domingo, octubre 29, 2006

(Domingo, sábado, viernes, 10, 9, 8....)




Domingo: rescatando de la bandeja de enviados viejos esqueletos...
I
Xina y los Cinco Vientos
Te voy a contar un cuento, Xina.
¿Está bien? Sé que me estás escuchando, aunque te hagas la muerta.
Yo no soy de aquellos Vientos que te pedirán que guardes silencio mientras susurro una historia cerca de tu oído. No me molestaría que me interrumpieras en cualquier momento para hacerme una pregunta. Entiendo que a veces uno tiene dudas.
Hasta yo, un Viento, dudo en determinados momentos.
¿Te has preguntado, por ejemplo, qué es lo que hay entre el mundo y tus párpados cuando cierras los ojos?
Si un Viento ha estado en el mundo incluso antes de que éste fuera creado y sabe que permanecerá aquí después de que el universo desaparezca, suele hacerse preguntas similares.
Xina, ojalá el cielo tuviera ojos para mirarte mientras duermes. Me gustaría más ser una de tus lágrimas que ser Viento, para acariciarte el sendero que separa tus ojos de tus labios.
Mi memoria es infalible y puedo recordar cada hecho del pasado como si lo estuviera presenciando en el presente, pero debo confesarte que me falta imaginación.
Nunca me vi en la necesidad de utilizarla.
Por eso, en lugar de retorcerme sobre mí mismo para buscarle un nombre a la protagonista del cuento, déjame llamarla simplemente así, Xina, como tú.
Pues bien, ella se durmió una noche después de aspirar profundamente uno de los cinco Vientos, justo el que iba pasando frente a su ventana cuando la muchacha se asomó para mirar la luna.
Ya sabes, los Vientos nunca tocamos a la puerta.
El Viento en cuestión no tardó demasiado en envenenarla. Xina no se dio cuenta, porque estaba dormida, pero el Viento se expandió por todos los rincones de su cuerpo: visitó el corazón, el cerebro, los pulmones (por supuesto) y hasta se paseó por los sueños de Xina.
Ojalá nunca hubiera tocado sus sueños, porque los llenó de unicornios que pastaban, duendes, hadas y otras variantes de mentiras.
Los hizo tan interesantes que Xina simplemente ya no quería despertar. Y aunque se vio en la necesidad de hacerlo, se dedicó a soñar incluso con los ojos abiertos. La muchacha renunció a ver el sol. Para ella, la existencia se convirtió en un desfile perpetuo de estrellas.
Mientras tanto, el Viento seguía ganando terreno en el cuerpo de Xina. Un día se atrevió a hablarle y lo hizo con una voz tan dulce que si algún reducto de duda quedaba en ella, esa noche desapareció.
Se dejó hechizar por uno de los cinco Vientos.
Como un vampiro, se alimentó de la vida de Xina. Ella se iba convirtiendo en una jovencita opaca para el resto del mundo. No le interesaban los números, los sonidos que hacían los golpes y los disparos ni las conversaciones donde la protagonista fuera la verdad.
Una noche, el Viento que vivía en ella invitó a los otros cuatro a que disfrutaran del placer que brindaba poseer el alma de Xina.
Entonces la obligó a dormir, para que los otros entraran.
La hizo soñar más de la cuenta.
Xina, sé que me escuchas y que me crees, aunque te hagas la muerta.
II
Dos mariposas

La sonrisa que tienes
cuando me saludas,
las criaturas que invento
y que te esfuerzas por ver,
el tamaño perfecto de tus hombros,
tu facilidad para deshacer el mundo
con una palabra,
y tu cabello,
esa tormenta de dos colores.
Pero por encima de todo tus manos,
porque tienes dos mariposas al final de los brazos,
con las que juegas.
Las ocultas, las retuerces,
las mojas en la tormenta
y las dejas dormir
en tu regazo,
si te sientes nerviosa.

En resumen: tu sonrisa, tus hombros, una palabra, una tormenta y dos mariposas.

Todo entra en el inventario
de las cosas que extraño,
cuando no estás.
******

Sábado: brindis de perdedores
La mesa del rincón.
La cajetilla que se consume.
La cerveza que desinfecta la infección.
La decadencia que se repite hasta el infinito recordándonos, mi buen amigo Xtyan que eso somos: un par de almas decadentes, condenados al infierno de los solitarios, de los que tienen que conformarse con las migajas.
Tenemos que aplaudir o nos lo vuelven a recordar, a embarrarlo en la jeta.
No más Héroes.
Ja.
Y lo peor: somos los que piden disculpas por ser pendejos.
Somos los protagonistas de cualquier historia de Bukowsky.
Con la cerveza y los malos cóvers de nos bebimos también nuestro amor propio.
Y las medias-noches, medias-horas, medias-naranjas, medias-de-seda y las perras-y-media que alimentan nuestras filmotecas mentales con películas basadas, nomás basadas, en una historia real.
Entre tanto, qué buenas reflexiones nos aventamos: ¿Cuánto cuesta una puta? ¿Por qué tenemos tarjetas de crédito, barba en la cara, trabajo y dejamos de lado los pentagramas...?
¿Qué es peor, un Don Quijote de los Sueños que ignora que el Molino se lo va a comer o el Sancho Panza de su free fucking time, que camina atrás, montado en un asno y que sólo espera que le truenen los dedos para aparecer?
Y qué, dirían los Babasónicos... ¿o no?
Y qué buena banda la del segundo piso.
Y qué buena la de negro que se levantó al baño.
Qué chido es revolcarse en tu propio dolor con otra espina tan similar.
Que no sea la última, qué le vamos a hacer mi estimado Ave Fénix.
Ja.
******

Viernes: Elvis y Sade a una esquina de General Primm
No conozco Italia, pero sí estábamos en Milán, en la colonia Juárez.
Recuerdo los cigarros, el amontonamiento de gente y las cervezas que iban y venían. Los bar tenders las destapaban frenéticamente y el líquido ámbar era vertido de una forma incesante en las gargantas de los presentes.
Fue churro.
Nunca habíamos hablado de Elvis Presley.
Pero me sacaste a bailar Don't be cruel y en las circunstancias que atraviesan nuestras vidas, no pudiste escoger mejor banda sonora para burlarnos de nuestras propias miserias.
Pues sí, me gusta Elvis tanto como la pañoleta negra alrededor de tu cuello.
Si el Marqués te hubiera conocido, seguramente estaría loco por apretarla al mismo tiempo que rendiera tributo a tu altar de Venus.
Quizá él no daría tantos rodeos para decirte que le pareces atractiva.
Aunque lo haría con palabras menos dulces, que no sonarían como el galopeo uniforme de un purasangre sino como una tormenta de langostas destruyendo un sembradío.
Sería un guarro y no un poeta.
Yo, por eso, mejor no te digo nada.
Dale gracias a Dios que Sade ya murió.
Y que no reencarnó en mí.
Así puedes seguir usando tu pañoleta negra alrededor del cuello mientras bailamos con Elvis.

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

jueves, octubre 26, 2006

Mi amor odia


Mi amor es un perro que ladra
Mi amor saliva cuando olfatea un ángel
Mi amor representa mi peor enemigo
Mi amor me hunde en un pozo
Mi amor puede hacerme sangrar
Mi amor huele a tierra
Mi amor camina entre escombros
Mi amor odia
Mi amor vive en el Infierno
Mi amor señala con el dedo
Mi amor se muerde la cola
Mi amor se miente a sí mismo
y a mí
Por piedad,
Denle muerte a mi amor

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

miércoles, octubre 25, 2006

In my darkest hour



In my hour of need
Ha [no] you're not there
And though I reached out for you
Wouldnt lend a hand.

Through the darkest hour
Grace did not shine on me
It feels so cold, very cold
No one cares for me.

Did you ever think I get lonely?
Did you ever think that I needed love?
Did you ever think to stop thinking?
You're the only one that Im thinking of.

Youll never know how hard I tried
To find my space and satisfy you too.
Things will be better when Im dead and gone
Dont try to understand, knowing you Im probably wrong.

But oh how I lived my life for you
Still youd turn away
Now as I die for you
My flesh still crawls as I breathe your name
All these years I thought I was wrong
Now I know it was you

Raise you head, raise your face your eyes
Tell me who you think you are, who?

I walk, I walk alone
Into the promised land.
There's a better place for me
But it's far, far away

Everlasting life for me
In a perfect world
But I gotta die first,

Please God send me on my way.

Time has a way of taking time
Loneliness is not only felt be fools
Alone I call to ease the pain
Yearning to be held by you, alone so alone, I'm lost
Consumed by the pain
The pain, the pain, the pain.
Wont you hold me again
You just laughed, ha ha, bitch

My whole life is work built on the past
But the time has come when all things shall pass
This good thing passed away.
In my darkest hour.

Sucede que tiene razón Chico Migraña, es mejor dejar que las canciones delincan por nosotros y tanto ha escrito él de Megadeth en su blog últimamente, que recordé esta, cuya letra viene como anillo al dedo cuando aparece gente en nuestra vida que tiene extrañas formas de querernos.
Esta rola me trae buenos recuerdos, como habérsela escuchado a Deo Ignoto en un toquín junto a Utopía, en mis tiempos preparatorianos... Lo malo es que ahora es una espina más, una más, una más...




NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

El Ladrón del Cielo (y un anuncio: Tormenta Negra en la radio)


Para la Maldita Musa, hasta La France (¡Ya vuelve, canija!)

No tenía caso llorar porque Lucía se hubiera ido. Todas las cosas en el departamento se encargaban de hacerlo por mí: derramaba lágrimas la licuadora, también el silencio que ya no ocupaban sus pláticas y hasta las hormigas que habitaban la cocina. Los insectos marchaban en fila desde la alacena hasta el borde de la ventana, como diminutos pilotos suicidas que se perdían del otro lado.
Yo no había desperdiciado una sola lágrima por mi mujer, y si por mí fuera, así hubiera continuado.
Pero a una semana de su partida, permanecía en mi estómago la misma revoltura que experimenté la última mañana en que vi a Lucía.
Aquel día me levanté un poco más tarde que de costumbre. Durante la noche había tenido sueños sobre yeguas negras que retozaban en prados desérticos, así que cuando desperté, me dolía la cabeza por lo poco que dormí.
En mi cama continuaba impreso el contorno del cuerpo moreno de Lucía.
La puerta del baño estaba abierta, su toalla marrón permanecía tirada en el piso, junto a su camisón, y el vapor se escapaba de la regadera en forma de fantasmas.
Llamé a Lucía en voz alta y ella no respondió; di por sentado que se había ido a trabajar. Pero cuando salí de la recámara, alcancé a ver su mano que cerraba la puerta desde afuera del departamento. Lucía me gritó un “hasta luego” que me quedaría revoloteando en la cabeza durante un buen rato. Fueron las últimas palabras que le oí pronunciar.
Miré el reloj y comprobé que faltaban cinco minutos para las seis. Me bañé lo más rápido que pude y antes de salir, tomé una taza de café frío. Cuando me dirigía hacia el metro, todavía estaba oscuro. La vecina del departamento de arriba, que solía pasear al perro por las tardes, había roto su rutina y en ese momento regresaba del parque junto con el galgo huesudo. La mujer vestía los pants de costumbre, que resaltaban sus nalgas, y aunque el sol aún estaba oculto, traía lentes oscuros.
En cuatro años, nunca he sabido su nombre, pero ella siempre me saludó con una ligera inclinación de cabeza.
Entré al lugar donde trabajo, exactamente a las siete y cuarto. El sol todavía no alumbraba. Me extrañó descubrir que el edificio entero estaba casi deshabitado a no ser por un par de tipos que en ese momento iban a la calle. Cualquiera diría que era domingo. En lugar de María Teresa, la recepcionista, estaba el velador. Seguramente ella estaría enferma. El vigilante no hace preguntas, así que ni siquiera retiró la vista de la televisión cuando pasé enfrente.
Selene, mi asistente, estaba en la puerta del despacho. Al verme, se sorprendió:
—¿Pero dónde has estado?—me preguntó.
—En mi casa, ¿dónde más? —le respondí, mientras me acomodaba en la silla.
Selene se puso las manos en la cintura y comenzó a reír.
—De veras que tú no tienes madre— me tomó del brazo y me invitó a levantarme —Prepárate para una buena regañiza. Te estuvieron esperando mucho tiempo para la juneta de las siete, pero al fin empezaron la junta sin ti y no sé a qué pinches acuerdos llegaron. Ahora los voy a tener que llamar otra vez para que te vean.
No entendí nada, pero me dejé guiar por ella. No era extraño que la compañía organizara reuniones a las siete de la mañana, pero cuando menos enviaban un memorándum un día antes. Además, sólo pasaban de las siete y media, no me habían esperado tanto tiempo como decía Selene. Si acaso llevaban media hora platicando.
Veinte minutos después, el Consejo directivo estaba reunido en el corazón del edificio, en una sala donde no había otra cosa que una mesa alargada con diez sillas y un monitor de televisión. Primero me reprendieron por haber llegado tarde a la junta e inmediatamente, el Presidente comenzó a recitar una retahila insoportable de cifras, fechas y datos.
Selene estaba sentada junto a mí y se limitaba a tomar notas en su libreta de taquigrafía. Se había cruzado de piernas, así que me puse admirarle las rodillas, en definitiva mucho más agradables que todo aquello que la Junta de Consejo discutía en esos momentos. Ella se dio cuenta de mis miradas y se sonrojó, pero no cambió de posición. Por el contrario, se jaló la falda distraídamente, un poco para arriba, para mejorar mi panorama. Hasta ese momento entendí que no había razón alguna para no animarme a realizar alguna locura con Selene. Tal vez cuando acabara la junta, o quizá al día siguiente.
Debieron cuando menos tres horas. No lo sé, porque por salir a las carreras en la mañana, había dejado mi reloj de pulsera en casa. Selene se paseaba en círculos en mi oficina mientras se tomaba la cintura con ambas manos, sobándose, mientras se arqueaba hacia atrás.
—¿Te duele la espalda?
—Algo así, algo así—respondió ella –estoy muerta. Tuve un día muy pesado.
—Y eso que apenas son las… —iba a decirle, pero sus pantorrillas me tenían hipnotizado.
Selene se sentó en la silla frente a mi escritorio e intentó convencerme de que si volvía a llegar tarde a una junta, tuviera la gentileza de avisar, para que ella pudiera elaborar una coartada.
Yo me puse de pie y le dije que iba a dictarle algo. Entonces me pidió que le permitiera sentarse en mi silla, para que escribiera directamente en mi computadora y no tuviera que hacer un borrador a mano. Sonreí.
La verdad no tenía necesidad alguna de dictarle nada, pero ese era de mis juegos predilectos. En el fondo, a Selene también le excitaba. Solía colocarme detrás suyo, en un punto en el que ella no podía verme, pero desde donde yo podía contemplarla perfectamente. Le hablaba muy despacio. Ella debía intuir que estaba examinándole la nuca, los hombros o el escote.
Yo podía percibir su incomomidad, lo vulnerable que se sentía ante mi mirada. Realmente disfrutaba lo nerviosa que estaba. Supongo que lo peor era tener que registrar mis palabras en la computadora. Era como si la sujetara con cuerdas invisibles, porque no podía moverse y enfrentar mis ojos.
Ese día decidí llegar un poco más lejos. Le puse las manos en los hombros y comencé a masajearla. Me di cuenta claramente cómo se le erizaba la piel. No quitó los dedos del teclado, aunque dejó de escribir al momento.
—Fue una junta muy larga y aburrida, ¿me aceptarías una invitación a comer?
Selene se puso de pie muy lentamente, y giró, Yo coloqué mis manos en las bolsas del pantalón. Ella se me acercó lo suficiente como para que su perfume me golpeara de frente:
—No esperaba menos después de todo lo que sufrí mareando a los de la junta sin decirles que no podía localizarte ni en tu casa ni en tu celular. Voy por mi bolsa.
Selene se detuvo en la puerta y me dijo:
—Por cierto, gracias por invitarme a cenar. A ver si ya despiertas de una vez, flojo.
Cuando me quedé solo me di cuenta que el foquito de mi teléfono estaba parpadeando. Descolgué el auricular; eran tres mensajes de Lucía. Pobrecita, debió llamarme mientras estaba en la junta. No era nada importante, sólo dijo tenía la tarde y la noche ocupadas con diversas citas, así que llegaría a casa cerca de las once.
Selene entró de nuevo en la oficina, con un gesto de desagrado:
—¡Agárrate, maldito! A la junta le fascinó tu proyecto. Me acaba de llamar el Presidente para decirme que quieren que te reúnas con ellos otra vez en media hora.
Yo no salía de mi asombro, pero otra vez me distraje viendo las piernas de Selene, parada en el marco de la puerta y con los brazos cruzados. Se mordisqueaba un mechón de cabello que le caía por la frente.
—Pero si no te importa, te acepto después la invitación a cenar, para que celebremos. Por lo pronto, te llevo un sándwich a la reunión.

Mi asistente y yo abandonamos el edificio cuando ya estaba oscuro. Normalmente me ponía de muy mal humor no haber visto el sol en todo el día, pero la compañía de mi Selene me hizo pasar por alto el incidente. El trabajo me hacía perder muchos días, pero aquella noche no me importaba.
Subimos a un taxi y nos dirigimos a la Condesa, donde entramos a uno de mis restaurantes favoritos.
El mesero se distrajo y nos había traido la carta de desayunos, pero lo despeché y pedí una botella de vino.
—¿A esta hora?—preguntó Selene.
Cenamos y nos terminamos una botella y media de tinto. Selene y yo íbamos completamente borrachos cuando subimos nuevamente a un taxi. Su casa no estaba muy lejos de ahí, exactamente en la calle de Alfonso Reyes. Excelente, porque ella quería ir al baño.
—Por cierto, me dijo el Presidente que podíamos tomarnos el día—dijo ella. No tendríamos que levantarnos temprano y por mí, estaba bien.
No llevaba reloj, pero sí sospeche que era muy tarde. Cuando pasé a dejarla, no me extrañó que me invitara a entrar. Le dije que se adelantara, en lo que pagaba el taxi, y aproveché esos minutos para llamarle a Lucía al departamento. Me respondió la contestadora. No dejé mensaje pero le llamé al celular. También escuché una grabadora. No lo pensé dos veces y me metí en la casa de mi asistente.

Desperté y todavía era de noche. Selene permanecía a mi lado. Su pecho subía y bajaba con un movimiento hipnotizante. Aunque anoche nos pusimos muy borrachos, el ejercicio me había despabilado. Comencé a vestirme y me metí al baño.
No me sentía mal por lo que hice, pero sabía que me esperaba un gran problema con Lucía. Al salir del departamento, escuché que Selene me llamba por mi nombre, pero no respondí. Su voz se oía adormilada. Mejor le llamaría por la tarde.
Eran diez para las siete cuando subí al metro Chilpancingo, según observé en el reloj. Llegaría a mi casa alrededor de las ocho, ahora sí con luz de día. Había demasiada gente en el vagón, todos con cara de agotados, como quien carga con su propio cuerpo a costa de su voluntad. Entonces sí, me quedé dormido.
Salí de la estación a las ocho y media y casi me voy de espaldas: el cielo estaba negro. No sólo eso, sino que las taquerías lucían llenas de gente con saco y corbata y los bares estaban abiertos. Había dormido el día entero en casa de Selene.
Camino a mi casa encontré a mi vecina, la de los lentes oscuros, paseando a su perro. Me saludó con la misma inclinación de cabeza de siempre.
Entré a mi departamento a toda prisa. Estaba en silencio, Lucía aún no llegaba de trabajar. Afortunadamente yo traía una coartada en el bolsillo. No me iba a creer nada, pero tomaría en cuenta mi esfuerzo por salir del problema. Así era Lucía: una sirena colmilluda a la que resultaba imposible tomarle el pelo.
Tenía que apurarme, meterme en la cama a toda prisa y hacerme el dormido, para que cuando ella me despertara, totalmente encabronada, le dijera que había pasado la noche entera en la oficina y que cuando llegué al departamento ella ya se había ido. Que no le marqué al celular porque estaba muy cansado.
Al entrar en la recámara, vi la cama destendida. Estaba caliente. Volteé hacia el baño y alcancé a ver la mano de Lucía que cerraba la puerta desde adentro. Comenzó a sonar la regadera. Me metí en la cama a toda prisa. Unos minutos después escuché que mi mujer salía del baño y comenzaba a vestirse. Nunca se acercó a mí, ni intentó despertarme. Se dirigió a toda prisa a la sala, mientras fumaba un cigarro. Lucía fumaba sin parar, su encendedor era al primero que saludaba todos las mañanas y el último de quien se despedía. Escuché la licuadora encenderse y los tragos apresurados que ella le daba a su licuado.
Me levanté decidido a enfrentarla. ¿Quién se creía para ignorarme después de la putada que le había hecho yo la noche anterior? Pero cuando llegué a la sala, sólo alcancé a ver, nuevamente, su mano cerrando la puerta desde afuera. Eran sus uñas maltratadas y sus nudillos raspados, no cabía duda.
Durante el día entero no me telefoneó. Yo no quise salir a la calle.
La única que llamó fue Selene, pero no quise contestarle. Como era de esperarse, no mencionó nada sobre nosotros, y sólo quería saber si me presentaría a una junta en la oficina a las siete.
La ausencia de Lucía en mi vida poco a poco fue haciendo que dudara que alguna vez estuvo conmigo. Nunca volví a abrir las ventanas del departamento, como una forma de guardarle luto. Me habían robado el cielo y con él, a mi mujer. Siempre que abría una puerta, Lucía acaba de estar ahí. Si me dormía, ella ya se había retirado cuando despertaba. Me cansé de perseguir sus fantasmas, pero también de salir a la calle porque aquel cielo permanentemente negro me ponía mal.
Así que un día me metí al closet y me quedé quieto, dispuesto a esperar a Lucía aunque fuera para verla una sola vez en la vida.
No sé cuánto tiempo pasó, pero un día Lucía entró por la puerta de la recámara.
Estaba tan hermosa como la última vez, con el cabello hecho una maraña de ramas recién cortadas. Venía con mi vecina, la de los lentes oscuros. Ambas entraron a la recámara tomadas de la mano. Yo las observaba desde el clóset, con el alma entumecida de tanto tiempo de estar inmóvil.
Se sentaron en la cama y comenzaron a besarse. Iniciaron con ternura, pero en pocos segundos sus lenguas estaban danzando delante de sus rostros.
En un momento, Lucía volteó y me vio de frente. La vecina no se dio cuenta, así que siguió buscando la boca de mi mujer con desesperación.
Al fin, Lucía apartó con suavidad a la vecina y se puso de pie.
Comenzó a caminar hacia mí y le pidió a la otra que se acercara.
La vecina me examinó con cuidado. Se bajó los lentes para mirarme un poco mejor y se sonrió.
Lucía cerró la puerta del clóset y me dejó ahí guardado, donde yo ya no podía escuchar el llanto de todas las cosas. De todos modos no importaba. Estaba feliz porque había visto por unos instantes al ladrón del cielo cara a cara, y contemplé al hermoso prisionero en sus iris: azul.

La Tormenta Negra en radio
Por invitación expresa de mi amigo Francisco Zamudio, el próximo 30 de octubre iniciaré un programa de radio en Rock Conexion, y se llevará a cabo todos los lunes de 9 a 10 de la noche.
Hablaremos de temas oscuros y no tanto y aunque en un principio llevaba el nombre de Ciudad Gótica, al final se llamará Tormenta Negra.
Si a alguien le apetece, me agradará verlos por el radio-ciber-espacio.
Ah! En esa misma frecuencia, pero de 10 a 11, sintonicen a mi hermano el Chico Migraña con su programa especializado en metal

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

lunes, octubre 23, 2006

Anyelina


Decidí que se llamaría Angelina.
No Angelina con "ge", en perfecto español, sino con "ye", como en inglés, para que le dijéramos "Anyelina".
Así bautizaríamos a nuestra primogénita.
Nunca olvidaré aquella vez que caminábamos tú y yo por Insurgentes y observamos aquel espectacular con el rostro de Angelina Jolie.
"Cómo me excita esa mujer", dijiste.
Y mi sangre hirvió y me prometí colgar alguna vez una foto de Lara Croft en el techo de mi cuarto, por encima de mi cama, para que pudieras verla cuando hiciéramos el amor.
Angelina fue la cuarta o quinta niña que encontramos ayer, cuando paseábamos de la mano por la colonia Roma. Primero fue una de trapo, supuestamente hecha por artesanos influidos por el arte maya. El cabello de estambre le caía por la negrura de su cara y los huevos enormes de sus ojos blancos de plástico, a manera de rastas.
Tú ibas delante de mí, dejando que aquellas miniaturas y antigüedades se te metieran por los ojos al mismo tiempo que tu perfume de recién bañada se alojaba en mi nariz.
-Mira amor- dijiste de pronto, con tu tono de cajita musical.
Angelina tenía un solo ojo, pero era hermosa. Casi había perdido el total de su cabello y los pocos hilachos anaranjados que le quedaban, brotaban como alambres de su cabeza desnuda. Llevaba un vestido polvoriento que apenas recordaba haber sido blanco y su pierna derecha lucía cuarteada, derruida por los años. Su rostro angelical y cacarizo era idéntico al de la protagonista de Vacaciones del terror.
Se le veía contenta, quizá por los abrazos acumulados por años y años de pasar de una niña a otra, del cariño que le habían prodigado y que era lo único que le quedaba además del polvo y las polillas de su vestido.
Quizá antes de la muerte pueda reunir los 500 pesos que cuesta y regresemos, tú y yo, por Angelina.

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

domingo, octubre 22, 2006

Movimiento oscuro y otras cosas



Hubo mucho trabajo estos días y sus consecuencias, por lo cual se me dificultó mantenerme en contacto con mi propio diario. Sin embargo, hubo sucesos que vale la pena compartir.

Vamos a poblar el Zócalo de sombras
El viernes, hace 15 días, otra vez Pascal se salió con la suya y llevó a cabo un concierto de metal gótico en la Plaza de la Constitución. Llegué tarde a ver a Fractalia, pero estuve puntual con Anabantha. Me sorprendió que sólo Vlad y Duan aparecieran por ahí y que el resto de los integrantes fuera nuevo. Un día después, que platiqué con Landeros, me comentó que la principal causa para la muda de músicos es el "rockstarismo". A mí me consta, por experiencia propia y de voz de aquellos que han trabajado con Anabantha, que se distinguen por su profesionalismo y determinación al trabajo. Tienen muy mala fama, decía una amiga hace poco, entre otras bandas de metal "porque siempre llegan a tiempo y no se emborrachan".
Pues bien´, con nuevbos músicos pero sonaron a toda madre. La voz de Duan sobrevoló como un cuervo el Zócalo y rebotó como una esfera de luz en la Catedral, el Palacio Nacional y los otros tantos rincones de este ombligo de México.
"Gracias a este movimiento gótico, el más puro del mundo", dijo la cantante ante un audiencia de (calculo) unas 300 personas, quienes estoicos resistieron la lluvia. Me fascinaron rolas como Barcos fantasmas, Sangre, Deja Vú y ¡guau! el tributo a Ramón López Velarde, Te honro en el espanto.

Ya que tu voz, como un muelle vapor, me baña
y mis ojos, tributo a la eterna guadaña,
por ti osan mirar de frente el ataúd;
ya que tu abrigo rojo me otorga una delicia
que es mitad friolenta, mitad cardenalicia,
antes que en la veleta llore el póstumo alud;
ya que por ti ha lanzado a la Muerte su reto
la cerviz animosa del ardido esqueleto
predestinado al hierro del fúnebre dogal;
te honro en el espanto de una perdida alcoba
de nigromante, en que tu yerta faz se arroba
sobre una tibia, como sobre un cabezal;
y porque eres, Amada, la armoniosa elegida
de mi sangre, sintiendo que la convulsa vida
es un puente de abismo en que vamos tú y yo,
mis besos te recorren en devotas hileras
encima de un sacn1ego manto de calaveras
como sobre una erótica ficha de dominó.


Salieron a la venta los primeros discos del grupo: Letanías I y Letanías El Capítulo prohibido, reeditados por Denver. Valen mucho la pena.

Xandria
El sábado acudí al concierto de Stream of Passion, Anathema y Xandria. Sólo pude ver a los alemanes pero estuvieron brutales. Fue un privilegio escuchar Ravenheart en vivo. En ese toquín me topé a Gaby Gazcón y Fernando, de El Economista.
Chido!

Zocalazo
Y el domingo la presentación de Saliva y Telaraña en el Zócalo. Otra vez gracias, Pascal. Lo hice junto con Oliver Edén, que presentó un libro de cuentos Diablo Flaco y otros cuentos de frontera. Mi colaga, oriundo de Piedras Negras, escribe una literatura alucinante. Quienes lo pudieran adquiris les recomiendo el cuento del tipo que muere con la cabeza enterrada en la tierra y las nalgas al aire.
Marko González hizo o propio con su novela Ángeles Enfermos, escatológica, oscura y con mucho humor (claro) negro. Tuvo un gran éxito entre los darkis que andaban por ahí y los tres pudimos vender varios libros y firmarlos. Recuerdo cuando Marko llevaba esa novela por entregas al taller de Pascal. Cada semana nos sacaba más de onda con la historia de su ángel con dientes de metal, con Morgana (que a todas luces es un alter ego de su novio, la chidísima amiga Myriam) y el gato Fono. También 100% recomendable.
Pascal presentó su antología de poesía sobre vampiros y por ahí vi a Sergio Loo. Compren también la antología de poesía homoerótica que publicó mi cuate Sergio Tellez-Pon. No comparto sus preferencias amatorias (jajaja), pero la selección es muy buena, tiene desde textos de Catulo hasta Salvador Novo.
Al final de las lecturas, tocó Anabantha, esta vez en acústico.

Revista Gótica
Se presentó ese mismo domingo en la noche en el Under la revista Gótica, a la que me invitaron a colaborar. Hay que estar atentos al proyecto.

Happy Deathday
Una semana después, el sábado (ayer) celebré mi cumpleaños. La celebré aterrador. Gracias a todos los que pudieron asistir. Una disculpa por la pésima música. Jajajaja
Les dejo unas fotos del Zócalo








NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

sábado, octubre 21, 2006

Happy deathday to meeee... jajajaja

Éste sería el mejor regalo

Feliz cumpleaños a mí....!!!!
Si alguien no tiene la dirección o mantiene dudas respecto a cómo llegar, échenme un fon al celular!!!

Los veo por allá!!!!



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

lunes, octubre 16, 2006

Anabantha, Libro, Gótica


Vaya, vaya fin de semana...
El viernes: Anabantha en el Zócalo... mágico
El sábado: Xandria en el Circo, no pude ver a Stream ni Anathema...
El domingo: Presenté Saliva... en el Zócalo con los Goliardos, Anabantha ahora en acústico y saliendo, el coctel de presentación de la revista Gótica en el Under. Me encontré a Raúl Aníbal y ya piensa publicar poesía.

Prometo colocar las reseñas de todo esto en un ratito...
Voy de volada a unos pendientes...

Ya pude subir una foto, aunque sea, es doña Duan Marie, de Anabantha. Estábamos platicando antes del acústico que ofreció junto a don Vlad Landeros y el señor Sando nos inmortalizó con su lente...

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

jueves, octubre 12, 2006

En el Zócalo, las sombras (vengan a la presentación de mi libro)


Independientemente de invitarlos a todas las actividades del Festival Internacional de Ficción y Fantasía (actividades completas http://goliax.galeon.com/) que se llevará a cabo en el Zócalo dentro de la Feria del libro, del 13 al 15 de octubre y que contará con lecturas, performances, un concierto de Anabantha (yo no pienso perdérmelo), actuaciones de Mario Cruz, Bela Kinsky y Armando Vega-Gil, quiero hacerlos partícipes de algo que me llena de emoción:

Saliva y Telaraña (mi book)
Presentación en la Plaza de la Constitución
Foro Arena de la VI Feria del Libro en el Zócalo
Domingo 15 de octubre
14 hrs....

Agradezco mucho a H. Pascal me haya otorgado el espacio y sobre todo, a Marko González y Oliver Eden, Goliardos y hermanos, quienes presentarán en ese mismo lugar y hora sus libros Ángeles Enfermos y Diablo Flaco y otros cuentos de frontera. Compartir de nuevo el micrófono con ustedes me llena de emoción.

Quienes puedan caerle, me dará mucho gusto darles un abrazo
y quienes deseen llevarse alguno de los textos, ahí estarán a la venta.


NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

martes, octubre 10, 2006

Cuando Morfeo te abandona



Yo también escuchí el batir de las alas de un murciélago del otro lado de la ventana,
de verdad. Quizá era Morfeo viniendo a pedir disculpas.




Cuando Morfeo te abandona
siento deseos de ir por él
hasta el final de tus párpados
y, maldeciendo su hechizo,
retorcerle el cuello
hasta que de nuevo acepte
poseerte delante de mí

Otra veces quisiera
arrancarle los labios
y ser yo quien te bese
en tus lunas de desesperación

Cuando Morfeo te abandona
me dan ganas de robarle
un minuto de paz
al sueño de todos los bebés del mundo
e inyectártelo con una caricia
hasta que saborees
esa anehlada
muerte temporal

Últimamente
Morfeo tampoco llega puntual
a mi ventana
y su ausencia llena mis sueños
de lagartos venenosos

Cuando Morfeo te abandona
sé que hay otro aliento soplando
sobre tu frente
y eso me enferma
ojalá fuera yo
el único
que cuente los minutos,
tomado de tu mano,
antes del parto del sol

Quisiera ser un guerrero onírico
que combata en los sueños
de toda la gente
también los que
reposan en coma
y expulse a Morfeo
de todos los sueños
para que regrese a ti

Cuando Morfeo te abandona,
quisiera ser yo
y no el otro aliento,
quien ocupa tu cabeza
y corazón
vacíos de sueño.



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

lunes, octubre 09, 2006

Live n' Louder: Rápido y Furioso

Mi crónica.
Originalmente, debía haberse publicado en Récord así como la posteo, hoy lunes 9 de octubre (cumple de John Lennon), pero por razones de espacio, se editó.
Mexicanos al grito del metal

Mexicanos al grito del metal, la guitarra aprestad y el melenón. Y retiemble en su centro el Salón 21 al sonoro solo de bajo de Lauri Porra, de Stratovarius, que improvisó una impecable versión del Himno Nacional Mexicano, en medio de la presentación de los finlandeses en el Live N’ Louder Rock Fest.
Los más de 2 mil 500 apósteles de la religión metalera se sintieron tocados en su corazón patriótico y comenzaron a entonar aquella letra de Francisco González Bocanegra que la mayoría cantó en los patios de sus escuelas primarias.
Pero nunca en un Festival de Metal como el que estalló la noche del sábado, donde confluyeron, en ese orden, Suecia (Gotthard), Holanda (Alter Forever), Alemania (Doro), Brasil (Sepultura) y Finlandia (Stratovarius) y en el que después del solo improvisado por Lauri, el obeso Timo Tolkki hizo lo mismo con su guitarra acústica, interpretando el Himno a la Alegría y provocando que la audiencia tarareara la tonada de Beethoven.
Stratovarius fue el encomendado para cerrar una jornada saturada de decibeles, con rolas como Kiss of Judas, Eagleheart y la coreadísima Black Diamond.
Su cantante, Timo Kotipelto, significó la revancha de las damas, quienes horas antes soportaron que sus novios se recrearan la pupila con la gótica hermosura de Floor Jansen, vocalista de Alter Forever, y las curvas tapizadas de negro de la alemana Doro.
En venganza, las mujeres cubrieron al rubio Kotipelto de chiflidos y piropos.
En contraste con la parte melódica y heroica del power metal de Stratovarius, antes Sepultura armó un auténtico aquelarre de death y thrash con temas como Biotech is Godzilla, Territory y Arise. Hasta los fanáticos más aferrados, vieron con buenos ojos a su nuevo baterista, Jean Dolabella, quien sustituyó a Iggor Cavalera. Los brasileños fueron quizá el momento más brutal de la jornada, a unas semanas de que su clásico álbum Bloody Roots fuera reeditado en México con un disco extra con rarezas.
Poco después de su aparición como abridores, el cantante de Gotthard, Steve Lee dijo a CIRCO: “el metal puede no ser la música de moda, pero no está muerto. La prueba es que aquí lo mismo hay niños que gente adulta”. Los suizos promueven su disco en vivo Made In Switzerland - Live in Zürich. Alter Forever fue el segundo fragmento de ruido en entrar por los oídos mexicanos y Doro el tercero.
Y aunque hubo algunas caras largas debido a la cancelación de último momento de Saxon y de aquellos que llegaron tarde porque no supieron que el concierto se mudó del Pabellón del Palacio de los Deportes al Salón 21, al final Stratovarius pintó sonrisas en los rostros a ritmo del Himno Nacional.
Disminuido con respecto a su antecesor en tamaño, pero digno en su calidad musical, el segundo Live N’ Louder cumplió su encomienda de ensordecer oídos. (Fin de la nota como debió ser publicada, Chico Migraña dixit, jajajajaja)
Por razones personales, el primer Live n' Louder, que en su mayoría fue muchísimo más gótico, con la excepción honrosa de Overkill, no la pasé tan bien. Fue cosa de quedarme con la duda de tocar una Estrella, pero a fin de cuentas y ya lo he dicho, me dieron una sopa de mi propio chocolate. Lo justo, y como dicen los mayas: Como es arriba es abajo.
El Festival de este año, al que asistí con mi buen amigo Fly, estuvo brutal. No sólo fue el hecho de ver a Sepultura por primera vez (sí ríanse, pero desde que mi primo Jorge me presentó a los brasileños cuando yo tenía 13 ó 14 años nunca pude verlos), aunque con la consabida ausencia de ambos hermanos Cavalera.
After Forever era uno de los bocados que más ganas tenía de saborear, pero la neta, la neta, me dejaron con ganas. Buena banda, poderosa, y Floor es un producto de la imaginación erótica y una vocaliusta sobresaliente, pero como que algo les faltó. Cuando menos, es mi opinión.
Doro me dio una grata sorpresa y Sepultura me hizo recordar la secundaria, la prepa y un sinfín de cosas: ¡Puta! Es que escuchar Dead Embryonic Cells y un cachito (cachito nomás) de su versión de Orgasmatron virtualmente no tuvo madre.
Pero Stratovarius fue cosa aparte. Los vi más armados que nunca, con una magia que se les salía por los dedos (y en el caso de Timo Kotipelto por la garganta) y que dejó sin habla a quienes desde tiempo atrás hemos rendido culto a los finlandeses.
Y más allá de eso, qué gusto encontrar a los viejos amigos, aferrados y metaleros: Rafa, Agonizante, Tiburrock, Migraña (man, nos hemos en el cumple de la Nat), los integrantes de Wishmaster y Stolzes)...
Zombie: qué gustazo conocerte. Nunca dejes de ser como eres. Y ojalá la próxima vez sea una plática más larga. Neta, me pareces un talento en potencia y gracias, de corazón, por tu sincera admiración. Me siento inmerecedor de ella, pero te la retribuyo al cuadrado.
Ojalá vengan más Live N' Louders, aunque seamos muy pocos los que querramos mantener a flote el metal.
Ya lo dijo el Mai en su propio blog: Si no vamos a los conciertos ¿cómo queremos que haya cada vez más?
Lo sé y también lo dijo el Mai, a uno por razones laborales le toca ir gratis, pero cumplimos con nuestro papel que es el de difundir lo más honrosamente al metal.
Si sembramos la semilla en los más jóvenes (como tú, querida Zombie), pues algo hicimos por esa música que nos hace estremecer.
Por hoy, he dicho.
PD.- La imagen del Aguilita es en honor a Stratovarius, que me complació con Eagleheart, una de mis canciones favoritas: Rápida y furiosa...
NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

viernes, octubre 06, 2006

Thriska y las Arañas


Lo sé lo se. Prometí un artículo, pero me cae que no tuve tiempo.
No por lo menos hoy.
Regresé de Puebla con una gran sonrisa. Se compuso la semana, esperemos ahora que sea una medicina a largo plazo y no un maldito placebo. Todo depende del valor y el miedo.
Te la debo otra vez Ranita, sorry.
Este maldito trabajo absorbe como las ventosas de un pulpo tamaño Julio Verne.
Ora sí ni he dado chance de que mis contadísimos lectores (jejaja) se echen lo que he puesto, así que voy a poner un cuento muy breve.
Originalmente se publicó en Monterrey (by the way por obra de Gabby Rotten) en la revista literaria Papeles de la Mancuspia.

PD.
Garo ¿cómo saliste de la operación?
PD. 2
Mañana es día de Live N' Louder.



Thriska y las Arañas


La última niña que se burló había terminado el año escolar en el interior de una pecera. Desde que Thriska le hizo desaparecer los huesos, los demás prefieron no molestarla más.
Thriska era amiga de las arañas y siempre traía a Indovina, su favorita, oculta entre los pliegues del sombrero. Para nadie era un secreto que su veneno, aunque no era mortal, podía hacer delirar durante muchos días a aquel que fuera picado, pero Thriska nunca la usaba en contra de nadie.
Un día, en medio del recreo, varios niños se acercaron a ella.
—¡No estudiamos para el examen de historia!—dijeron.
Thriska acarició la cabeza del artrópodo y respondió:
—Yo tampoco.
Y todos se retiraron a jugar.
Al cabo de una hora, los niños se encontraban en el interior de un salón, esperando a que llegara la maestra de historia. Todos estaban seguros que nunca lo haría. A esa hora, seguramente estaría dentro de la panza de un dragón o mejor aún, ella sería el dragón y estaría vomitando fuego revuelto con tripas en la sala de profesores. Thriska se habría hecho cargo.
Pero la maestra llegó al salón cinco minutos y repartió los exámenes. Rodrigo escribió que Alejandro Magno había sido el conquistador de los Aztecas, que vivían a orillas del Mar Muerto. Sandra estaba segura que Cleopatra fue la amante de Robespierre y que durante el golpe de Estado en Chile, un ejército había entrado en la ciudad escondido dentro de un caballo de madera. Dórica titubeó, pero al final describió con detalles los tratados de paz firmados en 1945 por Mao y Atila.
Pero nadie se atrevió a reclamarle a Thriska que no hubiera hecho nada, por temor a que pudiera castigarlos con algo peor que el cero que sacarían en el examen. Todos siguieron jugando con la niña, sin chistar.
A la semana siguiente, la maestra entregó los exámenes. Todos, sin excepción, habían sacado diez. De acuerdo con la maestra, no cabía duda que Cleopatra fue amante de Robespierre o que Mao y Atila alguna vez filmaron la pipa de la paz.
—¿Cómo lo hiciste? —le preguntaron a Thriska durante el recreo.
Ella le dio un besito a Indovina, que durmía en el dorso de su mano.
—Diosito no me lo va a perdonar, pobrecito, seguro todavía le duele.


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jueves, octubre 05, 2006

Rumbo a Puebla. Porcayo remember


En minutos me voy a Puebla de los Ángeles Caídos a cubrir una premiación, alfombra roja y demás remanentes...
Antes de abordar carretera (licencia gramatical), me acordé de un buen colega y amigo, Gerardo Horacio Porcayo, un Goliardo más, escritor prolífico y fundador del Cyberpunk en Latinoamérica...
Recuerdo dos de sus libros en especial: La primera Calle de la Soledad y El canto de las sirenas.
Todo un agasajo cerebral.
Ah, y un cuento darqui: Murciélagos como mariposas.
Conocí a Porcayo en el Circo Volador hace ya bastantes ayeres, cheleamos juntos en un homenaje a Poe en donde cada uno leímos unos cuentos. Hasta donde sé, le gustan algunas cosas de metal.
No podré verlo en este rápido viaje a Puebla, pero que sepa que me acuerdo de él y de Nomás los muertos están bien contentos. Chido por sus talleres.
Aquí algo de lo que Porcayo, El Lobo, ha pegado en su propio blog (búsquenlo, está bueno...)
...algo así debe pasar. algo semejante, tan patético, tan simple.esta realidad cojea, se arrastra a velocidad tortuga sin dejan a su paso otra cosa que una suerte de baba de caracol, camino de entrañas que no cesan de procesar...
Camino a Puebla. Rana, por allá nos vemos, aunque sea lo que dure la cauda de un cometa.



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

miércoles, octubre 04, 2006

Unas fotitos















































Pues muy mi gusto, ¿no?
La verdad es que como diría un cuate, hoy sí me batí... Posteo en promedio una vez a la semana y en este día llevo tres entradas. Ja. Pero la verdad es que concluyo el día con mucho mejor ánimo del que lo empecé.

Y antes del ir al sepulcro, quería subir estas imágenes al Fotolog (que para eso es), pero, ¡oh! y no me extraña de mi maltrecho cerebro ¡olvidé mi contraseña!

Como sea, no me quise quedar con las ganas y he aquí algunas imágenes importantes, que quise compartir.

Pues al fin un blog es algo personal, ¿no?

Pero prometo que la próxima entrada será un artículo un poco más interesante que las vivencias de un loco que está por volverse más loco porque se acerca su cumpleaños.

Fotos:
1. Gaby Rotten, mi editoria. Tomada en la Comuna de Copilco (de corazón) aunque en realidad fue en casa del poeta Daniel Espartaco.
2. Con Raúl Aníbal y Sergio Loo, este último autor de Claveles Automáticos, que también se prsentó en el segundo encuentro de jóvenes escritores en Monterrey, en julio (¿? ¡Maldito Alz Heimer!) pasado, junto con mi libro, Saliva y Telaraña. Tomada en la Comuna de Copilco (igual que la anterior).
3.- La presentación de Saliva y Telaraña en DF. Tomada en Tapas La Araña, en la Condesa.
4. Fuego en Los Cabos. Tomada en... pues ahí, en la playa.
5.- El cumpleaños de Tania. Quizá la última tocada de Los Chachas. Tomada en Coyoacán.

"Cuidado con la tristeza. Es un vicio"
Gustave Flaubert



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Lo Blanco: Lourdes


Este es el segundo post de hoy.

Mi buena amiga Azul, que por estas fechas se encuentra aplanando las banquetas europeas y asiáticas, siempre dijo que Dios no existe y si existe, la odia.

Se queja amargamente de su mala suerte.

Yo tampoco creo que exista, pero sí creo en las afortunadas casualidades. Si Dios existe, de vez en cuando le caigo chido.

Hoy, que el día promete ser una basura, temprano por la mañana un ave simpática y enternecedora se metió por la ventana y me dijo : "hola"...

Creo que nunca la escuché llamarme por mi nombre antes de hoy.

Rápidamente me metí a hurgar entre viejos cuentos y encontré éste, que en realidad no es cuento, sino una carta que nunca llegó a su destinatario.

Tiene más de un año que la escribí y no me atreví a entregarla.


Hoy tampoco, pero quiero compartirla.

Grax, Ave, por aliviar un poco la ponzoña que me envenena.

¿Cómo ves, Amiga sin Tiranosaurio, se la enseñamos?


Lourdes

Lourdes ejerce en mí un efecto contrario al de Medusa. Es ella quien parece hecha de piedra y cuando nuestras miradas se encuentran, me da por salir corriendo. Quisiera huir hasta que no quede mundo por dónde correr y entonces, desplegar mis alas para volar más allá de donde sus ojos puedan alcanzarme.
Quizá ella ni siquiera ha notado mi presencia, pero eso sólo la vuelve más perturbadora.
Con Lourdes no tengo la certeza de nada.
La he visto sonreír, cuando la espío detrás de mi deshuesadero de poemas, pero eso no me asegura que sea feliz. Su forma neutra de vestir, el perfil de su rostro hundido en el monitor de la computadora, la manera en que suele sentarse como un ave erguida, un águila hermosa con las uñas pintadas, no hacen sino tenderme una trampa en la que caigo continuamente.
Lourdes llora lágrimas de tiempo. Por eso, al final del día, cuando me acerco a contemplar la silla en que estuvo sentada durante toda la jornada, descubro innumerables minutos sangrantes que aún agonizan en el piso.
La silla, su escritorio y hasta la pantalla del ordenador, están llenos de ese tiempo que ya murió. Desde segundos hasta horas hechas pedazos, todos se retuercen de dolor por la ausencia de la mujer. Si acerco mi oído puedo escuchar el lamento de la última hora que, inevitablemente, también debe morir.
Y sólo entonces me doy cuenta que yo tampoco hice nada antes que saliera la luna que admirar a Lourdes.
Algunas mañana me sigo de largo y otras, no resisto la tentación de saludarla. Ella me sonríe con la promesa de que a la vuelta de la esquina habrá un tigre de bengala en espera para devorarme.
Es muy amable; de hecho, una vez me prestó sus tijeras.
Después sigo hasta mi silla, arrastrando las cadenas de mi cobardía, y me resigno a mirarla de nuevo. Sus dedos bailan, al son de su propio ruido, sobre las teclas de la computadora y yo volteo a ver el reloj, que lentamente provee de nuevas lágrimas de tiempo a los ojos de Lourdes.
Hoy me la encontré.
Quizá no fui el único, pero sí el primero en el día que notó que Lourdes se había pintado el cabello.
Estuve a punto de renunciar a mis pies y quedarme de pie, esperando a que ella llegara y me ordenara, con su acostumbrado y exquisito silencio, que saliera corriendo.
Pero no me atreví ni siquiera.
Los músculos se me volvieron de metal, tan sólo alcancé a aspirar un poco del aire que salió de su boca cuando me dio un beso en la mejilla y dijo "hola".
En una mañana tan fría, aspirar el aliento de Lourdes es casi como comerse un bocado de nube.
Quizá hoy sí me atreva a acercarme un poco más.
Por lo pronto, ya hay dos horas muertas llenándose de moscas a los pies de Lourdes. No sé para qué me hace más falta el valor: para dejar morir más minutos o para acercarme a invitarle un café.



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

Lo Negro: Hasta que tu muerte nos separe




No suelo poner dos entradas el mismo día, pero creo que por su naturaleza estas lo ameritaban... Son extremo opuestas en sentimiento y color.

Noche negra, turbulenta e ingrata.
¿Cómo alguien puede hacer tanto daño?
Fácil.
Somos seres humanos.
El único animal que mata sin tener que comer.

Ayer por la noche en la Condesa.
Amigos, cervezas y cigarros. Botón de autodestrucción apretado hasta el fondo. Si tan bueno fuera con mi propia suerte como para ser Celestino, no pasaría por esta pesadilla.

Ya lo dijo Carmina Burana el domingo: "Maldita Rueda Fortuna: yo caigo y otro hombre es enaltecido".

Mierda.
El soundtrack del odio.
He escuchado esta canción hasta el hartazgo y no me canso. Migraña y gran parte de la banda: sé que les caga este grupo, pero hay veces en que la música puede decir mejor lo que sentimos... Nosotros callamos y la música habla.

¿Qué sería de los desesperados sin esos acordes del diablo que nos proveen una medicina para el alma?


Hasta Que Tu Muerte Nos Separe

Tan sólo quiero que mi voz
te desespere y robe la razón
y llorando que te abraces
a tus miedos, corazón.

Espero el día "muñequita linda"
en que tu herida sea tan fuerte
que bañándote en recuerdos,
sólo te bese el alcohol.

Y verás tu linda cara
frente al espejo demacrada
y el dolor será tu amor
masturbando tu mirada.

Tan sólo quiero verte llorar
he mandado a la muerte a buscar
tan sólo quiero oírte gritar
en el infierno te he de encontrar.

Tan sólo quiero que tu alma
no vuelva a ver la luz del sol
y que llores sangre y miedo
y que pagues, corazón.

Intentaré pisar tu orgullo
tantas veces como pueda
hasta que mi odio te parezca
aire para respirar.

Y verás tu linda cara
frente al espejo demacrada
y el dolor será tu amor
masturbando tu mirada.

Tan sólo quiero verte llorar
he mandado a la muerte a buscar
tan sólo quiero oírte gritar
en el infierno te he de encontrar.

Con este anillo te desposo
hasta que tu muerte nos separe
es tan fina la barrera
entre el odio y el amor.

Lamerás tu cuerpo desnudo
con ginebra en un portal
mendigando un poco de amor
las ratas te acariciarán.

Y verás tu linda cara
frente al espejo demacrada
y el dolor será tu amor
masturbando tu mirada.

Tan sólo quiero verte llorar
he mandado a la muerte a buscar
tan sólo quiero oírte gritar
en el infierno te he de encontrar.

Mägo de Oz



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

domingo, octubre 01, 2006

Rosario, Rómulo y La Gárgola




Separaciones.
Desde los elementos químicos y hasta entre seres humanos, las separaciones siempre son complicadas. La mayoría de ellas, dolorosas.
Comienza la cuenta regresiva para mi cumpleaños y usualmente utilizo este periodo para calibrar los últimos 365 días. Ja, no sé cómo calificar este año. En términos generales significó una separación importante: la mía de Maya, mi hija.
Por motivos que los más cercanos a mí ya conocen, se fue a vivir a Cancún. De ahí en adelante me he convertido en algo así como el 1800-PAPÁ.
Otra separación se dio de mi último trabajo, la revista In Touch, a éste, el periódico Récord.
Me ha costado mucho separarme de la escuela, por ejemplo, pero ya me prometí so pena de castigarme muy, pero muy fuerte, que este año me titulo.
Ahorita paso por un trago muy amargo a causa de una separación, lo peor de todo es que ni siquiera es mía, pero sí me toca pagar el pato.
Cosas de la vida.
Dijera Stephen King: M.M.D.D.
Resulta que incluso de un término como "separación" cada quien su propia definición.
Ni modo. Hasta eso nos separa.
El siguiente cuento lo escribí luego de una dolorosa y rotunda separación, hace como cuatro años.
Se publicó en Nuevas Creaturas del Abismo e iba dedicado con mucho cariño para la Shiva.
A medida que pasa el tiempo, cuesta desprenderse de nuestros primeros escritos. Casi todos los revisa uno y a la distancia no nos gustan tanto.
Con este no me sucede.
Me agrada bastante, creo que está bien logrado y además, lo escribí en el taller de Goliardos, de quienes aún me duele haberme separado. Por cierto, la antología donde se publicó este cuento está agotada. Ojalá H. Pascal decida reeditarla alguna vez.
Bueno, me voy, tengo boletos para Carmina Burana esta noche.
Espero verlos en mi cumpleaños y ojalá ese día nos hayamos separado todos... de las cosas negativas.
Ah: tres mensajes.
Amiga con Tiranosaurio: ¡Ánimo! Yo paso por las mismas que tú.
Rana: Nos vemos el jueves en Puebla de los Ángeles Caídos.
Garohe: Gabyta, querida. Que el quirófano no te atemorice. Cuando abras los ojos, Omar estará ahí y yo también.
ROSARIO, RÓMULO Y LA GÁRGOLA
Cuando estaba a punto de hundir la lengua en medio de las piernas de Rosario, la gárgola soltó una risotada que obligó a Rómulo a dar un salto hacia atrás.
Él odiaba esa forma de reír.
Sobretodo cuando la gárgola lo tomaba por sorpresa.
Y porque nadie más lograba escucharla.
Rómulo alzó la mirada y descubrió al monstruo. Su novia había echado la cabeza para atrás, presa de la excitación, y en medio de sus senos, reconoció los ojos incandescentes de la gárgola.
-¿Qué onda, mi amor? ¿No ves que estoy empapada? ¡Hazlo ya!– le urgió Rosario con la voz perezosa, denostando su abandono al placer.
Y las carcajadas iban en aumento, surcaban la habitación como pájaros desaforados.
La muchacha ni siquiera había alterado la posición que adoptó cuando Rómulo la tumbó sobre la cama del cuarto de hotel. La pareja, sin dejar de besarse, se había arrancado la ropa interior con las uñas.
Rosario hundió sus dedos en la cabeza de Rómulo, para invitarlo a que de una vez por todas comenzara a lamerle el sexo.
Él miraba hacia arriba, no a los ojos cerrados de Rosario, sino a las pupilas encendidas de la gárgola.
Al muchacho comenzaron a sudarle las manos, pero intentó controlarse. Era la primera vez que haría el amor y una gárgola no iba a arruinar el momento, poniéndose a flotar por encima de su novia.
Las carcajadas, como aves sonoras, se dejaban ir en picada hasta penetrar por su cerebro. Risas lacerantes y ensordecedoras.
Rómulo cerró los ojos, sacó de nuevo la lengua ensalivada e hizo contacto con los rosados labios vaginales de Rosario. Al mismo tiempo, ella dejó escapar un quejido ahogado.
-Qué rico, mi amor... –expresó ella, con sensualidad.
Su novio intentó saborear la sensación, permitir que la sangre irrigara su miembro con libertad. Ojalá la erección durara más que la última vez que intentaron hacer el amor. Si tan sólo su cuerpo fuera de piedra, Rómulo no tendría que preocuparse porque su potencia se viniera abajo, espantada por la gárgola.
Y las carcajadas se hicieron más fuertes, resonando en la cabeza de Rómulo como lo haría el aullido de una hiena. No pudo concentrarse. Comenzó a lamer sin sentido. Propinaba lengüetazos torpes e imprecisos e intentaba pensar en cosas que lo distrajeran de la risa de la gárgola. Apretó los ojos, sus dedos empezaron a encajarse con más fuerza en los muslos de la muchacha, los cuales sostenía para mantener separadas sus piernas.
Así continuó hasta que en el momento máximo de desesperación, mordió levemente a Rosario.
Ella se incorporó de golpe, llevándose la mano al pubis.
-¡Me lastimaste, imbécil!
La risa cesó.
Rómulo salió de su trance. Miró detenidamente los muslos blanquísimos de su novia; tenían moretones en donde él había colocado los dedos.
Rosario lo miró ahí, tan apenado, que pese al dolor se inundó de ternura. Se puso de pie con lentitud.
-Voy al baño, creo que no me hiciste tanto daño –dijo con una voz más flexible.
Rómulo quiso responderle algo, pero las palabras se agolparon como piedras en su garganta. La risa de la gárgola ya no se escuchaba.
Cuando se quedó solo, murmuró: “¿Nunca me vas a dejar en paz, maldita?”.
La gárgola estaba sentada sobre la cama que había abandonado Rosario. Una sonrisa torcida le decoraba el horripilante rostro. Sentada en cuclillas, con las alas desplegadas sobre las sábanas en que estuvo envuelta Rosario y la punta triangular de su lengua asomando por la barbilla, la bestia escrutaba el cuerpo del muchacho. Evidentemente él había crecido mucho.
-Tú me trajiste, Rómulo. Ahora te aguantas. Eres mío –su sonrisa se fue diluyendo.
Él sabía que la gárgola hablaba con la verdad, por absurdo que fuera el no recordar en qué momento la había traído.
-Pero esto no es normal –dijo Rómulo con un susurro, para que Rosario no lo fuera a oír.
La gárgola lo observó detenidamente, ahora con la mirada penetrante y juguetona que al muchacho tanto le divertía cuando era niño.
-¿En qué momento dejó de ser divertido, Rómulo? –preguntó con melancolía la gárgola y agitó sus manos de afiladas garras grises. Después se rascó la barbilla.
Rómulo le dio la espalda y se asomó a la ventana. Sin querer se vio a sí mismo en el reflejo. Tenía un cuerpo medianamente atractivo. Una sendero de vello lo dividía desde el ombligo hasta la altura del esternón. A su edad, la mayoría de sus amigos se habían acostado con un par de mujeres cuando menos. Él, con ninguna.
“¿En qué momento?”, la pregunta de la gárgola se convirtió en una mariposa de esas que se meten a las habitaciones y comienzan a volar desesperadamente buscando la luz de una bombilla.
Su madre le había contado que un día, cuando Rómulo tenía siete años y sus padres estaban por divorciarse, se levantó sin haber terminado su desayuno y le dijo: “mamá, por favor, no me molestes, tengo que hacer mi algo muy importante en mi habitación”.
La madre no le había prestado atención al hecho, bastante ocupada se mantenía riñendo con el papá de Rómulo.
Sin embargo, cada vez eran más frecuentes las ocasiones en que su hijo se encerraba en su recámara porque tenia “algo” importante que hacer:
Un día, mamá escuchó por detrás de la puerta.
Sólo se oían risas. Agudas y lacerantes.
Llamó y su hijo no tardó en abrir. De sus ojos brotaban lágrimas, mas estas no eran de tristeza puesto que aún se recuperaba de una agotadora sesión de carcajadas.
Rómulo comenzó a hablar solo con mayor continuidad. Lo hacía con una gárgola, eso decía cuando menos. Una gárgola de 400 años de edad que un día entró por su ventana. Poco después de la separación de su padre, la mamá de Rómulo lo llevó al psicólogo. Pronto cumpliría nueve años.
El especialista la tranquilizó. Con una sonrisa le explicó que todos los niños, más aún si son hijos únicos y de padres divorciados, generan amigos imaginarios en algún momento de su vida. Con mucho cariño y la pubertad, la gárgola volvería a habitar únicamente los juegos de video. Mamá no volvió a tocar el tema con Rómulo.
Las cosas sucedieron diferentes para el niño. Dejó de hablar sobre la gárgola con sus amigos cuando ellos dejaron de emocionarse con sus relatos y comenzaron a burlarse de su imaginación. Pero a escondidas, no dejó de jugar con la gárgola, porque era muy divertida. A Rómulo ni siquiera le llamaba la atención relacionarse con otros niños; junto a la gárgola tenía toda la compañía que necesitaba.
Durante horas, el monstruo le contaba historias fantásticas. Aunque en el fondo eran trágicas, pues hablaban de la destrucción de su mundo por parte de unos gigantes grises, la forma en que ella narraba las leyendas resultaba atrapante. En cierto modo, ambos se identificaban. La gárgola le dijo que un día tendría que ser adulta y luchar contra los gigantes. Rómulo también tendría que crecer y enfrentarse a los adultos.
Rómulo nunca recordó el momento preciso inventó a esa bestia, porque si de algo nunca tuvo duda, es que era un amigo imaginario, pero sí guardaba en su corazón los primeros años a su lado.
Sin embargo, un día, hasta el jugar con la gárgola perdió su novedad. Se hizo adolescente, como había dicho el psicólogo. Descubrió que existían las mujeres.
¿Cómo demonios le explicaría a Rosario porqué se distrajo mientras la seducía?
La gárgola le leyó el pensamiento.
-Hagamos un trato: ¿Porque no simplemente le hablas de mí? Si te cree y no se burla, te prometo que cuando menos hoy te dejaré en paz para que te acuestes con ella. De lo contrario, la abandonarás e iremos a casa para contarte un cuento.
-¡Ya no soy un niño!– gritó Rómulo, desesperado.
Volteó hacia la cama. La gárgola ya no estaba. Igual que lo hacía cuando Rómulo era pequeño y escuchaba con delirio aquellas historias, ella se había esfumado.
Al mismo tiempo que Rómulo hablaba con la gárgola, dentro del baño Rosario se subió sobre el lavabo con la intención de examinarse la vulva en el espejo. Suspiró mientras se separaba los labios con los dedos. Rómulo apenas la había rozado con un diente, ni era para tanto y ella lo sabía. Además, Rosario se sentía responsable porque comenzó a moverse con desesperación mientras él la lamía, para no escuchar las desatinadas carcajadas de la gárgola.
Se sentó en el excusado aunque no deseaba orinar. “Vaya chingadera”, pensó. Justo en el momento en que le darían su primera demostración de sexo oral, la pinche gárgola se tenía que carcajear de la nada.
Era inútil orinar, así que se puso de pie.
Se miró en el espejo. Era bonita y a los ojos de sus amigas podía resultar extraño que aún fuera virgen. Pero es que las oportunidades que había tenido, siempre eran arruinadas por la gárgola.
“Y todavía le dije imbécil, pobrecito Rómulo”, reflexionó mientras se bajaba del lavabo.
Junto a ella estaba la gárgola.
Le habló muy quedito, para que Rómulo no la escuchara en el exterior.
-Vete, por favor. Es importante...
-No, mi pequeña Rosario ¿quieres escuchar mis historias en este momento? Puede ser la última vez que te las cuente.
Ella se llevó las manos a los oídos.
-En serio. Tienes que dejarme.
La gárgola la miró con los ojos negros, inexpresivos. Cuando era niña, a Rosario le gustaban esos ojos iguales a un par de higos. Podía mirarlos durante horas y en ellos se proyectaban escenas de las batallas contra los gigantes grises en donde millones de gárgolas habían muerto.
Rosario estaba segura, a sus 17 años, que si tenía semejante amigo imaginario se debía a su papá, que ya no distinguía entre la realidad y su poesía. Nunca vio a la gárgola pero le creía a su hija sobre su existencia y hasta le ofrecía explicaciones conmovedoras.
“Los amigos imaginarios existen, hija, en algún lugar del universo. Tú no los inventas, ellos simplemente te escogen, vienen a ti y te cuentan su historia. Un día te haces adulto y se van”.
Pero la gárgola no se iba, a pesar que a Rosario le habían crecido el vello del pubis y los senos.
-Por favor– le urgió el monstruo en con susurro –después de hablar contigo me iré combatir contra los gigantes. Te he dicho que en los últimos años ellos han revirado la guerra y posiblemente, acaben con el ejército de gárgolas. Moriré y no te molestaré más. Pero tú difundirás las historias que te he contado desde niña.
Hacer el amor era la forma de volverse adulta y terminar con esa fantasía que estaba dominando a Rosario. Pero después de todo, bastante le debía a ese monstruo. Le ayudó a superar la muerte de su madre y la extraña forma de vida de su papá junto a Diego, después de enviudar.
Ya sé –dijo en un tono de voz más alto a la bestia– hagamos algo. Le diré a Rómulo sobre ti y si se porta comprensivo, quizá te pueda ver y hasta quiera escuchar tu última historia sobre los gigantes grises.
La gárgola ya no estaba ahí.

Al salir del baño, Rosario advirtió que Rómulo no se había puesto los pantalones. La aguardaba tumbado sobre la cama y su pene era un pellejo muerto descansando sobre el muslo derecho.
Rómulo clavó la mirada en los pezones de Rosario. Ya no se erguían, rosados y apetitosos. Fue como si las senos en su conjunto se hubieran achicado.
Ella se acercó, lo besó y se acostó a su lado.
-Linda, si ya no quieres hacerlo, lo comprenderé, porque fui un estúpido al morder... –Rómulo se acobardó, decidió en el último momento que no le diría nada acerca de la gárgola para que Rosario no se burlara de él.
Su novia sí quiso decirlo, en verdad estuvo muy cerca. Pero del torbellino de palabras que se revolvían en su garganta, sólo pudo vomitar ocho:
-Quizá no sea el lugar adecuado para hacerlo.
Al momento siguiente, ya no estaban ahí.
-Yerath, es hora de partir.
La gárgola más pequeña permanecía de frente al desfiladero rocoso, con una lágrima gris en la mejilla.
-Lo sé –dijo secamente.
El otro le puso una garra sobre la cabeza.
-Eres tan pequeño, hermano. La guerra será un trago demasiado amargo para ti.
El otro se dio la vuelta y le mostró los colmillos a la gárgola más vieja.
-Ya no. No más ‘mi hermano, el pequeño’. Acabo de deshacerme de las criaturas imaginarias que me acompañaron desde mi niñez y estoy listo para morir a manos de un gigante gris. Soy adulto.
El otro abrió los ojos son denotada sorpresa.
-¿En serio? ¿Los amigos que tanto te hacían reír cuando eras una cría?
-Sí –repuso Yerath– esos mismos. Los que me acarrearon tus burlas descansan en la misma tumba que mi imaginación.
Ambas gárgolas echaron a volar en medio de dolorosos aullidos rumbo a la hoguera inexorable que prometía ser la batalla. Se perdieron en el ocaso como dos cometas peludas.
NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE