doctora, quien desató en mi este incontenible apetito por las caperucitas feroces.

Posted by El Lobo Feroz

*****
El regalo de Carolina


Carolina quiso darse un regalo la mañana que cumplió 15 años. No habría vals, ni padrinos porque así lo había decidido. En Europa no se acostumbraban aquellos rituales tan pintorescos y sus padres, de sangre finlandesa y española, no tuvieron problema en mejor obsequiarle una generosa cantidad de billetes para que su hija hiciera lo que más le viniera en gana.
Así que Carolina se levantó temprano aquel domingo y mientras algunas personas iban tomando sus sitios en la iglesia para iniciar la misa, ella se dio un buen baño en la tina de cerámica. Nunca se había tomado tanto tiempo en adecuar la temparatura, dispersar las sales aromáticas por la tina y poner a su alcance toda clase de botellas perfumadas.
Se levó con suma dedicación, repasando los contornos de su cuerpo como si se tratara de un escultor pretendiendo que los detalles de su figura fueran perfectos.
Carolina se miró los senos, los pezones rosados como botones y luego descendió un poco más hasta el ombligo.
Le daba risa la torpeza con que solían tocarla los chavos de su edad. Pecaba de vanidosa, pero siempre pensó que un cuerpo como el suyo etaba desperciado y únicamente podría ser aprovechado en unas manos que la conocieran mejor.
La niña se puso de pie y caminó desnuda hasta su habitación. Permitiría que el calor de la tarde le secara el agua, cuyas gotas se dispersaban por todo el terreno de piel igual que una carrera de diminutas lenguas transparentes.
Se sentó delante de la computadora y abrió las piernas. La humedad de su vagina se extendió como un fantasma y le llegó hasta la nariz, acelerando su motor interior. Mientras el monitor volvía a la vida, ella se acomodó; alzó los pies a los lados de la mesa para que su vulva quedara completamente abierta. Luego se empezó a acariciar el clítoris.
Se conectó a la red manipulando el mouse con la mano izquierda y tecleó la dirección aquella que una amiga de la escuela le había pasado en un papel. Era el blog del lobo feroz, el que se cogía chavitas menores de edad y después se lo contaba a los navegantes.
Carolina dejó que por sus ojos entraran toda clase de narraciones obscenas mientras sus dedos se revolvían suavemente entre los pliegues rosados de su entrepierna. Por su mente pasó introducir el índice hasta que saliera cubierto de sangre, pero se resistió.
Se masturbaría hasta regalarse su primer orgasmo de quince años, pero la virginidad se la tenía reservada para otra fiera.

*******
Clauxia se fue de pinta

La primera vez que le dijeron "rarita", Clauxia rompió a llorar en silencio. Iba en sexto de primaria y no estaba preparada para semejante clasificación.
En definitiva, algo iba mal con ella desde el obtuso punto de vista de la sociedad polinesa, pero "rarita" se convirtió en la palabra que más escuchó a medida que fue creciendo, incluso más que su propio nombre.
Primero fue "rarita" para las otras niñas porque nunca le gustó jugar con muñecas, y de "rarita" los niños tampoco la bajaban porque era la única de la clase que leía con gusto los libros que la maestra les encargaba. Cuando entró en la pubertad, Claudia fue "rarita" cuando empezó a coleccionar esqueletos de aves que se encontraba muertas en el parque y que conservaba en formol, pero al cumplir 16 no pudo ser menos "rarita" porque aunque lo intentó, jamás le gustó un muchacho de su edad.
Casi siempre se sentía atraída por aquellos que tenían cinco, seis o el doble de años que ella. Sólo ellos no se burlaban y al parecer apreciaban en su dimensión los cuentos, los poemas y los dibujos que la "rarita" hacía.
Clauxia llegó a mi vida por casualidad. Igual que a otras, supongo que alguien le pasó el link del blog del hombre lobo feroz.
Comenzamos a platicar por el messenger y nos hicimos buenos amigos.
Ella me juró y me perjuró que le habían hackeado su cuenta de correo y que cuando la recuperó, yo ya estaba añadido a sus contactos.
Da igual.
Creo que los dos estábamos solos. Yo había tenido mala suerte con las de mi edad y a Clauxia la había engañado un chamaco de la suya con quien, por cierto, tuvo su primera relación sexual.
La cosa es que en una ocasión me lancé a Polinesia. Nos vimos en un hotel. Ella ya tenía 18 y estaba a punto de dejar el hábito de Caperucita, pero tres años de conocernos bien valía la pena una excepción en mi regla personal. Quizá la madurez no hubiese podrido su esencia de niña.
Me acosté con ella aquel día que se fue de pinta de la Universidad y que no llegó a su trabajo, en un despacho de diseño. Su padre, que en una ocasión le dio una bofetada cuando Clauxia llegó tarde a casa, se tragó el bulo de que su hija estaba en un aula, cuando en realidad se encontraba gimiendo bajo mi cuerpo.
Por cierto nunca conocí a alguien que tuviera la misma fijación que yo con el sexo y la boca. Me dejó llenarme los labios y la barba del néctar de su vagina y yo perdí la cuenta de los minutos que ella estuvo chupándome el pene.
Sin duda, éramos bastante "raritos". Bienaventurados los que se salen del molde porque de ellos serán los flujos del infierno.
Le olí el cuello después de que se vino: aún tenía ese aroma a juventud, a inexperiencia y candor que me vuelve loco.
Definitivamente estaba muy enfermo, doctora, y los síntomas me agradaban bastante.

Posted by El Lobo Feroz

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

miércoles, diciembre 27, 2006

Fantasía Maya



Había olvidado lo bien que huelen las galletas remojadas en leche
entre tu cabello.
Tu voz de ardilla dándome los buenos días
Lo bien que se siente mirarte cambiar
Recordándome que el tiempo es inclemente
y el amor crece
Mis dragones, mis hadas y mis vampiros
esperaban en la punta de la lengua
para salir en desbandada y llenarte los oídos perezosos.
Había olvidado lo que es atravesar
la tierra entera
hasta el final del mundo,
sólo para mirarte cuando tus ojos me hechizan
para empujar un columpio que no está vacío.
Hasta el mar
Hasta la tierra de los soles pequeños,
hasta donde los navegantes se pierden en olas de tiempo.
6 meses lo son toso y nada
al mismo momento

Te amo.

Cancún, 27 de diciembre de 2006

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

jueves, diciembre 21, 2006

Guión




Me compraré un deslizador nuevo
y diminuto
para surfear en tus caderas
y esconder al diablo
entre el vello de tu pubis

Si te contara la película que he escrito:
Fade In:
Tú y yo salimos a cuadro
Close up:
es posible que el Sol se sonroje
y la luna
en su soledad
se excite y se masturbe,

Disolvencia:
En la última escena nunca
estás vestida
y nuestras bocas no hablan,

Lo hace la oscuridad


Flashback:
nuestras bocas no hablan,
lo hace la oscuridad

Al final,
mi boca se dedica a mantener
un diálogo silencio
con la cascada de tus piernas,
con tu piel de nieve.


Fade out
Recogemos la ropa


NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

domingo, diciembre 17, 2006

Ofrezco Recompensa





A aquel sabio que me diga que ya entendió a las mujeres...

Yo, me rindo.

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

viernes, diciembre 15, 2006

Leer en Reforma



Anabantha tocó ayer en el Festival de la Lectura de Paseo de la Reforma. Gracias al infame tráfico llegué tardísimo, pero sí pude escuchar rolas como Madrugadas, Deja Vú, Sangre, Escondite, Crucifícame, Sentido Pésame y El Altar de las Pasiones Desoladoras.

Por desgracia a Erzebeth ya no los pude ver, aunque hace más de un lustro pude ser partícipe de un concierto suyo en el extinto Rockotitlán de Canal de Miramontes y me gustaron mucho, aunque por lo que sé casi nada queda de aquella alineación.

Es curioso lo que sucede con Anabantha. Ni por error los ponen en la radio rockera (léase Reactor que es la única que se autoproclama como tal) y es que Anabantha ni por error toca indie, ni por error los ve uno en televisión (cuando menos en la máxima exposición, aunque creo que una vez estuvieron en el 40), pero ni por error, ni por el más garrafal de los errores... dejan insatisfecho a su público.

Me parece la mejor banda del auténtico underground, una banda que hace música, que disfruta tocándola, que está integrada por excelentes ejecutantes, que tiene letras inteligentes, que es autosuficiente (suelen vender sus propios discos en los toquines y siempre les va muy bien) y que son muy, pero muy sencillos. Nunca te dicen que no si quieres charlar con ellos o tomarte una chela.

Escucharlos es permitir que un murciélago te cegue, que una sirena te lama el corazón con dulzura y que el más oscuro de los amores te entre por los oídos.

Anabantha me gusta y mucho...


NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

domingo, diciembre 10, 2006

El asesino de Santa Claus



Sucede que antes de caer en un bache de cuentos sobre mujeres, también le rendí tributo a otros demonios, como la imaginación. He aquí un cuento de Navi-dark con dedicatoria especial a la Olash, la Fabiola, La Anarkía, los Carlos, el Mauricio, el Marko, El Oliver y et al Goliardum.



El pequeño Ismael estaba seguro que Santa Claus existía, porque él mismo lo había degollado la noche anterior.
Al acercarse la hora del recreo, el niño se inquietó, pues su mochila apestaba. Entre los olores de tortas, quesadillas y fruta picada que el resto de los alumnos guardaba en sus loncheras, bajo los pupitres, se fue colando el tufo a muerto de la mochila de Ismael inundando el salón entero.
El muchacho apretó el bulto entre las piernas. Faltaban cinco minutos para que sonara el timbre que anunciaba el recreo.
Sería el último día en que Vanesa se burlara de él porque a sus once años seguía creyendo en Santa Claus.
En medio del recreo, la llamaría para se metieran juntos al laboratorio de química y le pediría que cerrara los ojos… pondría la cabeza cercenada en las manos de la estúpida niña.
Entonces sonó la campana.
La estampida conocía de sobra el camino hacia el patio, en donde la tienda cooperativa podría surtir de golosinas a quienes no habían traído comida de su casa y a esas horas sus tripas se deshacían en gruñidos.
Ismael fue el único que se levantó despacio, ceremoniosamente. Vanesa pasó caminando junto a su pupitre con un contoneo que pretendía ser sensual, pero a sus diez años lucía francamente ridículo, más con las calcetas subidas para cubrir los raspones de sus rodillas.
Llevaba un frutsi de uva abierto por la base con los dientes y lo succionada con delicadeza.
Ismael se le quedó mirando, mientras se echaba la mochila al hombro.
Vanesa se retiró el envase de los labios y le mostró una sonrisa amplia, en donde destellaban sus frenos como hojas de hoces. Después le mostró la lengua; estaba morada.
-Faltan dos días para que salgamos de vacaciones… eso significa, dos semanas para Nochebuena y… hum ¿Qué le vas a pedir a Santa, pequeñuelo? –le dijo la niña con toda su mala leche.
Ismael se rió para dentro.
-Nada en especial, oye, ¿Porqué no nos vemos en el laboratorio de química en dos minutos?
Vanesa sorbió prolongadamente del bote de frutsi.
-Vaya, con que quieres estar solito conmigo… ¿y no te da pena que vayan a decir que somos novios, tontín? –mientras hablaba, enredaba sus dedos en una de sus amarillas trenzas.
Ismael pasó enfrente de ella, con la mochila al hombro:
-Te tengo una sorpresa, pero antes necesito pasar al baño.
Después salió del salón.
Camino al baño, con la cabeza de Santa Claus en medio del cuaderno de matemáticas y el de civismo, Ismael pensó en lo mucho que le dolían los dedos. Incluso le habían salido llagas. Todo por querer desprender él solo la cabeza del cuerpo de Santa Claus. Obviamente no había podido. El duende tuvo que echarle una mano. Mientras Ismael había propinado cuchilladas inútiles, al duende le bastó con tres buenos golpes con el hacha que traía en la cintura. Afortunadamente la cabeza ya no sangraba, así que Ismael no ensució el camino del aula hasta el baño.
Cerró la puerta, se bajó el cierre y comenzó a orinar.
-¿Quihubo, pinche Isma… ya le dejaste tus dientes al ratón?– un chico le propinó un manotazo en la nuca antes de salir corriendo del baño.
Ismael sintió que la rabia lo invadía.
-Es el último día que se burlan –se dijo mientras imaginaba a Vanesa, huyendo del laboratorio después de haber tocado la cabeza inerte de Santa Claus.
Ismael no le echó agua al mingitorio ni se lavó las manos. Esperó en vano a que el duende acudiera a su cita y como no lo hizo, salió antes de que el recreo concluyera.
-Ya vendrá después –dijo él al salir del baño.
Cuando ya no había nadie, una cabecita verde se salió de uno de los retretes y gritó desesperado, escupiendo un poco de agua:
-¡Niño… pronto… ven aquí! ¡Nos descubrieron!
Antes de que otro niño penetrara en el baño algo jaló al duende de los pies y lo volvió a zambullir en el agua.

Ismael encontró a Vanesa admirando los instrumentos de laboratorio. Cuando entró, la niña dio un sobresalto.
-Ah, pensé que me ibas a dejar plantada.
Ismael se acercó, corriendo el cierre de su mochila.
-Cierra los ojos, Vane… te traje un regalito.
La niña obedeció. Detrás de los gruesos lentes de fondo de botella, a sus ojos verdes los cubrieron los párpados como si fueran dos telones de teatro. Paró los labios en espera de un beso.
Ismael tomó la cabeza por el cabello. Ni siquiera le había quitado el gorro rojo. Ya disfrutaba anticipadamente el grito que pegaría la niña.
En ese momento, la profesora Ángela entró en el laboratorio:
-¡Ismael, qué bueno que estás aquí!
Vanesa dio un brinco hacia atrás:
-¡Yo no hice nada!
La maestra asió al chico del brazo y se lo llevó a jalones. Él trataba de cerrar la mochila para que la profesora no alcanzara a ver su contenido.

Mientras esperaba a solas en la dirección, Ismael recordó el día en que el duende se le apareció. Fue poco después de jalar la cadena del retrete en el baño de la escuela. Le dijo que sólo así podía salir a este mundo.
-Lo vamos a matar, tenemos un plan –le confió la criatura.
-¿Y por qué yo, por qué he de ayudarte? –inquirió Ismael.
-Porque eres el número uno en la lista negra.
Entonces la lista negra existía. Por eso Santa Claus nunca le traía nada. Pero Ismael lo veía, a través de las ventanas, dejando juguetes en la casa de los niños que se portaban bien y que no creían en su existencia. Como Vanesa, quien lo delató por toda la escuela como un “niño ingenuo” después que él se negó a darle un beso. Pero que siempre estrenaba muñecas en 25 de diciembre.
A Ismael nadie lo mandaba a dormir en Nochebuena. Papá siempre estaba de viaje y mamá, encerrada en su cuarto con dolor de cabeza.
El duende le había explicado todo.
“Él no es ningún viejo regordete y bonachón. Es un oso gruñón y dictatorial que duerme todo el año, mientras nos obliga a fabricar los juguetes. En la Nochebuena se levanta, reparte los obsequios y se para el cuello con la gloria que debe corresponder a los duendes.
“Ahora, hemos decidido asesinarlo. Pero debe ser de este lado del mundo, porque del otro lado él es intocable”.
El duende había dicho que junto con un grupo de insurrectos se había puesto de acuerdo para adelantar un par de semanas el Reloj que despertaba a Santa Claus antes de Navidad. Los duendes insurrectos borrarían el nombre de Ismael de la lista negra y lo pondrían en la de los niños buenos. Así, sería el primer niño al que Santa visitaría para dejarle sus regalos, pero dos semanas antes de Navidad.
Ismael lo esperó en su casa, escondido como le aconsejó el duende. Y cuando Santa Claus entró a su casa el niño se le fue encima con el bastón con que su padre aseguraba el coche. Los duendes insurrectos, que se habían ocultado después de salir por el retrete de la casa de Ismael, se llevaron el cuerpo de Santa Claus.
Antes, lo degollaron con un hacha, como Ismael lo había solicitado, teniendo cuidado de no manchar la alfombra de sangre. Los duendes le entregaron la cabeza de Santa Claus y se retiraron.
Ismael les dijo que les entregaría la cabeza al día siguiente, en el baño de la escuela, después de asustar a Vanesa. Los duendes se encargarían de desaparecerla.
Ellos le aseguraron que, de ahora en adelante, llevarían obsequios a los niños malos en Navidad, mientras que los buenos se quedarían con las manos vacías. La idea emocionaba al niño.
Mamá entró en la oficina del director. Tenía la cara hinchada de tanto llorar. Se sentó junto a Ismael; le explicó que algo horrible había sucedido y que papá no regresaría a la casa con ellos nunca más.
-Tu padre adelantó su viaje, hijo, para darte una sorpresa de Navidad...
Ismael apretó su mochila contra el pecho. Creyó comprenderlo todo de golpe. Vanesa decía la verdad...
-Mamá... yo– dijo con un nudo en la garganta.
En ese momento, papá entró en la oficina, hecho un energúmeno.
-¡Clara, no te le acerques a mi hijo!
-Por favor, Enrique, aquí no... –suplicó la madre.
El padre, fuera de sí, jaloneó a su mujer por los hombros:
-¡Dile! ¡Dile, que al fin ya está grande! ¡Dile que aprovechabas mis viajes para acostarte con tu amante! ¡Dile que eres una cerda pervertida que le pidió que se disfrazara de Santa Claus para hacer el amor en Nochebuena!
-¿Qué? –preguntó confundido Ismael.
El padre volteó a mirarlo, con los ojos inyectados.
-Hoy por la mañana encontraron el cuerpo del muy cabrón, sin cabeza. Parece que alguien se me adelantó para hacer justicia –resaltó las últimas palabras para herir a su esposa– la policía encontró una foto de tu mamá y una carta de amor entre las ropas del muerto. Llamaron a la casa y tu madre tuvo que ir a declarar que efectivamente, lo estaba esperando la noche anterior. Yo llegué a casa poco después y fue ella quien me lo contó todo.
En algún sitio del Polo Norte, un grupo de duendes insurectos era sometido a las más crueles torturas.


NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

martes, diciembre 05, 2006

Lacuna Coil




Ahogado en la Lacuna

Vino Cristina, con su falda negra, su camisa del mismo color y su corbata roja a escupirme en la cara que mi cielo es una mentira. Me pidió mientras se deshacía la garganta en un grito lastimero que la liberara con mi amor. Su cabello le caía igual que una medusa oscura encima del rostro.
No era únicamente yo, sino poco más de mil condenados los que dejamos de lado la pereza dominical, de la cual Dios mismo puso el ejemplo en la Creación, para caminar en medio de la tarde y de la lluvia, como muertos traidos a la vida, hasta el altar donde habríamos de rendir culto a la Scabbia.
Y ahí estaba ella, danzando como una paloma negra, herida y a punto de morir, espetándonos en la cara que nuestro cielo es una mentira.
En medio de la hoguera donde nos consumíamos las víctimas, a quienes cinco sacerdotes y una sacerdotisa nos habrán de sacrificar en un tormento de decibeles y sonidos melancólicos, ahí andaban cientos de replicantes, de mancebos y doncellas urbanos que en su indumentaria querían emular a las visitas italianas.
Andrea Ferro se paseaba como un animal rabioso por el altar, derrumbando fantasmas con ambas manos, expeliendo su voz de trueno que ni el mismo Thor quiso bajar a contradecirlo.
Hubo quienes nada más no se contagiaron del embrujo, a quienes las últimas revelaciones de la deidad Scabbia les parecen no más que vomitadas de un nü metal en estado de putrefacción.
Otros, bebimos directamente de la boca de la mujer dragón todo el fuego que quiso darnos y nos iban a reventar los pulmones de tanto pretender seguirle el paso a los silbidos de ave que salían de la boca de Cristina:

Something wrong
with all the plans of my life
I didn't realize that you've been here

Dolefully desired
Destiny of a lie

Set me free
your heaven's a lie
set me free with your love
set me free


Y profanos al fin, los dirigentes de la ceremonia nos obsequiaron no sólo cantos emitidos de sus propios dedos (Closer, Devoted, To live is to hide, Entwind, To the edge y otras benditas torturas de tristeza), sino que se dieron el lujo de invocar a otras deidades a ritmo de Enjoy the silence, de Depeche Mode, pieza que constituye a última en su más reciente rompecabezas: Karmacode.
Mi sexo palpitaba todavía ardiente, con su único ojo de león en espera de arrojar más flujos indecibles, cuando Cristina vino a recordarme, con su falda negra, su camisa del mismo color y su corbata roja, que el cielo que prometí es una mentira.



Ya hay Ciudad Gótica por radio: todos los lunes a las 9 de la noche por Rock Conexion, conducido por Arthur Alan Gore. Este lunes programé Metallica, Therion, Two Witches, Nosferatu y Tiamat. Se aceptan sugerencias para la semana que entra.



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE