lunes, mayo 28, 2012

La generación Molotov


Si hubiera que ponerle un nombre tendría que ser Los Emputados. No como los Indignados, de España, porque en México privan mucho más la rabia y el enojo entre sus habitantes que el descontento. Así lo resume Tito Fuentes, guitarrista de Molotov, en la entrevista que Olallo Rubio le hace a la banda para el documental Gimme the power: “Empiezas a analizar y te empiezas a emputar; vas creciendo y te vas emputando”.
Por eso, mientras en la pantalla instalada en el Auditorio Blackberry aparecían las imágenes de la matanza estudiantil perpetrada en 1968 Gustavo Díaz Ordaz (quien después aparece en pantalla declarando con todo cinismo: “Cada quien acaba con las cucarachas a su modo), el Halconazo de 1971 firmado por Luis Echeverría y la brutal prohibición a cualquier reunión juvenil que trajo como consecuencia el Festival de Avándaro en septiembre de ese mismo año, los presentes participaban activamente: rechiflaban, aplaudían, se reían, abucheaban y a Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Felipe Calderón (que en alguna escena aparece estrechando calurosamente la mano de Enrique Peña Nieto) les gritaban, sin más, los títulos de las canciones de Molotov: ¡Chinga tu madre, puto!
Eso no parecía una proyección de cine sino un concierto de rock. El documental no es bajo ninguna perspectiva un promocional de más de dos horas acerca de una banda, se trata de una curiosa reflexión de tipo social acerca del surgimiento de un grupo de rock que representó con sus canciones, acciones y hasta silencios, el encabronamiento sistemático que inundaba a una juventud que creció en los 90 y que en las últimas semanas parece haber revivido.  Escenas de conciertos sí las hay, pero pocas y puestas únicamente para justificar las palabras dichas. Aparece Que no te haga bobo Jacobo para después dar pie a que Molotov y otros entrevistados, como el Warpig, Rulo, Xavier Velasco, Juan Villoro o Javier Solórzano, expliquen lo que Jacobo Zabludowsky representó para la sociedad mexicana: los medios rendidos ante el poder.  Lo mismo pasa con Gimme the power, la canción que bautiza a la película, que igualmente reflejó, desde su estreno, el sentimiento que inundaba a esos adolescentes de ayer que son los treinteañeros de hoy: “la policía te está extorsionando, pero ellos viven de lo que tú estás pagando”.
Olallo hilvana un relato ágil, por momentos cargado de ironía y en otros de indignación, en el que repasa sutilmente la historia de nuestro presidencialismo bajo una premisa: el dictador, en este caso el PRI, ha sido el mismo y sólo ha cambiado de rostro: desde Porfirio Díaz hasta Felipe Calderón.


Al mismo tiempo que tenía lugar la alfombra roja y proyección de Gimme the power, en la Estela de Luz se reunían miles de estudiantes mexicanos, emputados y mucho, para quejarse de lo mismo de lo que se quejaba en la pantalla el documental: de los gobiernos y los medios de comunicación. Gimme the power concluye algo que no es nuevo, pero que a mucha gente se le olvida: desde siempre la televisión ha decidido quién será el presidente de México y las elecciones por venir no presentan un panorama distinto. Los twitteros de #Yo Soy132, los estudiantes de la Ibero que increparon a Peña Nieto y  muchos quienes asistieron a la protesta del miércoles han sido estigmatizados de la misma forma que a Molotov se le criticó en los 90. Ni siquiera Olallo se salvó del mismo señalamiento: ¿Cómo es posible que unos niños ricos hablen de política y de inconformidad social cuando lo han tenido todo en la vida? Por una sencilla razón que el Warpig devela ante la cámara de Rubio: “porque los fresas también lloran”.

Esto queda mucho más claro cuando Randy, el baterista estadounidense comparte el origen de Frijolero. Escribió la rola después del primer viaje que realizó a su país en compañía de su esposa mexicana y la hija de ambos. A la niña la catearon e interrogaron como si se tratara de una reencarnación de Osama bin Laden. Randy, emputado hasta las cachas, les escribió una canción a sus compatriotas: “Te sacaré un susto por racista y culero, no me llames frijolero pinche gringo puñetero”.
De eso se trata Gimme the power. No es la historia de una banda de rock o el documento de cómo se ponen hasta la madre sus integrantes en un backstage (lo cual se aborda apenas de refilón y para sostener la tesis de que Molotov es una banda de gente “normal” que habla de lo que emputa a la gente “normal” que una vez fue joven, punk y que con el paso del tiempo engorda, tiene hijos y se desesperanza); es más bien un documental que habla de política y que toma a Molotov como ejemplo de lo que sucedió en la música, pero sucedía en otros aspectos sociales a mediados de los 90, el enojo. Fue ese sentimiento de coraje el que desató la revolución zapatista en Chiapas (en la que Marcos empuñó la palabra como arma de concientización) y fue el enojo lo que dio a luz a Molotov (que hizo de la mala palabra un arma efectiva de venta de discos, pero también de combate a la censura). Pudiera ser que esa generación no cambiara el mundo, pero cuando menos se desfogaba gritando las groserías y los reclamos que supuestamente no se debían gritar.
La generación Molotov acudió al estreno de la película, no cabe duda, porque ardía de coraje cuando le tocaban el vals adecuado y se soltaba gritando en el cine. Para la generación que vino después, la de este momento, el documental funciona como clase de historia, porque le explica perfectamente de dónde vienen los candidatos a la presidencia y sus partidos. Son todos, especialmente el PRI contra quien el director enfoca sus baterías, reencarnaciones de un mismo ejecutor.
La conclusión es interesante. La televisión decide nuestra vida y en la música ya no se puede confiar, porque las bandas de rock en la actualidad ya no incomodan ni pretenden incomodar. Sin embargo, parece que el cine es quien tomará la estafeta como instrumento de insurrección, particularmente el género documental. Lo fue Presunto culpable y Gimme the power algo logrará. No es extraño, si consideramos que la juventud actual nació visual y se inclina particularmente por todo aquello que encierre imágenes. Un video es poderoso, pesa más que mil palabra publicadas con saña en un diario. Por eso los estudiantes de la Ibero pelean sus batallas (y las ganan) en YouTube. Por eso el candidato llamado a preservar la extirpe priista pierde las propias en las redes sociales.
Los punks de la actualidad se visten no de estoperoles, sino de celuloide.

(Publicado originalmente en www.playboy.com.mx)
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martes, abril 10, 2012

La banda más peligrosa de la cuadra

 A partir de hoy, una nueva entrada los martes...




Cuando tenía 13 años, rompí una guitarra acústica. Mi primo Jorge –que era dos años menor –  y yo, estábamos obsesionados con Guns N’ Roses, que en aquel entonces habían lanzado los discos que servirían como símbolo y epíteto de tan legendaria agrupación: Use Your Illusion I y II. La banda había grabado el concierto que ofreció en Tokio como parte de la gira promocional y lanzado el material en un video doble VHS que el hijo de la hermana de mi madre, y yo, veíamos compulsivamente. Nos aprendimos de memoria cada uno de los apoteósicos momentos: desde el solo de guitarra de Slash interpretando el tema de El Padrino, la película de Francis Ford Coppola; el cover a Attitude, original de Misftis (que dicho sea de paso tocará en México el 15 de abril en el Auditorio Blackberry, del DF) cantado por el bajista Duff McKagan; el larguísimo solo de batería de Matt Sorum y, claro, el bailecito de izquierda a derecha que con un Axl Rose ataviado con falda escocesa acompañaba la melodía de Sweet Child O’ Mine mientras sostenía el atril del micrófono como si fuera una escoba.
Jorge aprendió a tocar la guitarra y yo dizque cantaba en la banda que habíamos formado con dos de sus amigos. A veces, él y yo nos encerrábamos en su cuarto para poner el video a todo el volumen que la televisión diera y, ataviados con pelucas y otros trapos, imitábamos a los Guns mientras afuera los adultos se paraban de pestañas para encontrar cómo pagar sus tarjetas de crédito.
En una de aquellas ocasiones, invitamos a Santi, el amanerado vecino español de mi primo, a que nos hiciera tercera en nuestra representación fonomímica para jugar el rol de bajista. El gachupín nos presumió que había estudiado un mes de electricidad en la secundaria y que ello le bastaba para construir un sistema de iluminación que brindaría una atmósfera mucho más realidad a nuestro gig. El sistema de iluminación no era otra cosa que tres focos de colores –financiados por nuestros domingos en la tlapalería de enfrente– empotrados en una tabla y unidos por un mismo cable al socket de cada uno. Incluso el español se dio el lujo de colocar un interruptor. Cuando lo conectamos sobrevino un chispazo y un bajón de corriente en la casa que por poco también le baja el azúcar a mi tía, pero al segundo contábamos con luces rojas, azules y amarillas que nos ayudaron a recrear una nuestra fantasía hardrockera.
Encendimos la videocasetera. Los tres comenzamos a pegar de brincos y gritos en la habitación de Jorge hasta que, no recuerdo si mientras Axl se desgañitaba con You could me mine o It’s so easy, salté gloriosamente desde un tapanco hasta el piso y me estrellé de cabeza con Santi, que a su vez derribó de costado a mi primo. Cuando nos levantamos, atarantados y adoloridos, descubrimos que la guitarra acústica con la que Jorge encarnaba a Slash exhibía un profundo boquete en el costado. Con una sonrisa nerviosa que deformaba su rostro, el hijo de mi tía nos confesó que aquel instrumento no era suyo, sino del vecino, que se lo había prestado a mi tía para que su vástago practicara su primer círculo de sol. Pero él, en la tradición de KISS y los Who, aprendió primero a destrozar guitarras que a tocarlas. Al final de eso se trata el rock.
Este sábado 14 de abril Guns N’ Roses será inducido al Salón de la Fama del Rock and Roll en Cleveland, Ohio. Transcurrieron 25 años desde la publicación de su primer disco, Apetite for Destruction y el consejo responsable de las inducciones decidió que la banda, además de otras como Red Hot Chili Peppers y Bestie Boys, dejaron su huella imborrable en la historia de la música como para merecer tal distinción. A los fanáticos de las Rosas y las Espadas la noticia nos vino alentadora, porque será la primera vez que la alineación original del grupo formado en 1985 en Los Ángeles se reúna desde que se separó a mediados de los noventa, en medio de un pleito digno de las problemáticas estrellas de rock que siempre fueron. Hace dos meses platiqué con James Henke*, Vicepresidente del Salón de la Fama, quien me aseguró que no hay nada escrito respecto a si los Guns pudieran tocar durante la ceremonia. Lo que es lo mismo: pue’ que sí, pue’ que no. Dicen que si el río suena es porque agua lleva. Y ojalá, porque eso abriría la puerta a una anhelada gira mundial.
Guns N’ Roses acumula en su historia sendas razones para pasar a la historia: los 110 millones de discos que ha vendido alrededor del mundo, el que Apetite for destruction sea uno de Los 500 mejores discos de todos los tiempos según la Rolling Stone, o que el grupo ocupa la posición 18 entre la lista de Las 50 bandas que debes ver antes de morir, de acuerdo con la pomposa lista de la Q Magazine.
Pero más allá de todo eso, siempre me llamó la atención que a Guns N’ Roses se le conociera con el sobrenombre de  “La banda más peligrosa sobre la tierra”. Y cómo no iba a serlo, además de por su sonido incendiario, por sus excesos con las drogas y el alcohol, los incidentes de violencia en sus conciertos, los conflictos de sus integrantes con la policía o la puntada de su cantante de grabarse mientras tenía sexo con una prostituta en el estudio para utilizar los gemidos en el tema Rocket queen; sino porque esa quíntupla de rapaces fueron capaces de inspirar a tres púberes como mi primo, Santi y yo, para estropear la instalación eléctrica de la casa de mi tía y romper la guitarra acústica del vecino. Aquel día, y la hermana de mi madre puede dar cuenta de ello: también nosotros fuimos la banda más peligrosa sobre la faz de la cuadra.
Bienvenidos sean este sábado, truhanes, al Olimpo del Rock.
*El artículo con la entrevista al Vicepresidente del Salón de la Fama se puede leer en Playboy México de abril.


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miércoles, noviembre 23, 2011

Pearl Jam: Estarán tocando nuestra canción


Resulta que cumplirás 22. Naciste en 1989, un año antes de que el vocalista originario de Washingtin Andrew Wood tuviera a bien saturarse las venas de heroína y decapitar a una banda tan prometedora como Mother Love Bone previo a que lanzara su primer disco, Apple. Seguramente apenas era capaz de tragar manzana convertida en puré cuando yo ya escondía mis primeras Playboy debajo del colchón.  
Tenías dos años cuando me rompía las rodillas de los jeans con las navajas de afeitar de mi padre. Otras veces se me rasgaban por el uso continuo sumado a mi negativa por echar los pantalones a la lavadora en intervalos menores a los 15 días. A ti te tocó comprarlos rotos de fábrica. Entre más agujeros, más ceros exhiben las etiquetas. Seguramente aprendías a caminar cuando la horda de escuincles que hace dos décadas cursábamos la secundaria nos reuníamos en casa del único compañero que tenía televisión por cable. Disfrutábamos de los primeros videos de Pearl Jam, la banda que el bajista Stone Gossard y el guitarrista Stone Gossard formaron tras la obligada disolución de MLB.


Todos fuimos Marcos
Te imagino mirando caricaturas noventeras –quizá los Animaniacs o los Tiny Toons– mientras te chupabas el dedo. Quizá, en ese mismo momento, alguien me pasó mi primer cigarro de mariguana en alguna reunión preparatoriana cuando celebrábamos la salida al mercado de Vs., el segundo disco de PJ que algún compañero se había comprado como cassette en los pasillos Periocoapa. Mi generación ya se mostraba descontenta con un mundo al que tú apenas abrías los ojos. Ambos los hacíamos, pero de diferente manera.
En 1994 sucedieron cosas importantes. El levantamiento zapatista llamó nuestra atención. Comenzábamos a cuestionarnos por qué el PRI acumulaba tantos años al frente del país y, sin lugar a dudas, nos sacudió el hecho de que Vitalogy, el que entonces fue nuevo disco de PJ, exhibiera un libro de anatomía como booklet. Una de sus canciones, Spin the black circle, hablaba de esa nostalgia hacia los acetatos de vinil, un material de antropología rockera que tú sólo conoces como objeto de colección. En esos momentos tú estabas a punto de entrar a la primaria y es probable que un sujeto como yo, que se preciaba de tener una melena que pocas veces a la semana saludaba al peine y que se ataba una camisa de franela a cuadros a la cintura cual si se tratara de un estandarte a media asta, le produjera miedo y la necesidad de abrazar la pierna de mami si nos encontrábamos por la calle.
Te tocó crecer ya no con una nana electrónica apersonada en una televisión, sino una cuidadora cibernética que ponía a tu alcance todos los rincones del mundo a un clic de distancia.

Estas son las mañanitas grunge
Vamos a ir al concierto de PJ en el Foro Sol. Tú quieres sumergirte en el gentío para asegurarte un espacio en la primera línea, pegada a la valla de protección. No encuentro cómo decirte que a mi edad prefiero ver a esos toros del rock desde la barrera, que son ya 20 años de seguirles la pista y emocionarme con No Code, de 1996; lo mismo que Riot Act, de 2002, o Backspacer, de 2009.
En dos ocasiones estuvieron en nuestro país. En 2003 apagué en mi pastel casi las mismas velas que tú el año pasado. Bebí suficiente cerveza como para que no me importara sacudirme como poseso en el Palacio de los Deportes. No te conocí entonces, pero es probable que al mismo tiempo estuvieras inmersa en los preparativos de tu fiesta de XV Años. En 2005, cuando Eddie, Stone, Mike, Jeff y Matt volvieron a México, tú ya eras fan. Había comenzado tu espera personal por esa experiencia que compartiremos: desgañitarnos mientras cantamos las mañanitas grunge en el cumpleaños número 20 de Pearl Jam. No en vano trascendieron generaciones, que tú y yo podemos reñir por muchas cosas, mi amor (que a veces me da sueño y quiero irme temprano de las fiestas o el que a tu madre no le parezca que yo sea 12 años mayor que tú), pero nunca discutimos por Pearl Jam.

 (Playboy, noviembre 2011)



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lunes, febrero 14, 2011

La batalla



El adversario está detrás de ella. Empuña un arma ansiosa y palpitante. La hunde hasta que desaparece en el cuerpo de la mujer. No una, sino muchas veces. Pero ella, lejos de pedir clemencia, suplica ser apuñalada un millón de veces. Quiere contener esa arma en su interior y así, robarle el aliento el hombre. Entonces él se desploma sobre el cuerpo de ella. Le besa la espalda sudorosa, le pide que nunca lo aparte de esa posición. El aire no les alcanza para gritarse los nombres cuando los cuerpos son sacudidos violentamente por un espasmo de muerte shakesperiana. Ella se aferra a la almohada, su rostro se descompone en una mueca de dolor y placer. Él siente que su vientre se hincha, exige ser liberado y borrar del mapa todos los refugios del mundo.
No queda nadie vivo sobre la cama.   


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martes, enero 18, 2011

ENTREVISTA CON THE 69 EYES



Entrevista con Jyrky 69
“Hasta Lady Gaga es una mujer vampiro”

Por Arthur Alan Gore
Dos horas antes del concierto que ofrecería en el Lunario, con un apabullante sold out como antecedente, Jyrky, vocalista de The 69 Eyes, se presentó en el Hard Rock Cafe para encontrarse con un grupo de fans. Con toda humildad, el espigado finlandés se paseó por el restaurante. Aunque no se tratara del cantante más popular, su aspecto llamó la atención de quienes en ese momento se entregaban al devore de hamburguesas y cervezas. Serían cerca de las 5 de la tarde de un domingo.
La fotógrafa y yo le pedimos a Jyrky que se colocara junto a un muro para tomarle un par de fotografías. “Pero no aquí, con los Beatles”, respondió él, señalando la pared cubierta de memorabilia del cuarteto de Liverpool. “Mejor allá, con los Rolling Stones, son mucho más afines a mí”.
Después, con un séquito de chicas esperando para comérselo a besos y llevarse un autógrafo y la imagen de recuerdo congelada en sus celulares, Jyrky nos concedió una breve entrevista.
“Han pasado 5 años desde la última vez que estuve en México. El tiempo vuela, no cabe duda, siento como si hubiera sido ayer. Hace 5 años el uso de Internet no había crecido tanto, así que las redes sociales nos han ayudado a generar una base de fans mucho más grande y sólida en México”.

¿Cómo te explicas que un país tropical como el nuestro tenga un lazo tan fuerte con Finlandia? Hay chicos formados afuera de tu concierto desde muy temprano.
Creo que nosotros tenemos lo que ustedes no y viceversa. Ustedes tienen una comida exquisita y bebidas tan deliciosas como el tequila. Nosotros tenemos esa melancolía que quizá les llame la atención a ustedes, no lo sé, la forma de comunicar esa tristeza en nuestras canciones. Ustedes son muy felices, los envidio, quizá por eso les llama la atención la música finlandesa.

The 69 Eyes lanzó el primer sencillo de Back in Blood a través de la página americana de Playboy. ¿Porqué el sexo está tan presente en sus canciones?
Somos una banda de vieja escuela. Los grupos de ahorita no se preocupan por tener groupies. Nosotros sí. Mientras las bandas más jóvenes sólo quieren realizar sus sueños musicales, a 69 Eyes le gusta inspirarse con las chicas. Todo se resume en sexo, sangre y rock and roll.

¿Y las drogas?
Yo no las necesito, estoy muy viejo para eso. Hubo un tiempo en que me interesó drogarme, pero ahora lo veo como un asunto de adolescentes. Yo ya estoy viejo. Ahora que si consideras el tequila o el Jack Daniels como drogas, sí estoy dentro. Cualquier otra cosa, paso.

¿Son una banda que destroce cuartos de hotel?
Estuvimos de fiesta durante 20 años por todo el mundo. Ahora somos mucho más maduros. Romper cuartos de hotel paso de moda, eso también es para chicos. Lo que nos interesa es estar en contacto con los fans, nos gusta mucho compartir tiempo con ellos. Son nuestra familia. Estamos conectados emocionalmente con ellos. En vez de organizar fiestas privadas, referimos sorprenderlos yendo a los mismos bares, poniéndonos a su nivel, porque los respetamos. (Y sí, cada vez más chicas se reúnen a nuestro alrededor para tomarle fotos a Jyrky mientras lo entrevistamos)

A partir del estreno de Crepúsculo en cine, además del previo lanzamiento de los libros experimentamos una nueva euforia por el tema de los vampiros. ¿Continúas siendo un apasionado del tema?
Fueron mi inspiración en el pasado pero ahora ya no, aunque el título del disco tiene una clara referencia vampírica. Es chistoso como se han convertido en algo tan popular. Ahora hasta Lady Gaga es vista como una mujer vampiro. Me siguen gustando los comics y las películas de vampiros, pero también los Ramones. Soy una mezcla de muchas cosas.



Publicada en Revista Gótica 48, ya en puestos.


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viernes, enero 14, 2011

Las chicas sólo quieren performear



Para Vodoo Girl, Marina Ruiz, Frida con Todo Mi Odio y Kurokety.


Hace tiempo que el rock and roll dejó de ocupar ese sitio de culto junto al sexo y las drogas. El rock ya no ladra, mucho menos muerde. Si en algún momento el rock fue marginado, maldecido y estigmatizado, aquello es parte del pasado. Los rockeros, en consecuencia, tampoco dan miedo. Muchos de ellos dejaron de lado las posiciones incendiarias, las declaraciones escandalosas y la facha de malandrines. La mayoría se volvió políticamente correcto (¡Su rock es votar!), trabajan como jurados de concursos y se viste como modelos metrosexual de Versace con lonjita
¿Adónde se mudó el underground? No, lo subterráneo continúa en el mismo lugar de donde nunca salió: la coladera.
Ese trono de latón, lodoso, húmedo, sórdido y hediondo que una vez ocupó el rock, fue tomado por quienes lo encontraron desierto luego de que la música se mudara a la superficie de la tierra para lucir sus anillos de oro en los círculos de la nobleza. Su Nueva Majestad de la Inmundicia lleva por nombre Performance y lo practican, con honra, muchas mujeres. Si el rock era un asunto mucho más acaparado por los hombres, las chicas rudas sólo quieren porfermear.
México cuenta con una sólida escena de performance que se parece mucho a lo que solía ser el rock en su nacimiento. Sus protagonistas trabajan por amor al arte y no al dinero, los performances se realizan bajo la premisa del do it by yourself, en cualquier cueva que sirva de escenario y sin compromisos comerciales que atenten contra su libertad de contenidos.
Frida Con Todo Mi Odio es una de ellas. Con menos de 25 años de vida pero no un gramo de pudor en el cuerpo, ha protagonizado acciones que escandalizarían a la Iglesia mucho más que cualquier canción de black metal. En La Virgen de la Lujuria se metió una cruz por el culo (después de vestirse de monja dominatrix) y en otra ocasión, se paseó desnuda por el Tianguis Cultural del Chopo mientras la gente le tomaba fotos con su celular.
Su debut tuvo lugar en la fiesta de un amigo en la que, incluso y como buena estrella, hasta salió con groupies.
“Terminando el performance se me acercó mucha gente a decirle que les había abierto los ojos con mi trabajo, entre ellos un tipo con el que me puse a platicar y terminé viviendo dos años con él”, recuerda.
Estudia arte en el INBA, pero Frida sostiene que la experiencia es quien le enseña a realizar performance, que a final de cuentas es eso: acción.
“El otro día platiqué con un tipo que había tomado no sé cuántos cursos, pero que en su puta vida había hecho un performance. ¿Dónde están tus ideas? ¿Tus sueños bizarros?, lo cuestioné”.
A menudo suelo acudir a encuentros de performance. Una de las amazonas performeras que más me han encantado es Kurokety, a quien  la observé orinarse encima del escenario y masturbase con un dildo gigantesco al que había colocado al final de un crucifijo. Ese mismo día, Kuro y el resto de sus provocadoras compañeras del taller de La Congelada de Uva (célebre sacerdotisa mexicana del performance), Gabrielle Civil, Amada, Jere y Mera, que ese día celebraban su “graduación”, se embarraron de vísceras animales por el cuerpo, le hicieron sexo oral a penes de plástico, se ataron las unas y las otras y casi todas se encueraron. Aquello me pareció tan incendiario como cuando una pareja de activistas ecológicos (los fundadores de Fuck For Forest) tuvieron sexo en el escenario a la mitad de un concierto de The Cumshots, en Noruega (¡Cielos, eso también fue un performance!) en 2004.
Al mismo tiempo que las bandas de rock firman contratos millonarios con empresas de papitas, las performanceras viven el desenfreno y sacuden al establishment no con guitarras cinceladas en diamante y canciones de amor que se descargan en el celular, sino con lo que encuentran a la mano: viejos cassettes VHS, fluidos varios, sangre, basura y hasta poesía.
Marina Ruiz es una mujer hermosa, diminuta y delgada. Sin embargo, su cuerpo ha representado su mejor herramienta a la hora de hacer performance. Ella misma se asume una encueratriz de oficio, aunque también es escritora y sazona sus acciones con poesía. Sus formas exquisitas tocan el alma mucho mejor que una canción de rock que a estas alturas ya apesta a contrato discográfico. Digamos que se parece al rock culto que hacía Pink Floyd.
“La desnudez es la fragilidad absoluta, pero esa misma desnudez impone una fuerza tan grande que se hace una especie de dialéctica en la que fragilidad y fuerza provocan el movimiento que necesito para ser, para expresarme, para dar-provocar, para invocar aquello que pretendo que acontezca y que vive muchas veces en la regiones de lo no verbal y lo no racional”, explica.
El rock and roll ya viste de Prada. Le da asco en ensuciarse las manos. El underground le pertenece al performance y si son mujeres, más.
 
  


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martes, enero 04, 2011

Serpientes hippies




Serpientes
se enredan
en ramas
de cielo
                        de tu costilla
                        de hippie
                       nací
                        y tus ojos
                        que matan
                        el cielo
congelan
mis dientes
regálame
un féretro
el último
baile en el cielo.
                        Murciélago
                        exangüe
                        que bates
                        tus alas
                        delante
                        de mí,
                        mi Cielo.
Ninfa nívea
me arrancas
el aire
el temple
y después,
despides
tu aroma
al cielo.
                        De hada
                        odalisca
                        sagrada princesa
                        y veneno
                        bebí de la copa
                        del cielo.
                                                                              Deseo
          sagrada
vagina
           probar
tu licor
            de serpientes
De Buda
             y Maohma.
de India
             Me caigo
      del cielo.

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