jueves, julio 09, 2009

La última página


Sentía el chorro de agua en las manos como una navaja helada que amenazaba con cortarle los dedos. Nico estaba muy triste, pero sobre todo, lastimado. Le dolía lavarse la cara. Tenía muchos moretones. Pero aún así se echó agua helada en los párpados y se los restregó con la toalla.

Era inútil, no se trababa de un sueño.

Dejó caer la toalla y comenzó a examinarse el rostro en el espejo. Una cortada le atravesaba el labio inferior y el pómulo izquierdo hinchado. Pero con todo, se había ido casi limpio. Rayo Espino no pudo hacerle demasiado daño antes de que Nico lo enviara a la lona, inconsciente.

Retrocedió para mirarse el pecho en el espejo. En la superficie plana, se reflejó su abdomen perfectamente marcado: meses de entrenamiento habían rendido sus frutos. Arriba, los poderosos pectorales. Sólo algunos rasguños semejaban un arado sobre ellos. Pero esos ya no habían sido obra de Rayito.

Anoche, Nico se sentía el rey del mundo. Pero esta mañana, en la cama sólo amaneció un reducto de hombre. Lo mismo que fue su vida antes de ganar ese campeonato por nocaut.

Volvió a examinarse. Se veía entero. No había razón por la que debiera morir, pero no podía apartarse de la idea.

-Tengo frío, corazón. Ven conmigo.

Nico salió del baño. Arrastraba los pies descalzos hasta el sitio de donde provenía esa voz perezosa y sensual.

No le preguntó su nombre a la mujer. Cuando él bajó del cuadrilátero sostenía el cinturón dorado y ella ya estaba ahí. Lucía un entallado vestido azul rey. Ella le hizo la plática y él la invitó a la fiesta que habría después de la pelea. Era la primera fan tan buena que se le acercaba.

Durante el coctel, todos querían estrechar la diestra que había fulminado al Rayito Espino, campeón invicto durante cinco años de los pesos mosca. Nico saboreó su victoria porque representaba algo completamente nuevo para él. Acostumbrado a perder de manera sistemática, ahora le ofrecían grabar comerciales para una marca de desodorante, le obsequiaban toallas con sus iniciales bordadas en una orilla y la pelirroja en el vestido azul le susurraba al oído que quería dormir con él.

Nico hizo a un lado la sábana y se acostó.

-¡En la madre! ¿No te lastimé? –dijo ella al percatarse del rasguño en el pecho del boxeador –me puse loquísima, campeón.

Después le pasó la lengua por el ombligo.

-Pero tú me noqueaste.

Nico observó las tetas de su compañera. Eran grandes y hermosas. Se resistían a mantenerse ocultos; ayer se desbordaban del escote de su vestido y en este momento, de la sábana.

-Me madrean más en los entrenamientos –dijo él.

La muchacha levantó la mirada y devolvió la lengua a la boca.

-¿Sigues preocupado, pelón?

Por irónico que resultara, Nico era un tipo pacifista. Nunca golpeaba a nadie debajo del cuadrilátero, aunque la pregunta de la mujer merecía que le partiera la boca.

-¿Cómo te sentirías tú si no existieras, chingá? –intervino él, molesto.

La mujer recargó la cabeza en el abdomen del hombre.

-Sí existes, mi vida.

El cuerpo de la muchacha estaba tibio. Nico se moría de ganas de abrazarla, aunque se sintiera enojado y confundido.

-Pero existo porque tú dices que existo.

La mujer suspiró.

-A ver, cabrón, me llamo. Me llamo Iris, ¿oki?

Entonces sí le dijo su nombre en algún momento.

-Eres muy guapo –volvió a hablar ella, ante el silencio de él –eres muy machote, je. Ya no me late eso de que Patricia te haya puesto el cuerno con tu entrenador. A buena hora lo pienso.

Nico se enderezó, molesto, en la cama,

-¿Quién te contó lo de Pati?

Sin perder la compostura, Iris le respondió: “ya te dije que a mí no me cuentan nada”.

Eso era lo que más lo perturbaba. La mujer había llegado a su vida la noche anterior pero parecía conocer cada detalle de Nico. Quizá se tratara de una fanática obsesiva, pero ¿quién podría seguir con tanto esfuerzo a un perdedor nato?

Mientras hacían el amor, Iris le dijo:

-Lástima que sólo te quede un día de vida.

Vaya loca. En ese momento, Nico estaba más preocupado por terminar que por cualquier otra cosa. Ni siquiera le dio importancia al comentario.

Sin embargo, después ella empezó a soltar una serie de disparates: “eres muy lindo, pero muy bruto. Tal vez hubiera sido mejor que llegaras al tercero de secundaria en vez del quinto de primaria. Es más, si tus papás hubieran muerto cuando tú tenías 10 años en vez de cinco, se justificaría mejor que te gustara el boxeo, porque tu padre te habría llevado a la arena. Tampoco me gustó que pasaras la Navidad en la cárcel, acusado de algo que no hiciste. Me cae que eso fue un rapto de estupidez de mi parte”.

¿Qué chingados decía esta mujer?, se preguntaba Nico.

Pero lo peor fue cuando le preguntó cómo es que ella sabía tanto acerca de su vida. Aquella historia sí que no tenía pies ni cabeza. Pero dudaba que una parte de ella fuera cierta. Había cosas que Iris no hubiera podido averiguar si no era metiéndose en la cabeza del peleador.

Nico se relajó y volvió a acostarse a un lado de Iris.

-¿Eres Dios o La Muerte?

La muchacha se sonrió.

-¿Podemos hacerlo otra vez antes de morir?

Iris soltó una carcajada.

-Hombre al fin, sí, pero quiero que entiendas una cosa.

Nico se acomodó para besarla en los labios, después fue bajando hasta su cuello.

-Soy escritora.

Él, sin dejar de besarla, replicó:

-Eso explica qué historias tan mafufas te inventas.

Iris cerró los ojos. Le fascinaba sentir la barba a medio crecer de Nico lastimando su piel.

-La mejor de todas ha sido la de un boxeador fracasado que perdió a sus padres en un accidente de automóvil. Y está tan salado, que lo meten a la cárcel una noche antes de su pelea decisiva.

Nico se enderezó nuevamente.

-Eso no tiene gracia, no mames.

Patricia lo besó con ternura en la frente.

-Esta bien, te voy a contar otro cuento.

Nico la miró extrañado, pero empezó a acariciarla otra vez.

-Una mujer de 80 años no tiene hijos ni esposo. Durante años se ha enriquecido a costa de un personaje ficticio a quien ha tratado, en sus libros, con la punta del pie.

En aquella habitación de hotel sólo se escuchaba la respiración de dos personas.

-¿Y qué hizo la vieja? –preguntó Nico.

-Se enamoró del único hombre al que realmente conoció en toda su vida.

Por la ventana comenzaban a entrar los rayos del sol.

-Y por primera vez lo hizo ganar.

Iris se tomó un minuto antes de continuar.

-Es lo justo por ser el último libro de la serie. Y la anciana tampoco se quedó con ganas de conocer al tipo.

Nico no dejó de besarla en el cuello. Ahora también le acariciaba las nalgas.

-Y mañana me voy a morir.

Patricia estaba muy excitada.

-No lo sé, a lo mejor sólo despiertas y será nuevamente hoy. Nunca dije que morirías, sólo que ésta es la última página.

-Estás loca.

-Está bien, cojamos otra vez.

En la madrugada, Nico se puso de pie y se metió al baño. Quería sentarse en el excusado y cuando lo hizo su pensamiento viajó hasta el baño de su casa, donde tenía un libro que nunca terminaba de leer.

Abrió los ojos. Ese día no moriría, pero tenía certeza de que le faltaba poco. Pero al incorporarse de la cama, se extrañó de sentirse tan fuerte. Su cuerpo respondía a la primera.

Se dirigió al baño y se observó en el espejo. La imagen que le devolvió la sonrisa no era el de una vieja, sino el de una muchacha muy bella.

Tampoco se sentía sofocada y de sus dedos se había escapado la artritis.

Se le humedecieron los ojos.

Tocaron a la puerta de su casa y corrió a abrirla.

Ahí estaba él, como lo sospechó.

-¿Qué has hecho? –dijo ella antes de abrazarlo.

Él respondió:

-Terminé el libro que había empezado hace muchos años. Y empecé a escribir una novela sobre un boxeador retirado que se enamora de una joven escritora.

En ese momento, un pájaro negro cayó en medio de los dos envuelto en llamas y la banqueta se abrió para tragárselo. Iris se carcajeó.

-No tienes muy buena sintaxis... hubieras terminado la primaria, insisto.



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martes, junio 30, 2009

Estrógenos en el aire: Mystica+Cadaveria


Jane, la Mystica Mayor

(Fotos del Gallo Ibérico)


-¿Quieren subir ya o se esperan diez minutos?

Jane tiene una cerveza en las manos, pero no le da ni un trago. Su sonrisa es ausente. Alice va y viene, golpeándose suavemente los muslos con las baquetas, para calentar. Cinthya no separa los dedos del mástil de Rosa María, su Jackson en forma de flecha. Está sudando, más pálida de lo normal, y callada. Se concentra. Sofia se ríe, pero tampoco está tranquila. Quiere ir al baño. Su estómago siempre resiente los últimos instantes antes de subir al escenario.

-Arthur, quiero ir al baño, ¿me da tiempo?

-Diez minutos más –le digo a Jonathan, el Stage Manager del Circo Volador.

Alice, Sofía y yo nos echamos a correr por el pasillo que conecta el escenario dispuesto en el lobby del ex Cine Francisco Villa con el escenario principal, rumbo a los camerinos. Una vez en el que nos dieron para Mystica y donde hace unas horas habíamos devorado sándwiches y refrescos, Sofía se enclaustra en el sanitario.

Alice me dice:

-Arthur, estoy muy nerviosa, pero no quiero dejar de sentir estos nervios nunca.

Entonces la abrazo y le cuento que en su carta suicida, Kurt Cobain mencionaba que una de las razones por las que se metió un tiro en la mandíbula fue porque ya no sentía emoción alguna cuando esperaba, tras bambalinas, a que iniciara un concierto. Los gritos de la gente no le inspiraban nada y al no sentirse sincero, prefirió acabar con su vida. Así de cruel puede ser darse cuenta que ya no está enamorado de la música.

-¡Sofía! ¡Yo también quiero entrar! –grita Alice.

*****


La Gata en medio de la niebla


-Si les chiflan, ustedes toquen más fuerte –les aconseja Jonathan, el Stage Manager, con total franqueza.

Pero todos sabemos que nadie bajará a Mystica, aunque tampoco esperamos que les fuera a ir tan bien. Al fin y al cabo, el grueso de los asistentes al concierto de Cadaveria no las conoce.

Entonces por fin transcurren los diez minutos y las Mysticas se trepan al escenario. Sus rostros son los de víctimas enviadas a un sacrificio, sin sospechar que serán ellas las sacerdotisas que oficien el ritual de esta luna.

El público se las quiere comer con los ojos, aunque serán ellas quienes lo ultrajen por los oídos con sus bestiales acordes de alto octanaje. Y al final no habrá quien no agradezca la deliciosa madriza auditiva.

Pero antes, todos gritan.

Primero son los “mamacita” acostumbrados, después el silencio que pesa mucho más que mil elefantes blancos y al final el sonido de la máquina de hielo seco que sume a Cinthya en una neblina gótica tan densa como su gótica personalidad escénica.

Jane tiene la encomienda de iniciar con la afrenta. Empuña el mástil del bajo y da inicio al arpegio inaugural de Diluvio. Después la Gata da tres zarpazos certeros de guitarra y finalmente Alice echa andar la máquina letal de sus piernas para machacar el doble bombo.

Al final de la rola, se escucha un tímido aplauso que Rodrigo –el novio de Sofía– y yo, celebramos complacidos ya ubicados entre la audiencia, que debe rondar las 400 personas, más o menos.

-Ahora sí, ya puedo respirar –dice él, cerveza en mano.

El aplauso muta en gritos, los gritos en saltos y los saltos en caballazos a medida que las Mysticas van agotando su repertorio: Cuánto quieres, Rabia, Mi sangre a tus pies y Tortura. Sus poses sensuales recortan la niebla del hielo seco, sus manos se mueven veloces por la selva de trastes y sus cabellos multicolores se agitan como flamas encendidas al amparo de las luces estroboscópicas.

Sofía poco a poco deja salir el diablo que debe habitarla desde el día en que nació. Se desliza con la sensualidad de una diosa, pero siempre con las armas por delante, listas para disparar a quemarropa. Enfrenta al público con decisión, lo anima y lo amedrenta con su lengua de serpiente. Después juega con Cinthya, permite que los requintos tomaran el papel protagónico.

Y pese a nuestras recomendaciones, vuelve a escupirle a la gente.

No hay forma humana de meter a Santania en un redil.

Ésta vez el receptor del bálsamo salivoso del éxtasis metalero es el Chico Migraña, a quien hasta le gusta ser duchado por la boca de Sofía.

Mientras las Mysticas hacen lo propio, mi querida Lady P se embellece en los baños porque una vez concluido el performance de Cadaveria nos iremos al Viva Glam. Ya no alcancé a verla cuando sale, como toda una flor venenosa de la noche, porque se avecina la última rola de Mystica y debo estar a un costado del escenario para conducirlas al camerino.

*****

Cadaveria en acción


“¿Sí me escuché?”. Ésta es la pregunta más recurrente que me hace cada una de ellas cuando se bajan del escenario.

La Gata está preocupada porque no pudo oírse en los requintos, mientras que a Jane le incomoda que desde arriba la voz de Sofía parecía muy alta. Ésta última es menos clavada y casi siempre baja repuesta del chorrillo y muerta de risa. Alice es poco expresiva, pero se muestra contenta.

Luego de unos minutos de relax en el camerino, que ya nos habían resurtido de agua y papitas, resolvemos salir para ver el performance de los italianos de Cadaveria, a quienes apenas habíamos visto de lejitos durante su prueba de sonido.

Lady P ya está ahí, esperándome, tan bella con su falda negra, sus botas enormes y su cabello color violeta. Cadaveria, que a decir verdad es horrible en persona aunque con la magia quirúrgica de photoshop luce espectacular en los posters, había ya descargado algunas rolas como 100000 faces y Blood and confussion.

La banda se entrega por completo aunque poca gente había respondido a su llamado. Cadaveria se ha enfundado en un traje de cuero negro que Sofía cataloga como costalito, porque la italiana “no lo llena”. Así es Sofi.

En lo personal me gusta bastante el show de la banda. Prenden, se entregan y aunque tampoco hacen nada fuera de lo normal, la energía que destella el quinteto es patente. Y tratándose del vestíbulo del Circo, aquello de plano bulle en emociones.

“No le salen tan chidos los guturales”, dice Cinthya.

“Si yo tocara en una banda, cantaría como Cadaveria”, expresa Lady P.

De sólo imaginarme aquellos labios color púrpura, como el manto de Cristo, hablándome al oído con voz de ultratumba, mi cuerpo entero experimenta un ataque de exquisita debilidad.

Entre lo más incendiario que ofrece la banda estelar estuvo su versión de Call me, de Blondie (pasado claro, por el colador del averno); el súper clásico Spell y claro, Before the apes came, una de mis favoritas.

Hay demasiados estrógenos en el aire y sólo se entiende que la de hoy sea una noche que huele a mujer. Mystica para abrir boca, Cadaveria con todo su aplomo y los labios de Lady P invitándome a explorar esta noche que apenas comienza.

En diez minutos nos vamos al Viva Glam y ahora sé que ese tiempo puede durar toda una eternidad cuando estás nervioso.



Sofi, el diablo

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martes, junio 23, 2009

Dalí



Garrapateado a miles de metros de altura para Lady P.

El último de sus novios la mandó al diablo y fue así como Carolina lo conoció. Era tan bella que, de inmediato, Lucifer la invitó a salir y puso en práctica sus dotes de seductor. Sin embargo, estaba fuera de forma.

Nunca antes había tenido una novia.

Pero Satanás se esforzó bastante. Todos los días se lustraba los cuernos y cuando supo que a Carolina le gustaban los cuadros de Dalí, el diablo sacó al pintor del infierno para que le pintara uno exclusivamente a ella. Con Belcebú enamorado, hasta Dios pudo darse un respiro.

La mujer no era capaz de olvidar a su ex novio y le costaba trabajo pensar en iniciar una nueva relación. Pese ello, una noche bebió más de la cuenta y terminó por irse a la cama con el diablo. En vano buscaba ella las alas de arcángel de su ex novio entre las sábanas, pues únicamente encontró los cuernos lustrados de Satanás y una larga cola terminada en punta. Al día siguiente se sintió tan vacía que se encerró en el baño a llorar.

El maestro Dalí, mientras tanto, trabajaba a toda prisa para terminar el encargo de Belcebú. A sus pinceles poco les faltaba para salirles fuego. Satán tuvo terminado el cuadro el día en que planeaba pedir la mano de su amada. Ella no pudo rehusarse, pues sintió una infinita compasión por el diablo. De sobra ella sabía lo frustrante que resultaba que a uno lo mandaran al diablo.

Y si su prometido era el demonio en persona, ¿adónde lo enviaría?

Durante la noche de bodas, mientras el demonio le hacía el amor, Carolina no podía quitar los ojos del cuadro colgado en la pared que Dalí pintó antes de ser devuelto al infierno.

Era un hermoso arcángel con las alas desplegadas.

Londres, junio 2009




NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

viernes, junio 19, 2009

Crónicas londinenses: Donington, mamá y Mariskal

Dos horas de tren desde la célebre estación londinense de St. Pancras y llego a Derby, la parada que me ha de conducir al Donington Park, sede del Download Festival en Inglaterra.

Cuando tenía 13 años, viví en Acapulco con mis padres y mi hermana. No había mucho qué hacer en el puerto, en ese entonces, para un adolescente. Una de mis diversiones favoritas consistía en acompañar a mi madre al súper, específicamente a la Comercial Mexicana ubicada a un costado de la Glorieta de la Diana Cazadora, a la entrada a la carretera por la que se llega a Punta Diamante.

Era la única tienda en todo Acapulco donde se podían encontrar las ediciones españolas de las revistas Metal Hammer, Kerrang, RIP! y Heavy Rock, esta última dirigida por el sensacional Mariskal Romero, mi Tom Wolfe personal del periodismo rockero.

A mis 13, pasaba tardes enteras embebido en la lectura de las revistas mientras mi madre escogía papas y papayas, leía las entrevistas con los grupos que después reventaban las bocinas de mi estéreo y alucinaba con las crónicas de sus conciertos. También conocía nuevas bandas e investigaba acerca de ellas en días en lo que no existía Internet. Así estaba al tanto de las idas y venidas de Metallica, Pantera, Iron Maiden, Megadeth, Nirvana y Judas Priest, por mencionar algunas. Fue durante ese tiempo y en alguna de esas idas al súper cuando decidí lo que quería hacer con mi vida.

Mi mamá siempre me compraba una revista. Entonces al llegar a casa, dejaba que mis ojos se perdieran en las imágenes. Ocasionalmente recortaba alguna de las imágenes para decorar mis cuadernos de la secundaria. Mis pupilas seguían los contornos de la guitarra de Janick Gers o los trazos de los tatuajes de Anselmo mientras mis oídos se tragaban algún disco como Fear of the dark o Cowboys from Hell.

Mamá jamás me pidió que le bajara al volumen.

En lo particular, llamaban mi atención los reportajes del festival de Donington; la sola idea de admirar en un mismo escenario, durante tres días, a tantas bandas de metal en días en los que México apenas albergaba un concierto cada dos meses, me obligaba a echar a volar mi imaginación hasta Inglaterra. En las fotografías observaba muchachos con las caras descompuestas en gestos de furia, mohicas punketas teñidas de rosa, mujeres con los senos al aire barnizados en sudor, tipos cubiertos de lodo y tiendas de campaña con estandartes de AC/DC. Si Dios había instaurado su reino en la tierra tenía que ser en Donington.

Todavía conservo en mi habitación un poster, obsequiado en las páginas centrales de Heavy Rock, con el cartel de una edición noventera de Monsters of Rock en la que estuvieron presentes Slayer y Aerosmith.

Mi mamá ha muerto.

Yo he cumplido 30 años, los que tenía Mariskal Romero cuando me hacía alucinar con sus crónicas.

Después de dos horas de tren, se anuncia que hemos llegado a Derby. Soy enviado de una revista. La multitud de muchachos en el tren se alborota. Cogen sus maletas y tiendas de campaña y les arden los pies por salir al aire libre, por destruirse los tímpanos con ese canto de demonios angelicales que es el heavy metal. Las imágenes de aquellas revistas que se llenan de moho en mis cajones han cobrado vida.

Estoy en Donington.



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

jueves, junio 18, 2009

No Matter How Far... Iron Maiden's gonna get you

En Europa pasan cosas tan raras.



Janick Gers




Rob Smallwood (manager de Iron Maiden)




Nicko McBrian


James "Munky" Shaffer (Korn)

Jussy (The 69 Eyes)



Muy pronto la crónica: La semana que fui Rockstar, desde Donnigton, Londres y Sheffield.

NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

miércoles, mayo 27, 2009

Fotos en plena Batalla (boletos gratis)

Acaban de llegar...
Mystica en el Circo Volador



Y en la guitarra: Gata!!!!



Sofía haciendo arte con su violín...


Sexy Jane en el bajo...



¿Quién quiere RedBull?


Solo, solo...



Las probabilidades de estar en la final y con ello, de tocar en Wacken, son altas...

Keep Mystic Alive!!!


Último minuto: La revista donde trabajo está regalando boletos para la final, sólo entren aquí
y gánense uno



NoS LEEmos, SatANaS MEDiAnTE

lunes, mayo 25, 2009

Así viví la Batalla



Por desgracia las fotos oficiales me las entregan hasta mañana, así que pongo unas de archivo de Mystica. Por favor, vayan a la final. Las bandas se lo merecen. Que el metal nacional no vuelva a quejarse del malinchismo. De verdad hay propuestas que vale la pena escuchar.

Sábado 23, 15:30 hrs.
Dijo Napoléon: "La actitud ociosa de un ejército es su más seguro camino hacia la derrota."
Por eso los músicos ensayan y ensayan hasta que se les caen los dedos.
Sofía se soltó del estómago. La Gata no paraba de temblar. Jane se jalaba de los cabellos recién teñidos de rojo para la ocasión. Alice se miraba una y otra vez al espejo, indecisa entre utilizar el pantalón a rayas o las chaparreras de cuero estilo Manowar que sus papás le mandaron hacer para este día.
Yo era un manojo de nervios.
De acuerdo con nuestro amigo Chaps, baterista de Noldor, quienes habían concursado en el primer día de eliminatorias de La Batalla de las Bandas convocada por el Chico Migraña para llevar al primer combo metalero mexicano a Wacken, había mucho de qué preocuparse.
-Allá arriba no se escucha nada, así esténse a las vivas porque se pueden perder. Nosotros nos perdimos en una rola y aunque la pudimos salvar, la neta los monitores valen madre.
Cuando has convivido tanto con músicos, sabes que les aterra no escucharse.
A eso había sumarle una queja que varios de los grupos habían hecho patente: no había colegas suyos en el jurado. A excepción del bajista de Next, los demás eran periodistas y gente de sellos discográficos.
-Esto está mal –decía Jane –porque yo puedo estar haciendo una figura bien compleja en el bajo, pero alguien que no es música no se va a dar cuenta.
Sobra decir que además mi amiga le tiene una aversión casi patológica al cuarto poder. Y es que en las entrevistas que le han hecho a Mystica, siempre se publican datos erróneos, nombres cambiados o fechas inexactas. Ahí sí, debo concederle razón: muchos de mis colegas hacen gala de su pereza mental para corroborar lo que escriben.
Estábamos en el interior del Circo Volador, debajo de la primera grada de butacas, que fue adaptado como camerino.
Migraña iba y venía, entre contento y enfadado. Obvio, como organizador de la Batalla, tanto las loas como las quejas caían sobre él. Y aunque es un tipo excepcionalmente noble, no le dicen Migraña precisamente por su buen humor. Aunque con Mystica se dobla, las quiere mucho.
No puedo olvidar su cara cuando Alice le preguntó, con esa vocecita que es capaz de doblar hasta las piernas más resistentes:
-Oye Migraña, ¿no hay un espejo?
A mi amigo se le salió un: “híjole, nunca imaginé que necesitaríamos un espejo en una batalla de bandas metaleras”.
Claro, Las Mystica son mujeres y además, uno de los puntos a calificar sería precisamente la imagen del grupo.
Para romper la tensión, la Gata se puso a echarle carrilla a Sofía. Cantaba la letra de Tortura como si se tratara de una rola vernácula y hasta decía, con todo bravío a lo Lola La Grande: “Tú, que eres aliada de Lucifer, chiquitita, princesa, tienes el poder...”. tal como Sofía lo había plasmado en su letra.
Las cuatro Mysticas consumían Redbulls de una manera infame, producto de un patrocinio obtenido por César, amigo de Alice, para que la marca les proveyera bebidas y les enviara un fotógrafo (bastante mamila por cierto) que las retrataría promoviendo las letas de Taurina en el escenario.
-Bueno, me voy porque ya va a tocar la primera banda –dijo Migraña.
Jane se levantó como resorte de su silla y se salió del camerino para escucharlo. Yo fui detrás de ella.
The Abstract es un quinteto poderoso de death metal. Sonaban potente, aunque con las deficiencias de audio propias del lobby Circo Volador. El cantante, gigantesco y con larguísimas rastas, se movía bien aunque el resto de sus compañeros empezaron un poco tiesos.
Después fue turno de Fire Steel, a cuyo cantante, Ryan, conocí por messenger cuando se acercó para hacerme una propuesta de tocada en conjunto con Mystica. Sonaron bien, aunque no le echaron muchas ganas a su desempeño sobre las tablas y su cover a Paranoid –porque fue requisito hacer un cover, por exigencia del jurado– no se salió de los cánones impuestos por la misma canción. Pese a que es un clásico de Sabbath, es tan simple que resulta difícil impresionar con ella, aunque al mismo tiempo de la lista de posibles covers que se le sugirió a los presentes, resultaba la que mejor le quedaba al metal-hardrockero-medio-old-school de Fire Steel.
Ya después me enteré que tuvieron broncas con el bajo y eso les bajó la moral.





Sábado 23, 16:30 hrs.
Sofia se había acostado en unas sillas en posición vampírica y como Nosferatu, se levantó cuando faltaban tres rolas para el final de Fire Steel. La Gata dejó de temblar y se colgó la guitarra como el soldado que apresta su carabina. Le di a Jane lo que hemos denominado como “mi sombrero de manager” para que completara su indumentaria y Alice se quitó los pantalones a rayas y se decidió por las chaparreras.
Subieron al escenario y empezaron a conectarse.
Sofia ya era el monstruo que suele ser. Se paseaba inquieta por el escenario, presumía su colmillos y mojaba a la gente con una botella de agua. Al fin las luces se oscurecieron, el escenario se llenó de humo y comenzó el solo de bajo que da pie a Diluvio. El Circo Volador se unió en un grito.
El papá de Alice se me acercó para sugerirme que me dirigiera a la consola para pedir que subieran el volumen de la guitarra de Cynthia, que empezó un poco bajo. Yo sentí que el doble bombo de Alice no alcanzaba a distinguirse bien, pero en términos generales la canción salió bastante bien. El jurado, impasible e inexpresivo. No lograba adivinar sus pensamientos. Eran como cinco sujetos hechos de piedra sentados de frente al escenario. Paco Zamudio, de la estación virtual Rock Conexión, cruzado de brazos. El Mikel, que dirigió un sello metalero, mordía su lápiz. H. Pascal, quien ni metalero es pero fue impuesto por el Circo, le daba tragos a su cerveza. El Blass, de Next, observaba atento. El inge Tibu, ex jefe de prensa de Scarecrow Records, así como bajista y cantante de Damn Shark, clavaba los ojos en lo que sucedía sobre las tablas.
Detrás de la Mapex de doble bombo que se consiguió para el concurso, Alice casi ni se alcanazaba a ver, aunque hacía sentir la contundencia de sus golpes. Cynthya movía la cabeza con desesperación y su cabeza multicolor parecía una un rehilete de fuego rosado y blanco. Jane se iba de vez en cuando para atrás, y su figura espigada y curvilínea le cortaba la respiración a los hombres. Hubo quien se dedicó exclusivamente a grabarla con su celular. Entre el público estaban muchos conocidos como Toranoshi, blogger y autonombrado Presidente del Club de Fans de Mystica Girls; la incodicional blogger de Híbrido Descabellado, Lezthatica, y varios integrantes del club de fans Scream For Mexico de Iron Maiden que una noche antes nos acompañaron en Yuppies; Rodrigo, novio de Sofía y cantante de Koimetirion, quienes harían lo propio el domingo; Chaps, baterista de Noldor y Selene, la tecladista de Baco, el grupo donde toca el Borrego, el novio de la Gata.
También recibí mensajes de texto en apoyo de otros allegados al Mystic-Crüe, como Gonzo, del periódico Esto.
Mi sangre a tus pies y Tortura se escucharon demoledoras. El tapping de Jane sonó clarito y los requintos de la Gata arrancaron gritos de admiración. La sección rítmica se apreció perfectamente ensamblada y dispuesta a que, de vez en vez, los dedos de Cynthia pudieran lucirse a plenitud. Sofía iba de aquí para allá y cuando agarraba el violín proveía atmósferas oscuras y tétricas que también fueron celebrados por el público. Como ya es tradición, hubo quien le pidió que lo mojara, por lo que la cantante, ni tarda ni perezosa, les vació varias botellas de agua y hasta les escupió una fuente de líquido natural mezclado con saliva guerrera (en la mejor tradición de Duff McKagan, el otrora bajista de Guns n’ Rises, hoy de Velvet Revolver), que fue recibido por los fanáticos Mysticosos como un bálsamo bendito. Aquí se suscitó una desgracia de la que no nos enteraríamos hasta el día siguiente. Entre los escupidos hubo uno que no recibió el baño con buenos ojos: la mamá de la Gata. Pero esa, es otra historia.
Luego de un set que incluyó Rabia, Cuánto quieras y concluyó con Cowboys From Hell, de Pantera, las chicas se adelantaron al frente del escenario para recibir su ovación. Independientemente del jurado, al público se lo echaron en el bolsillo y quedó patente lo que Migraña ha definido como Girl Power.
Después de Mystica, le tocó el turno a Zamak, otra banda de las denominadas “monstruo”; Bicaa’lu y finalmente, y directo de Puerto Vallarta, a Emarebil Nocturna, quienes de verdad me sorprendieron. Fueron los único, a mi parecer, que le invirtieron tiempo a su imagen. Aunque se trataba de personajes playeros su música y apariencia distaba bastante del cliché del trópico. Instalados en la onda Cradle Of Filth, lucían como auténticos y delgados vampiros. El cantante poseía buena presencia y una voz gutural muy al estilo de los agudos chillidos de Dani Filth. La mala onda fue que estaba tan emocionado que el tecladista que en la primera rola rompió un cable de su instrumento y fueron necesarios casi 17 minitos de ajustes para que la banda continuara tocando y terminara su set. Eso, sin duda, les restó puntos. Sería el equivalente a una fractura en plenos Juegos Olímpicos.

Domingo 24, 15:00 hrs.
La metalera es una pequeña familia de vasos comunicantes. En ocasiones importantes como éstas, siempre te encuentras a la misma gente. Llegamos Jane y yo al Circo con la desvelada y la cruda a cuestas. Ella se fue por su lado a celebrar la buena actuación de Mystica y yo acompañé a la Gata y al Borrego, junto con la familia de este último, a la tradicional tocada de los sábados por la noche de Baco, en el Blue Factor de la Zona Rosa. Me dio gusto ver de pie a Selene, detrás de su teclado, bailando de lo más emotiva en Mr. Crowley.
Por la mañana de ese día, en el Circo. La chica se había sentido un poco mal.
En este domingo era turno de Koimetiron de competir por su pase a Wacken. Además tocaba Mazzat, a quienes conozco por los tiempos en que mi amiga Meg Blake cantaba en Preludio y debido a una fiesta que se armó en casa de Mario, el guitarrista de aquella banda a la que le he perdido la pista. También tenía curiosidad por escuchar a Wrecker, el grupo de thrash donde participa el novio de Byanka, otra buena amiga de tiempos pasados a quien me encontré en el concierto de Maiden y que resultó ser conocida de Oz, el encargado del Blue Factor.
Una vez más Migraña subió al escenario a dar la bienvenida:
-Se los he dicho los últimos tres días, pero es a neta, esto es histórico y todos ustedes son parte de la historia –expresó micrófono en mano, mientras se conectaba Serpenta, banda chilanga de power, para arrancar la sesión –nunca antes una banda mexicana ha ido a Wacken y ésta será la primera.
Cuando lo escucho hablar así, regresa a mi memoria el episodio aquel, muchos meses atrás, en el que Migraña dijo, en medio de una borrachera de cantina: “cuando yo sea viejo, quiero decirle a mis nietos ‘yo llevé a la primera banda mexicana a Wacken”.
Así, la segunda jornada de esta épica batalla de guitarrazos comenzó con Serpenta. Musicalmente me parecieron decentes: buenas guitarras, un bajo que cumplía con su deber y un vocalista afinado que, no obstante, cuando no estaba cantando parecía que el cuerpo le estorbaba y mejor se iba a un lado del escenario. Sin embargo, se lució con Painkiller, de Judas.
Luego fue turno de Mazzat. A ellos, que son amigos y ex banda del Borrego, los fueron a apoyar la Gata y su novio. Además Sofía estaba como grupi de Rodrigo y en soporte a Koimetiron, por lo que a excepción de Alice, nuevamente nos encontramos todo el Mystic-Crüe.
Mazzat demostró lo bien que le caído su nueva alineación. Dueños del escenario, excelente ejecutantes de un power metal con ligeros tintes góticos y una voz femenina al frente, convocaron bastantes fans. Me gustó en especial un tema propio que presentaron como Ecos y su versión impecable y hermosa de Eagle Fly Free, de Helloween.
-A mí se me hace que estos pueden ganar –dijo Jane.
Estoy de acuerdo, cuando menos es un hecho que quedarán entre los primeros tres lugares de la Batalla.
Así le llegó el turno a Koimetiron, de los cuales Sofía no perdió detalle con su cámara de video. Es increíble como de violenta e incontenible cantante sobre el escenario, se vuelve la más dulce y linda de las fans cuando es su novio quien está tocando. Rodrigo y su banda tienen ya una década tocando y se nota, tanto por su seguridad en las tablas como por la diversión que les genera hacerlo. Sus temas propios, inscritos en los terrenos del power, a excepción del segundo que tocaron y que canta el otro guitarrista muy en la onda Coda, son veloces, complejos y bastante melódicos. Sé que hay uno que se llama Wolfskin, que Rodrigo escribió y grabó hace una década, cuando tenía 18, es decir, la edad del Borrego. Koimetirion hizo un gran papel. Me pongo de pie, como lo he hecho en otras ocasiones, con su versión de Victim of Fate, de Helloween. El duelo de requintos del final, entre Rodrigo y su compañero, es toda una batalla de velocidad en que la luz misma parece quedarse atrás. Una hermosura sonora.
Al resto de las bandas no las pude apreciar porque me moví del Circo, pero como dijo Rodrigo, en el escenario: “vaya quien vaya, rífense”.
Eso es lo que había en el Circo este fin de semana: desvelos por ensayar en vez de dormir, espaldas lastimadas de cargar equipo para ensayar, estómagos con hambre poque es mejor ensayar que desayunar, ilusiones de algún día comer de tanto tocar y para eso hay que ensayar, cabezas ocupadas en de dónde rayos sacaré para el viaje a Alemania si es que gano pero mientras voy a ensayar, regañadas porque reprobé el examen por estar ensayando, mi novia me cortó porque ya la harté con mis ensayos y sobre todo, la necesidad imperiosa de salir del Circo para seguir ensayando.
Que valga la pena la diarrea de unos, la temblorina de otros, la sobredosis de taurina de lso patrocinados por RedBull y claro está, la tortícolis con la que sale uno de un concierto de bandas de metal.
¡Nos vamos el domingo en la final!






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