
Con afecto para César Anaya, el dire
Tuve una columna durante poco más de dos años; se llamaba Tokada y Fuga y se publicaba mensualmente en la desaparecida revista Rock Stage. Luego mutó en otra columna denominada Rockcrusis. En ambas gozaba de total libertad para escribir cuando me viniera en gana. A veces compartía cuentos basados en canciones (como los de Saliva y Telaraña), en especial recuerdo uno dedicado a los cyborgs de Megadeth y otro más, publicado ya en Tormenta Negra, que se inspiró en Elvis Presley.
En otros momentos, me dedicaba exclusivamente a vertir reflexiones que tuvieran que ver indirectamente con la música.
En mi humilde trayectoria como periodista, debo confesar que los géneros opinativos nunca han sido el terreno donde más a gusto me sienta. Siempre he preferido la entrevista, el reportaje y la crónica por encima de las columnas, los ensayos y los artículos de fondo.
Pero a Tokada y Fuga le estoy muy agradecido pues me ayudó a exorcisar diversos fantasmas personales, además de divertirme de lo lindo pitorreándome de aquello que siempre me ha dado más risa por su naturaleza absurda: el ser humano.
Por si fuera poco, la columna me permitió conocer a muchas personas especiales que al día son buenos amigos y amigas (Claudia, Zaryí (¿Dónde andas, duendecilla perversa del msn? ¡Comunícate!), La Bruja de Jalisco, Malehoney, La Nueva Comuna, Tarelo, Blackdeath, Estreya, et al... y otras, algo más y algo menos.
Es así que decido revivir aquella antigua columna a través de La Tormenta Negra.
Ojalá la disfruten.
Tokada y Fuga I: Dios es el Diablo
Hace un par de días venía circulando en el metro. Un singular me personaje me arrancó de la lectura del Tapiz del Vampiro, de Susy McKee Charnas. Se trataba de una anciana enfundada en un impremeable azul y con el cabello recogido en un chongo.
Su puso a gritar de su ronco pecho una serie de blasfemias contra el Diablo.
Así es. Si Belcebú en lo más mínimo se hubiera considerado un ente divino, aquella mujer se hubiera ido al Cielo sin remedio, contraexcomulgada por el Señor de las Tinieblas.
Sin pedir dinero de por medio, la mujer comenzó a regañarnos a cada uno de los pasajeros por no vivir nuestras vidas de acuerdo con las leyes de Dios. De entrada, acusó a todos aquellos que tenían varias novias (nunca dijo si de una en una o todas al mismo tiempo) por tener relaciones sexuales con distintas parejas, cuando lo deseable sería "que eso (o sea el sexo) nos lo reserváramos para la esposa que Dios nos mandó".
Más adelante se soltó despotricando contra la píldora del dia siguiente, los condones, los antros y todo aquello que de alguna u otra manera alborotara la hormona humana.
El colmo fue cuando llamó a los homosexuales y las lesbianas "gente del infierno".
La verdad no acabé de escuchar su discurso cuando me tuve que bajar del gusano naranja. No es que su retahíla oscurantista y ultra derechista me sonrojara (la verdad se me hizo bastante divertido conocer a aquel ejemplar de inquisidor medieval traído a pleno siglo XXI), pero es que había llegado a mi destino.
Sin embargo, lo que escuché me dejó pensando y con más pasión me acogí de nuevo a una frase de Woody Allen que he adoptado como propia: "No soy ateo, pero Dios me reconoce como un activo integrante de la oposición".
La cosa es que comentarios como el de la señora del metro se hacen también en las altas esferas. Apenas hace unas semanas, el nefasto Papa Benedicto XVI (toda una ironía, claro, que un sujeto tan siniestro lleve ese nombre) despotricó de lo lindo contra el mundo musulmán, reflejando la intolerancia y oscuridad que ha caracterizado a la Iglesia Católica desde su existencia. No por nada aquella mujer, alienada en su pensamiento por una religión extremista (y no me refiero al Islam) calificó a gays y lesbianas como "gente del infierno".
Es esa misma mentalidad recortada la que luchó, en su momento, contra Marilyn Manson, convocando a un rezo multitudinario para que se prohibiera el concierto de Brian Warner en Monterrey.
¿Si Dios existe, me pregunto, pondrá atención en un espectáculo? Muchos pensaron que sí. Los mismos que sabotearon una presentación de Mayhem en Polonia, según recuerdo escribió el Chico Migraña en su propio blog.
En su oportunidad y en este mismo espacio, cuando aún se publicaba Rock Stage, abordé el tema en una columna que se tituló Prohibido Prohibir.
Sería ocioso repetirlo.
Pero quería hacer hincapié en este asunto del metro y de Benedicto porque me pongo a pensar: ¿Que es el Islam una religión extremista y violenta?
¿Y de quién carajos fue idea la Santa Inquisición? Esa sí fue una idea sanguinaria, absolutista e intoletante.
Dicen que los aztecas celebraban sacrificios humanos... muchos más ha practicado la Iglesia que los dominó, no sólo a través de sus inquisidores, sus curas pederastas, su ofensiva riqueza, su hipocresía, sino además apoyando siempre a regímenes imperialistas que asfixian a los más pobres.
No en vano hay papeles verdes que dicen: God Bless America.
Cuando leí La Divina Comedia, me quedó claro que yo me quiero ir al Infierno. Ahí se encuentran los reaccionarios, los cerebros libres y los intelectos interesantes. Me da hueva el Cielo.
Pero sin duda, Dios es el mejor cliente del Diablo. El Diablo es tan absurdo como Dios mismo cuando es llevado a sus extremos más vergonzosos.
La página en internet de la Iglesia de Satán lo dice: "Christians didn’t invent Satan. There is always a Satan, an adversary, in every culture. There is always the figure who represents the Dark Side, the unexplored realms, the prideful beast who defies the norm. God, on the other hand, generally represents conventionality, predictability, the safety of normality, the comfort of the larger group and the rewards of staying within the bounds of propriety”.
Satán es el mejor cliente de la Iglesia, porque la idea de la Iglesia lo ha mantenido vivo.
A ella le conviene que exista un diablo a quien la gente tema y a cambio de cuya salvación pueda tener dominada.
Le conviene que haya señoras en el metro gritando que los gays son gente del infierno y quienes nos vestimos de negro somos gente perdida del rabaño de Cristo.
Es por esa ironía que firmo "Santás mediante" y por la que estoy convencido, sin temor a equivocarme, que con los líderes religiosos que nos ha tocado tratar, Dios es el Diablo.
Respeto a quienes practican sus religiones en favor de sí mismos, de su propio beneficio espiritual, sin meterse con los demás y sin querer cambiar al mundo. Respeto a los católicos, musulmanes, etcétera, que son tan sabios como para entender que su religión les provee un buen infinito y por ello deben gozarlo sin meterse con los demás.
Cristo lo dijo: "Dejad que los niños se acerquen a mí". Nunca dijo: "Traíganme a la fuerza a todo el mundo y a quien no me reconozca, ¡mátenlo!".
Yo por lo menos, admiro muchas citas de la Biblia, me parecen llenas de sabiduría.
"Ama a tu prójimo como a ti mismo".
Ese es el principio de la vida.
Y prójimo lo es por igual cristiano, católico, ateo, satánico o musulmán.
Creo que no hablé demasiado de música, pero al fin el tema tenía que ver.
Metal, gótico, punk (y sus consabidas tribus urbanas) y todo los géneros musicales han sido víctimas de la intolerancia, muchas veces motivada por el extremismo ideológico de alguna religión.
Desde Elvis Presley hasta Mayhem.
Que cada quien sea como desea, sin afectar a los demás.
Que el mundo se convierta en un gigantesco vagón del metro, donde convivan punks, abuelitas, góticos, abogados, niños y sacerdotes INTELIGENTES de cualquier culto.
NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE